VOCES
07/09/2018 7:42 PM CDT | Actualizado 07/09/2018 7:42 PM CDT

La verdad sobre vivir en una casa diminuta

Susan Parrish
El exterior de la casa diminuta de la autora.

No escogí vivir de manera diminuta. Lo diminuto me eligió a mí. Hace siete años, durante el año más brutal de mi vida, fui golpeada sin previo aviso con las circunstancias más inesperadas: divorciada los 50, despedida de mi trabajo, perdí mi casa y tuve que mudarme a un departamento de un cuarto del tamaña de mi hogar. Con la ayuda de familia y amigos, vacié mi casa y doné la mitad de mis cosas.

Acomodándome en mi nueva y diminuta vida sin casa qué atender, tuve tiempo de intentar nuevas experiencias. Me metí a un equipo de surf de remo, Mujeres Poderosas. Probé mis límites físicos y me ayudó a retarme más. Intenté el baile de vientre, canté en karaoke, patiné en pistas de "roller derby" y hasta me lancé a las apps de citas. Eventualmente conocí a un Hombre de Montaña que vivía en una región rural del Este de Oregon a 500 kilómetros de mi ciudad. Compartíamos un sentido de aventura, y cuando nos conocimos nos la pasamos bien (bailábamos swing y nos fuimos de mochilazo a las Montañas Elkhorn para acampar entre cabras).

Mi nuevo trabajo como reportera de un periódico era satisfactorio, pero era financieramente devastador que me pagaran mucho menos que en mi trabajo anterior. En búsqueda de una renta asequible en una zona segura, me mudé cinco veces en dos años. En cada mudanza me deshice de más cosas.

Mucha gente sueña con a simplicidad de vivir en una casa diminuta, pero hasta que vives en ella no sabes cómo impactará tu vida diaria.

Para entonces el Hombre de Montaña y yo teníamos una relación de años a distancia. Me pidió que continuara mi aventura de vida diminuta mudándome con él a un parque de tráilers en un rancho remoto. Intentaba ser una escritora independiente, y eso podía hacerlo desde cualquier lugar. Además, ya había pasado de 700 a 200 metros cuadrados. ¿Cuán difícil podría ser para dos personas vivir en 100 metros a 40 kilómetros del pueblo más cercano?

Esto es lo difícil de una casa pequeña. Todo es pequeño: refrigerador, horno, gabinetes, encimeras, ducha, escusado, clósets y espacios. Es mi mayor reto.

Poco después de mudarme a nuestra casa diminuta, me decidí a continuar mi rutina de ejercicio a pesar de la estrechez del espacio. Me puse en medio de la casa con mi hula hula para estar a la misma distancia de los obstáculos: sofá, reclinador, mesa y cocina. Empecé a girar mis caderas y el hula hula giró. Pero cuando moví mi pie un centímetro el hula hula entró a la cocina, terminó en el piso y acabó mi ejercicio. Ejercitarme al aire libre no era una opción, pues estaba a -10 grados y nevaba. Mucha gente sueña con a simplicidad de vivir en una casa diminuta, pero hasta que vives en ella no sabes cómo impactará tu vida diaria.

Susan Parrish
La cocina de la casa diminuta.

Tuvimos que ajustar cada centímetro de nuestra cocina. Los platos grandes no caben, así que usamos platos de ensalada. Tenemos seis tazas y vamos, algunas ollas y sartenes, siete tenedores, cuchillos y cucharas. Hicimos espacio para la máquina de palomitas pero guardamos la licuadora. Vivir diminuto significa tomar decisiones.

Nuestro pequeño refrigerador sirve para ir de campamento, pero no es ideal para la vida diaria. Compramos condimentos minúsculos y pequeños cartones de leche. Hoy estamos a 39 grados pero no hay espacio para enfriar una jarra de te helado. En lugar de eso, meto un vaso de te para una persona en el refrigerador. Cuando vives diminuto, aprendes a improvisar.

Me gusta hornear, pero el horno es muy pequeño para la mayoría de las bandejas de galletas. Se requiere la flexibilidad de un yogui experto para prender el piloto hincada entre el suelo y la estufa con la cabeza dentro del horno.

También solía disfrutar relajándome en un baño de burbujas, pero no tenemos tina, y nuestra regadera utilitaria no brinda esa sensación. Nuestro escusado está metido en un clóset de 80 por 90 centímetros. Cuando me enfermé, descubrí que no hay espacio para arrodillarse en el escritorio, así que salí y vomité sobre la nieve.

