EL BLOG
02/02/2018 9:00 AM CST | Actualizado 02/02/2018 10:05 AM CST

La ansiedad hereditaria

Donald Iain Smith
Juliana desde siempre, "siente y ve" gente en su cuarto.

En casa de J, nomás amanece, la mañana se ve tomada por Ciro Gómez Leyva, y aunque me cae bien, su voz no me parece la mejor manera de arrancar mi día. De cualquier modo, yo me acoplo —y sé cuando he de amanecer en ese hogar— amaneceré con Ciro.

Y es así como hace un par de semanas, amaneciendo con ellos (con J y con Ciro), a lo lejos escuché algo acerca de la angustia y ansiedad. J me llamó gritando para que fuera a escucharlo. Se trataba de una entrevista con algún psicólogo, donde se hablaba de la maravilla de libro de Scott Stossel, Ansiedad, miedo, esperanza y la búsqueda de la paz interior.

Nomás me subí al coche, me puse peligrosamente a buscar al autor y al libro. Menuda y grata sorpresa me llevé, al descubrir que se trataba del editor de The Atlantic, una de mis revistas favoritas, además de ser un prolifero periodista y columnista del New Yorker. Lo primero que pensé es, soy fan del tipo, y lo segundo, es que sin duda debería tratarse de alguien funcional. Perfecto, me dije, vamos a la Gandhi por su libro, pues no será el primero que lea sobre el tema y seguro tampoco será el último.

El libro, que es una joya, es bastante árido al principio, y con tanto pie de página y tantas citas en su contenido, uno siente que acabará obteniendo un título en la materia (desorden de ansiedad); cuando en realidad busca otro cometido: acabar con ella. Pero aún así, dan ganas de seguir leyendo.

Y en esas andaba yo la semana pasada, con varios conceptos de Stossel revoloteando en mi cabeza, cuando salió Juliana (mi niña), de su terapia.

Venía feliz, ya me había dicho la última sesión, que Caro —su psicóloga— era la mujer más inteligente que conocía (gracias hija) y que tenía explicaciones fenomenales para todo; incluso para sus terrores de ansiedad nocturna.

Juliana desde siempre, "siente y ve" gente en su cuarto. Entre que es ansiedad, es verdad, mentira, imaginación, fantasía, manipulación o payasada -da igual- porque acaba levantándome, y yo me quedo con insomnio toda la méndiga noche; y al siguiente día, gozo de un pésimo humor. Pero ella salió convencida de su terapia y me contagió su optimismo, untado de la posibilidad de salirnos de ese círculo vicioso:

"Ya me dijo Caro lo que tengo que hacer para no tener miedo en la noche... Tengo q meditar y tengo tener un 'white noise'... ¿mamá tú sabes que es eso? Caro es super lista, sabe muchas cosas... Ese 'white noise' debe ser algo que me guste, que me arrulle, como las olas del mar"

Diego y yo hicimos bizcos en secreto mientras escuchábamos a Juliana Freud, pero la verdad lo que decía era música para los oídos, era como la frase de "Whatever makes you sleep at night". Pero literal.

Y a las 8 pm nos dijo:

"Ya nadie me moleste que voy a poner mi app de meditación".

(¿Mencioné que la niña tiene 12 años?)

Quizás para cuando yo entienda de dónde provienen los ataques de ansiedad, ella ya lo tendrá todo superado.

Nosotros obedecimos. Hizo sus respiraciones, prendió su ventilador, puso su humidificador con lavanda, dejo su night light y se envolvió en su cobija favorita; todo el ritual completo que supuso le darían una buena noche.

Y de paso a mí, su madre.

Horas más tarde, yo me fui a la cama y me puse a leer mi libro de ansiedad para seguir con el doctorado. Y estaba ahí, profundamente tomada por el texto de Stossel, cuando a lo lejos escuché un ruido extraño y fuerte... se me salió el corazón. Me levanté y había parado. Así que con el corazón latiendo acelerado, me volví a meter a la cama.

De pronto brooooooom, de nuevo. Me paré de la cama de un brinco, me acerque a la ventana de la sala, me asomé, nada; la ventana de Diego, nada. Escuché a lo lejos el ventilador de Juliana y paró de nuevo. Me quedé en el pasillo esperando y de nuevo el broooooom. Entré corriendo al cuarto de Juliana, pues desde ahí provenía ese ruido aterrador. Me acerqué a su buró y vi en el teléfono encendido su white noise de elección: olas de mar.

De pronto otra ola, broooooom, puta madre, pero unas olas tan brutalmente asesinas, que parecían provenir de un white noise de desastre natural; solo le faltaban gritos de hombres y mujeres tratando de sobrevivir un tsunami.

Me quedé mirándola y tenía una cara de paz que no se podía creer, estuve a punto de dejarle ese noise que por alguna extrañísima razón la había relajado, pero a mí me iba a dar un ataque al corazón. Además estaba tan alto el volumen, que seguro algún vecino ya estaba buscando la inundación.

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Así que lo apagué.

Y regresé a mi libro.

Llena de ansiedades.

Según los últimos estudios citados en el libro, se calcula que una de cada seis personas en el mundo sufrirá un trastorno de ansiedad durante al menos un año en el transcurso de su vida.

Espero que este sea el único año de mi hija.

Pinche ansiedad, encima de dolorosa, hereditaria.

Pero si es hereditario también buscar soluciones y respuestas, me siento contenta.

Eso lo quiero heredar yo de ella.

Quizás para cuando yo entienda de dónde provienen los ataques de ansiedad,

ella ya lo tendrá todo superado.

Así que gracias Ciro,

gracias Scott,

y gracias Caro.

Seguiremos buscando respuestas.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.