VOCES
17/08/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 17/08/2018 8:56 AM CDT

Las redes sociales son un desastre tóxico. Y las compañías deberían de arreglarlo

Lucas Jackson / Reuters
Alex Jones de Infowars en un evento pro-Trump el 18 de julio de 2016.

Facebook, YouTube, Spotify, Google y Apple tomaron acciones concretas la pasada semana para quitar el contenido del teórico conspirativo Alex Jones de sus plataformas, y un renovado sentido de urgencia ha encendido el debate respecto a la libertad de expresión y la ética responsable en línea. ¿Las plataformas tecnológicas son capaces de balancear estos valores que compiten entre sí? ¿Y cuál es la manera ideal de regular el lado oscuro de la red y refrenar a los monopolios tecnológicos sin perder la habilidad de hablar libremente?

En una larga publicación, Facebook explicó que quitó el material de Jones de su sitio "por glorificar la violencia, lo que viola nuestra política de violencia gráfica, y por usar lenguaje deshumanizante para describir a las personas transgénero, musulmanes e inmigrantes, lo que viola nuestras políticas de discurso de odio".

Cuando YouTube borró su canal, explicaron que su cuenta había sido terminada por "violar el Reglamento Comunitario de YouTube". Los términos de servicio del sitio prohíben el discurso de odio y el acoso. Spotify también señaló que el "contenido de odio" era la razón para quitar a Jones, sin especificar que episodios habían violado el reglamento.

Sin embargo Jack Dorsey, director ejecutivo de Twitter, decidió no imitarlos, asegurando que Jones no había "violado sus reglas", y prefirió guiarse por sus principios en lugar de por la presión social.

Dijo que su compañía quiere promover "un ambiente sano para la conversación".

Los críticos de Jones (y de Dorsey por su falta de voluntad para censurarlo) se preguntan qué hay de "sano" en un hombre que durante años ha promovido mentiras maliciosas entre los crédulos.

Ha llegado el momento de establecer marcos éticos y legales que puedan redefinir y tomar en consideración la realidad de internet actualmente.

Jones puede estar en Twitter proclamando exageradamente que "todos somos Alex Jones", pero la verdad es que no lo somos, y para muchos la verdadera pregunta aquí no es si deben de quitarlo de las plataformas, sino por qué tardaron tanto en hacerlo. Y cómo podemos asegurarnos de que se tomen acciones similares de forma responsable y transparente, evitando ambivalencias y subjetividades. En otras palabras, cuando se trata de vetar a Jones y similares, enfoquémonos menos en el por qué y más en el cómo.

Considerando nuestra dependencia del internet y su capacidad sin límites para hacer daño, ha llegado el momento de establecer marcos éticos y legales que puedan redefinir y tomar en consideración la realidad de internet actualmente.

Dejemos una cosa clara: soy un gran defensor de la libertad de expresión y creo que la única cura para el mal discurso es el mejor discurso. Las malas ideas deben debatirse, denunciarse y eventualmente desecharse en público, sin la necesidad de censores innecesarios que conviertan a los peores en mártires de la libertad de expresión. ¿Pero eso también incluye la libertad de incitar la violencia? ¿De dónde sacamos la idea de que la libertad de expresión es absoluta?

Asegurar que las compañías tecnológicas ya están censurando y quitando material ofensivo a sugerencia de los hipersensibles y los guerreros sociales, es faltar a la verdad. De hecho, ocurre todo lo contrario. Sobra material ofensivo y potencialmente dañino que puede encontrarse en línea. Desde entonces muchas plataformas se han asumido como el vertedero de todas las vilezas imaginables.

Mientras tanto, muchos que tienes cosas constructivas para ofrecer han abandonado Twitter porque el sitio se ha vuelto demasiado tóxico, y Facebook e Instagram misteriosamente continúan permitiendo misoginia desenfrenada, acoso cibernético y grupos de odio, pero censurando todos los pezones de mujeres.

Se requiere demasiado abuso (como en el caso de Alex Jones, con demandas importantes y casi toda la opinión pública en contra) para que se tome acción. No es un terreno resbaladizo, sino una superficie plana y pegajosa continuamente beneficiando a la libertad de expresión sobre las vidas humanas.

Debemos de cuestionar seriamente el estatus quo que permite a las compañías tecnológicas no hacerse responsables de sus contenidos.

