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11/12/2018 6:00 AM CST | Actualizado 11/12/2018 8:56 AM CST

El documental 'Ayotzinapa. El paso de la tortuga': voces de rabia y de esperanza

El documental fue coproducido por Guillermo del Toro.

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Imagen del documental 'Ayotzinapa. El paso de la tortuga', dirigido por Enrique García Meza y coproducido por Bertha Navarro y Guillermo del Toro. Imagen: YouTube

Si me preguntan con qué palabra describiría Ayotzinapa, en mi mente se crearía una mezcla agridulce de dolor y dignidad (César Vallejo le llamaría trilce, por la mezcla entre lo dulce y lo triste). Ese sabor en la boca, pero sobre todo impregnado en las entrañas y el corazón, deja tras de sí ver Ayotzinapa. El paso de la tortuga, documental dirigido por Enrique García Meza y coproducido por Bertha Navarro y Guillermo del Toro, y que actualmente se encuentra en Netflix.

Este documental abre una ventana al dolor de familias y sobrevivientes de Ayotzinapa, te sumerge en la rabia, en la realidad de un país dolido en la crisis de la desaparición forzada, en la vida de quienes viven en el campo, de quienes se alimentan de maíz y sueños. Es una ventana a las sierras, costas y montañas de Guerrero, esas regiones en las que mucho falta, pero que, sobre todo, hoy les faltan 43 estudiantes.

Muchos aprendieron a nombrar Ayotzinapa al referirse el horror de esa noche del 26 y 27 de septiembre de 2014, pero la Escuela Normal de Ayotzinapa es más que eso. Ayotzinapa. El paso de la tortuga nos acerca a esa escuela que, para tantos jóvenes de Guerrero —una de las entidades más pobres y violentas del país— es sinónimo de lucha y resiliencia, de la apuesta por hacer frente a una política neoliberal que olvida al campo; de los esfuerzos por sobrevivir a la muerte que trae consigo la guerra contra el narcotráfico.

En palabras de uno de los estudiantes, se trata de "aprender a amar este país en el que nos tocó vivir y luchar por él, en beneficio de las clases más necesitadas".

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Imagen del documental 'Ayotzinapa. El paso de la tortuga', dirigido por Enrique García Meza y coproducido por Bertha Navarro y Guillermo del Toro. Imagen: YouTube

Fueron estos jóvenes que buscaban ser maestros quienes salieron de la Escuela Normal ese 26 de septiembre, con la intención de realizar actividades para poder estar presentes en la marcha conmemorativa del 2 de octubre, son ellos quiénes relatan con miedo presente en cada palabra lo que recuerdan de esa noche: la policía, los disparos, estudiantes que caían, más disparos, el operativo que buscó frenar el avance de los camiones en los que viajaban, no encontrar a sus compañeros, el silencio... Esa noche en la que el crimen organizado y las autoridades (policía municipal, estatal e incluso federal y elementos del Ejército) se fundieron en la oscuridad de la noche que se llevaría a 43 estudiantes.

Son estos estudiantes quienes relatan que el dolor más grande llegó cuando al día siguiente los papás de sus compañeros les harían la pregunta que se mantiene después de cuatro años: ¿dónde está mi hijo? Escuchar la voz de uno de los sobrevivientes narrar ese momento y el silencio que le sigue, sin duda estremece el alma.

Este documental abre una ventana al dolor de familias y sobrevivientes de Ayotzinapa.

Y así, el terror explota en dolor, en la angustia de los padres y las madres que desde ese 26 de septiembre, han dejado de dormir y se han dedicado a caminar y caminar para buscar a sus hijos. Familias que, con el amor como motor, dejaron todo para dedicarse a la búsqueda de verdad y justicia, que no es otra cosa que la búsqueda de 43 corazones. Son sus voces, sus pasos, sus gritos ahogados, sus lágrimas y su fuerza lo que logra capturar este documental.

Ayotzinapa quedará en la historia como una de las más grandes tragedias en nuestro país, marcó un sexenio de corrupción y violaciones a los derechos humanos y exhibió a un gobierno, que como muestra el documental, no solo uniformó al crimen y se volvió cómplice de la tragedia, sino que además, no fue capaz de dar una respuesta; un gobierno indolente que prefirió la mentira y el encubrimiento sobre la verdad; que pidió simplemente superar la tragedia, un gobierno que se cansó antes de dar respuestas, que prefirió torturar para construir su versión, que no entendió cómo, a pesar de todo, la dignidad no se desaparece.

Pero Ayotzinapa también marcó a un país que no volverá a ser el mismo: que espero no vuelva a ser el mismo. Que conoció la tragedia, pero también la dignidad en la lucha de las familias, y en ellas, una oportunidad para marcar un cambio de ruta.

Es en este contexto de país, que documentales como el de García Meza tienen tanto sentido como una apuesta para recordar la tragedia y no olvidar.

Quienes tenemos el orgullo de acompañar a las familias somos testigos de su fuerza incansable, sabemos que han removido tierra y expedientes buscando a sus hijos y al hacerlo, han destapado a un país en crisis, con más de 37 mil personas desaparecidas. En este país adolorido su lucha es también por tantas más y esa lucha hoy encuentra grietas de esperanza, a unos días de haberse firmado el Decreto para la verdad en el caso Ayotzinapa. Es posible pensar en verdad y la justicia: en que se busque y encuentre el paradero de los 43, en que se castigue a los responsables, en que se generen condiciones para decir nunca más.

Es en este contexto de país, que documentales como el de García Meza tienen tanto sentido como una apuesta para recordar la tragedia y no olvidar. Una apuesta por la memoria y la solidaridad, que serán necesarias para transitar, reconstruir y sanar este país adolorido.

Gracias a Ayotzinapa.El paso de la tortuga se nombra esta escuela entre lágrimas y rabia, pero se escucha con dignidad y esperanza. Verla es dejar que nos toque la tragedia en cada fibra de nuestro cuerpo, para poder sentir también compasión.

Diría que vale la pena verla. Y es verdad: es una pena tener que escuchar estas historias, saber que aún no hay un final. Que esta noche, 43 familias siguen soñando y anhelando a sus hijos, que siguen nombrándolos con deseo desesperado y amoroso de encontrar la verdad, sea cuál sea. Pero vale también la esperanza, esa esperanza tan única que de alguna manera nace del dolor y que se asoma de las voces que Ayotzinapa. El Paso de la Tortuga nos baja de Guerrero, esos sueños que atrapa en Ayotzinapa, esa resiliencia que recoge de las calles y por una hora nos la hace nuestra.

No dejen de ver el documental y escuchar esas voces, para que se sigan haciendo presentes hasta encontrarlos.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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