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13/06/2018 2:00 PM CDT | Actualizado 13/06/2018 3:08 PM CDT

Tercer #DebatePresidencial: los candidatos no entienden el país que van a gobernar

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Ningún candidato entiende que no entiende.

Los tres candidatos (el otro, el Bronco, no es más que una mala broma de nuestra democracia), que participaron en el último de los debates organizados por el Instituto Nacional Electoral nuevamente quedaron a deber. Entre acusaciones de corrupción, denuncias penales y opacidad a la hora de gobernar, las "propuestas" presentaron no pasaron de ser una feria de banalidades, y en algunos casos, hasta de frivolidades.

En el caso de Andrés Manuel López Obrador, habría que pensar que su nuevo libro emulará el título célebre de Stephen Hawking, "La teoría del todo"; pues de acuerdo con su visión simplista del mundo y del país, todo se solucionará acabando con la corrupción: desde la urgente mejora de la educación, hasta el cambio climático, tiene como origen el robo que la mafia del poder ha orquestado a las arcas del gobierno.

José Antonio Meade, el más articulado de los tres en cuanto a presentación de ideas, es al mismo tiempo el más anticlimático como político y aspirante a gobernarnos. Ahora bien, ser el más articulado no quiere decir que sus propuestas sean necesariamente las más acertadas o con mayor pertinencia. Se le notó desanimado y sobre todo, sin la audacia de plantear una nueva forma de gobernar y construir país.

Ninguno de los candidatos con alguna posibilidad de ganar presentaron un esquema mínimamente ordenado de visión de país.

Ricardo Anaya no salió de su rápidamente desgastado esquema y pose de orador de auditorio de secundaria. Sus propuestas fueron desarticuladas, no hay coherencia entre las propuestas que plantea en los distintos temas y rubros, y su visión de país es francamente ridícula, como en el caso de pensar que la tecnología se reduce a que toda la población tenga un teléfono celular. Nada más faltó que presentara un nuevo "paquete de voz y datos".

Oportunidades que dejaron pasar

El mismo día del debate, 12 de junio, fue el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Ninguno de los candidatos mencionó que en México hay 3.4 millones de niñas, niños y adolescentes que trabajan y 6.6 millones entre los 3 y los 19 años que no van a la escuela. Ante esos dramáticos datos, hubo un silencio sepulcral.

El pasado 6 de junio fue el Día Mundial del Medio Ambiente, uno de los temas del debate era precisamente ese, vinculado a la agenda del cambio climático. México es el cuarto país más megadiverso del planeta, pero también uno de los que registra una de las tasas más aceleradas de desertización del suelo, además de una elevada tasa de extinción de especies vegetales y animales. Acerca de este tema no hubo más que ocurrencias.

Sobre la reforma educativa no hubo una sola mención al urgente cambio del modelo pedagógico y a los contenidos curriculares; ya no se hable de educación bilingüe y garantía del derecho a la lengua materna de los pueblos indígenas.

Hoy prácticamente el 80% de las niñas y niños que van a primaria y secundaria no cuentan con capacidades de lectura y comprensión del lenguaje, mientras que tienen severos problemas para procesar y generar pensamiento matemático. Nada de eso se mencionó en términos de la reforma a planes de estudio e incluso una revisión a profundidad de las funciones, estructura orgánica y operativa de la Secretaría de Educación Pública.

Ninguno fue capaz de vincular la agenda del trabajo digno con la de la seguridad social.

En materia de ciencia y tecnología, sorprende el sesgo hacia las llamadas ciencias exactas. Ni siquiera López Obrador, quien tiene el título de Licenciado en Sociología, fue capaz de mencionar el tema de las ciencias sociales; y de la necesaria vinculación de la educación en las disciplinas del espíritu imprescindibles como la Filosofía.

Ninguno de los candidatos...

En materia de crecimiento económico ninguno de los candidatos se planteó, para pensar solo en el caso de la CEPAL, en crecer para igualar; crecer distribuyendo y en ese sentido, ninguno fue capaz de vincular la agenda del trabajo digno con la de la seguridad social y la urgente necesidad de consolidar un sistema universal de salud único con calidad, cobertura y servicios homologados.

Ninguno de los candidatos fue capaz de plantear un nuevo modelo federalista, que garantice un auténtico, pero renovado y eficiente municipio libre; que lleve a las entidades de la república a su democratización y fortalecimiento, y que permita superar lo que Rolando Cordera ha denominado como la "República social salvaje".

Ninguno de los candidatos pudo presentar una propuesta de salud coherente, que se articule con la política social, porque como lo ha señalado Mario Luis Fuentes, nuestro perfil de morbilidad y mortalidad está caracterizado por los determinantes sociales de la salud, y eso implica modificar todos los objetivos de las políticas de desarrollo social, incluidas las educativas, de vivienda y de desarrollo urbano y territorial. Se necesita pues, un nuevo paisaje institucional para lo social.

Ninguno de los candidatos pudo presentar una propuesta de salud coherente.

De esta forma, si todas estas ideas parecen sueltas, es porque en efecto lo están, en tanto que ninguno de los candidatos con alguna posibilidad de ganar presentaron un esquema mínimamente ordenado de visión de país: cómo crecer con criterios de conservación de la biodiversidad y de forma sostenible en el tiempo; cómo crecer generando empleos dignos y erradicando la plaga del trabajo infantil, reconociendo en las cuentas nacionales al trabajo doméstico no remunerado, y promoviendo equidad y justicia laboral equitativa entre mujeres y hombres.

En el fondo, lo que todo lo anterior revela es una candidez mayúscula de los candidatos; pero sobre todo, la falta de sentido común básico. Si pretenden ser presidentes de este país, deberían saber que jurarán cumplir y hacer cumplir la Constitución; y que en su artículo 1º está el mandato de cumplir y garantizar de manera universal, integral y progresiva los derechos humanos, y eso incluye a los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.

No entender que eso exige construir un nuevo Estado de Bienestar, implica que los candidatos no entienden qué país van a gobernar. Y eso, que ninguno haya hecho mención de que toda política pública debe generarse para dar cumplimiento a la Constitución, tomando además como eje el mandato del Artículo 4º, en el sentido de garantizar de manera prioritaria el Principio del Interés Superior de la Niñez, significa que ninguno entiende que no entiende.

@saularellano

www.mexicosocial.org

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.