Cuando se detecten campañas de acoso y difamación diseminándose por internet y que pueden incitar a personas inestables a aterrorizar y lastimar a otros, las compañías necesitan desarrollarherramientas mejores y más precisas para detenerlas y eliminar su toxicidad. Deben aprender a lidiar con los infractores de un modo que no le permita a sus seguidores implorar por la libertad de expresión, sino que ayuda a definir de un modo claro por qué ciertas voces fueron removidas por violaciones específicas. Ya no podemos valernos de definiciones vagas, arbitrarias y maleables de "discurso de odio" para quitar a los teóricos conspirativos. Las reglas de conducta fueron definidas por esas compañías tecnológicas, ahora necesitan redefinirlas para proteger mejor a su usuarios.

Si su meta es la longevidad y ganarse la confianza de sus usuarios, maximizar ganancias al corto plazo no debería ni debe ser la prioridad de las compañías tecnológicas. Respetar y defender los derechos de los usuarios (y la seguridad en línea) es fundamental para construir esa confianza, y eso incluye transparentar lo que no será tolerado en línea y por qué se removerá el contenido de esas personas.

Cuando el director ejecutivo de Twitter dijo que Jones no había "violado sus reglas", sea cierto o no, ¿no es el momento ideal para revaluar y redefinir esas reglas, si continúan permitiendo que el acoso dirigido y el abuso persistente de personas inocentes? ¿Que Twitter prácticamente se ha convertido en un terreno fértil para el acoso y el extremismo es una falla inherente o algo que necesita resolverse?

Por parte del gobierno, si las leyes de libertad de expresión empiezan a ser obsoletas, precisamente porque fueron creadas antes de que emergiera internet (y su inmenso poder), es hora de actualizarlas. No es una capitulación por corrección política, sino evolución. Debemos de cuestionar seriamente el status quo que permite a las compañías tecnológicas no hacerse responsables de sus contenidos.

Bloomberg via Getty Images
Jack Dorsey, director ejecutivo de Twitter, se rehúsa a eliminar a Alex Jones de la plataforma.

David French escribió en el New York Times que es importante encontrar una mejor manera de quitar a Alex Jones, pues no basta con aludir a razones vagas y subjetivas que, además, podrían ser usadas de manera abusiva; sino que sería mejor explicar que lo que se prohíbe en las plataformas es la difamación y la calumnia.

"Es un estándar alto", dice French. "Pero es un estándar que respeta el mercado de ideas, evita la batalla altamente politizada sobre las normas siempre cambiantes del lenguaje y la cultura, y brinda protección a las partes agraviadas. (...) Esas investigaciones estrían basadas en medidas legales concretas, no solo en las medidas subjetivas de la ofensa".

En el caso de Jones, hay una demanda en camino. Daño real y medible ha sido inflingido, y es muy probable que tenga repercusiones legales. ¿Pero qué puede hacer la gente que no tiene los medios financieros para iniciar batallas legales? ¿Y qué hay respecto a las logísticas cada vez más complicadas que usan inteligencia artificial y moderadores humanos para borrar el contenido más escandaloso? Incluso si redefines las normas, necesitarás humanos falibles para hacerlas respetar.

Por eso no solo se necesita definir mejor el límite, sino que cada compañía tecnológica debe jugarse más el pellejo. Necesitan ser forzadas a hacerse responsables del desastre tóxico en el que se han convertido sus sitios.

La única cura para el mal discurso es el mejor discurso.

Jones en un ejemplo excelente de lo que una red no regulada puede permitir y lo que una plataforma puede proveer. No es un charlatán inofensivo al que podemos dejar gritar en un micrófono hasta que se le ponga la cara azul y esperar que disminuya el interés en sus berrinches. Este es un hombre cuyas teorías conspirativas han tenido terribles consecuencias para personas inocentes. Su teoría de que la masacre de Sandy Hook en Newtown, Connecticut (2012) era una farsa muy elaborada en la que participaron "actores de crisis" y activistas de control de armas apoyados por el gobierno, ha alterado las vidas de las personas que menos se lo merecen: los padres de los estudiantes asesinados.

¿Qué forma de libertad de expresión permite la victimización difamatoria de una persona que ya ha sufrido una pérdida increíble? ¿Quién se siente cómodo defendiendo el derecho irrestricto a ese tipo de comportamiento? ¿De verdad Jones es la cumbre de la libertad de expresión por la que queremos morir?

Hace mucho debimos terminar con las discusiones de si el abuso crónico y dirigido debe tolerarse. Sí, deberíamos estar muy atentos y vigilantes de las reglas que pueden afectar al discurso impopular y de las minorías. Pero los legisladores y las compañías tecnológicas deben trabajar en conjunto para decidir cómo regular de un modo más ético y transparente, y finalmente quitar el contenido malicioso y difamatorio de estas plataformas. Eso no es limitar nuestra libertad, sino exigir responsabilidad.

Este blog apareció originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos, ha sido editado y fue traducido por Víctor Santana.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.