Incluso mi viejo hábito de sentarme en la cama a escribir en la mañana o leer en la noche tuvo que cambiar, pues la plataforma de la cama es alta y el techo bajo. No puedo sentarme en la cama. Esto ha hecho que seamos creativos para hacer el amor.

Susan Parrish
La sala de la casa diminuta.

¿Otras formas en las que vivir diminuto cambió mi vida? Mi clóset tiene apenas más de un metro y espacio para una bolsa de zapatos. No soy adicta a la ropa, pero la falta de espacio en el clóset ha sido difícil.

La vida diminuta no se lleva bien con el entretenimiento. Cuando tuvimos una cena para siete personas, estuvimos codo a codo. Tenemos exactamente siete tenedores pero solo dos vasos, así que una pareja tuvo que compartirlo.

Vivir en una casa diminuta es complicado, especialmente si una persona (yo) es más desordenada que la otra. Incluso algunos vasos sin lavar o un cerro de correspondencia estorba. Es vital arreglar continuamente para minimizar el desorden.

La vida diminuta tiene algunas ventajas. Limpiar la casa toma minutos, y eso nos da más tiempo para nuestras aventuras. Sin embargo, al no tener cuarto de servicio, la aspiradora se queda afuera. Eso es inconveniente en el verano, y todo un reto en el invierno, cuando el ventisquero y el hielo atascan la puerta.

Aunque al principio no escogí la vida diminuta, la he hecho mía. Solo tuve que ajustar mis expectativas y aprender a vivir con menos. A veces he vivido sin lavatrastes, congelador, clósets y, por tres meses, incluso viví sin la comodidad de la calefacción, agua corriente y escusado. Vivir de modo diminuto me ha enseñado que no necesito tantas cosas como las que pensé que necesitaría.

Susan Parrish
La autora y su compañero.

Mi pareja y yo también hemos aprendido a pasar juntos tiempo de calidad con menos distracciones. Creo que vivir de manera diminuta nos ha unido más. Pasamos las noches oyendo audiolibros, viendo películas o tocando música (el toca la guitarra y yo el yembé). Cuando tengo prisa y debo entregar un texto, nuestra casa diminuta tiende a ensuciarse más rápido. Él es bueno para echarme una mano con la limpieza, o hace la cena mientras yo termino de escribir la historia.

Pero a veces necesitamos un poco de espacio personal, y eso no es fácil de conseguir en 100 metros cuadrados. Mi pareja juega videojuegos cuando está solo. A veces él ve una película que a mí no me interesa y me voy a la cama a leer. Cuando yo necesito espacio salgo a caminar a los ciento de acres que están justo frente a nuestra puerta.

El invierno pasado hizo tanto frío que nuestra ropa se congeló en las paredes del clóset. Encontré a una serpiente durmiendo en mi almohada y fuimos invadidos por ratones de campo, ranas y cualquier insecto imaginable.

Vivir en un espacio pequeño con otra persona no es fácil, pero si ambos consideran las necesidades del otro y expresan lo que les molesta, vivir de manera diminuta puede funcionar muy bien.

Originalmente me mudé a la casa diminuta para estar con él. Vivimos en un rancho a kilómetros del pueblo más cercano, pero cerca de su trabajo, y aquí no hay casas o departamentos para nosotros. Soy una escritora independiente y puedo trabajar donde sea. Este tipo de vida diminuta no es para muchas mujeres. El invierno pasado hizo tanto frío que nuestra ropa se congeló en las paredes del clóset. Encontré a una serpiente durmiendo en mi almohada y fuimos invadidos por ratones de campo, ranas y cualquier insecto imaginable. Los coyotes aúllan cada noche. Hemos visto cerca pisadas de osos y pumas, pero vivir de forma diminuta los dos últimos años me ha enseñado a ser más valiente de lo que creí que era.

Vivir en una casa diminuta ha cambiado mi percepción de mis necesidades. No ha sido para nada lo que esperaba, pero luego de desprenderme de tanta posesiones materiales, valoro las experiencias sobre todas las cosas. Mi camino me ha enseñado que pudo vivir de manera diminuta pero, al mismo tiempo, vivir una vida enorme, agradecida de los placeres simples de la vida y anticipando mi próxima aventura.

Este blog apareció originalmente en el 'HuffPost' Estados Unidos, ha sido editado y fue traducido por Víctor Santana.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.