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23/01/2019 9:00 AM CST | Actualizado 23/01/2019 10:32 AM CST

Nadie necesita la aprobación de Yann Moix

Foc Kan via Getty Images
Yann Moix. Foto: Foc Kan/WireImage.

A veces no sé qué pensar de nosotras las mujeres, sobre todo las que estamos en la etapa de "no quiero envejecer".

Es cagante, pero es lo que hay y más vale entenderlo.

Unas tragan años, otras menos, unas se conservan divino, otras menos. Pero la realidad es que el crecer no solo tiene impacto en lo físico: ser adulta y llevar una ventaja de años con el resto de las mujeres que te rodean trae consigo también la presión del tiempo,

¿Ya aprendiste lo que debías aprender?

¿Ya hiciste lo que tenías que hacer?

¿Ya lograste lo que querías lograr?

¿Eres la mejor versión de ti misma?

Y si no,

¿A qué pinche hora piensas comenzar?

El otro día se armó tremendo rollo con lo que declaró el escritor francés Yann Moix, durante una entrevista para la revista Marie Claire. Dijo que para él ya no era posible enamorarse de una mujer de 50. Dijo: "Son demasiado viejas, el cuerpo de una mujer de 25 es extraordinario, y el de una de 50 no tiene nada de extraordinario".

Enojadísimas, miles de mujeres comenzaron a mandarle fotos de sus cuerpos desnudos, así como fotos de actrices "enteras" en sus cincuentas; todo esto para demostrarle lo equivocado que estaba.

Y yo me pregunto, ¿cómo para qué?

¿Por qué le queremos asegurar a un hombre como Moix, que seguimos en buen estado, que aún estamos "buenas", que seguimos siendo bellas?

¿Ya aprendiste lo que debías aprender? ¿Ya hiciste lo que tenías que hacer? ¿Ya lograste lo que querías lograr? ¿Eres la mejor versión de ti misma? Y si no, ¿a qué pinche hora piensas comenzar?

Nos está diciendo en una revista que es claramente dirigida a mujeres, que le gustan las de 25, lo está diciendo directo y sin rodeos. Y está en su derecho. Yo creo que es un pendejo (él tampoco tiene nada de extraordinario), pero de ahí a mandarle mis piernas buscando su aprobación, n'ombre, no. Buscar en un hombre la prueba de que sigo de pie, para nada. Y repito, menos con un pendejo.

Y es ahí es donde la cagamos, cuando buscamos ese aplauso de parte del sexo opuesto, como si eso validara nuestra existencia; nos equivocamos gravemente pues caemos en la trampa de querer ser solo guapas.

Es muy poco.

Y también es un escenario donde parece quisiéramos competir.

Y ya no hay competencia.

¿Quién quiere competir por los mejores abs a estas alturas?

Parecen idiotas.

Y la seguridad, la inteligencia, el sentido del humor, el talento, el wit, la capacidad de ser felices con menos, de encontrar belleza en lo pequeño, la resiliencia, la experiencia, lo aprendido, lo leído, lo viajado, lo comido... lo logrado, lo recorrido.

Ahí hay sustancia de sobra.

Aunque haya hombres como Moix, que en realidad solo quieren que "estés buena".

Una de las historias más trilladas es la clásica del cabrón en su crisis de la edad adulta, que deja a su mujer para irse con una más joven; buscando la juventud perdida que lamentablemente no volverán a encontrar, pues los hombres también envejecen (aunque lo duden).

Pero hay de otras historias también,

Y tienen como protagonista a una middle aged woman.

Hay que concentrarnos un poco mas en el crecer, en el seguir adelante, en convertir a los hijos (si los tenemos) en seres de bien, en avanzar a nuestra versión 2.0, en trascender. Escribir ese libro que lleva atorado una década. Conocer el resto del mundo. Disfrutar de los amigos entrañables. De las risas. Del amor... Que ojalá dure mucho.

El otro día durante una comida, una mujer que conozco poco, comentaba que nada es peor que llegar a la edad en la que entras a un restaurante, volteen a ver a tu hija y tú seas invisible. Me pareció increíble que fuera brutalmente honesta. Esas son las mujeres con las que me gusta hablar, porque dicen sin filtros lo que todas piensan, porque tienen la capacidad de admitir que extrañan las miradas de los hombres, esas que te desnudan y que además sabes que no es tu belleza interna lo que están apreciando.

Y finalmente nos echamos unas risas, porque para una mujer inteligente no se acaba la vida sin un hombre chiflándole al pasar, porque como mujeres aún hay mucha tela de donde cortar, porque si hay muchas cosas muy buenas que llegan con la edad.

Pero no me hago tonta,

yo, como todas, también tengo miedo a la vejez.

Miedo de lo que sigue.

Miedo de un corazón partido a estas alturas.

Pero, sobre todo, miedo de no ser la mujer que hubiera podido llegar a ser.

Hay que concentrarnos un poco más en el crecer, en el seguir adelante, en convertir a los hijos (si los tenemos) en seres de bien, en avanzar a nuestra versión 2.0, en trascender.

Escribir ese libro que lleva atorado una década.

Conocer el resto del mundo.

Disfrutar de los amigos entrañables.

De las risas.

Del amor...

Que ojalá dure mucho.

Creo que envejecer puede ser también un regalo,

uno que yo aún no logro apreciar.

Pero pienso echarle ganas.

Hacer la chamba,

para que la vida no me agarre por sorpresa,

para no solo concentrarme en hacer squats y lagartijas.

Para poder seguir creciendo de mente, de alma,

seguir siendo la mujer de la que mi pareja se enamoró,

la que mis amigas buscan para las risas y para el llanto,

la que mis hijos quieren y admiran.

Pero sobre todo, la que me hará sentirme bien conmigo misma.

Para jamás necesitar la aprobación de Moix,

Ni de ningún otro imbécil como él.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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