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23/04/2018 4:00 PM CDT | Actualizado 23/04/2018 5:27 PM CDT

Los vulnerables: los olvidados en el primer debate presidencial

MARGARITO PÉREZ RETANA /CUARTOSCURO.COM
Tan poco tiempo dedicado a los vulnerables en este debate es un mensaje muy duro de desdén.

Todos los pronósticos se cumplieron: el debate de los candidatos y la candidata a la presidencia de la República resultó en una intensa feria de dimes y diretes; de acusaciones mutuas y de discursos cuya intención fue mostrar que cada uno de los participantes es la opción menos corrupta, menos incapaz y menos mentirosa.

De manera notable, en las dos horas que duró el debate, no hubo ni una sola nueva propuesta; escuchamos lo que ya hemos oído en los spots, entrevistas y discursos de cada uno de ellos; y en el "postdebate", en prácticamente todos los espacios en que hubo programas de análisis, los representantes de los y la candidata, se dedicaron a decir que sus representados ganaron el debate, que presentaron las mejores propuestas y que son quienes representan la mejor opción para gobernarnos.

En ese cúmulo de repeticiones y lugares comunes también hubo una serie de ausencias que son condenables en los cinco aspirantes a ocupar la presidencia de la República. El más lamentable es el relativo a los grupos en condiciones de vulnerabilidad.

La vulnerabilidad social es una de las categorías más duras y de mayor complejidad, y en este debate fue simplemente hecha a un lado.

La primera cuestión en la que los cinco candidatos resultan reprobados es en haber incluido la agenda de los derechos de las mujeres en el bloque dedicado a la diversidad, pluralidad y grupos en situación de vulnerabilidad. Sin duda, hay mujeres vulneradas y vulnerables por diferentes circunstancias y determinaciones de la estructura social; pero como grupo de población, considerarlas como vulnerables en general, constituye un error fundamental.

En el mejor de los casos, las propuestas se centraron en el tema de la igualdad salarial; pero ninguno de quienes estuvieron allí plantearon propuestas concretas. Por ejemplo, ninguno mencionó que ratificaría el Convenio 189 sobre Trabajo Digno para las y los Trabajadores Domésticos. Ninguno planteó la reforma a la Ley federal del Trabajo para fortalecer los mecanismos para la igualdad laboral entre mujeres y hombres; y en general, ninguno llevó a cabo planteamientos serios sobre lo que ya consideran tanto la Ley General de Igualdad entre Mujeres y Hombres y la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Temas como la Alerta de Género, de las implicaciones del artículo 1º constitucional, en materia de igualdad y no discriminación por razones de género, brillaron por su ausencia.

Para colmo, cundo se abordó el tema de la diversidad sexual y familiar, la unanimidad de los cinco candidatos llama a espanto: todo están en contra, en lo personal, del matrimonio igualitario, de la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo, y de la adopción de hijos por parejas del mismo sexo: es decir, gane quien gane, será un presidente o presidenta profundamente conservadora en materia de diversidad.

Por otro lado, hay grupos de población, que vistos por edad, han sido históricamente vulnerados, históricamente discriminados, y permanentemente vulnerables. Uno de los ejemplos emblemáticos es el de las niñas y los niños: tienen, según el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), los peores indicadores en materia de pobreza y vulnerabilidad por carencia de acceso a derechos fundamentales.

México es, junto con Brasil y Turquía, el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en que más se maltrata y abusa de la niñez; y de ello, poco o nada dijeron los participantes en el debate.

El trabajo infantil es una realidad infame en la que viven casi 3 millones de niñas, niños y adolescentes; una cifra familiar no asiste a la escuela; uno de cada tres enfrenta ya problemas de obesidad y sobrepeso; México es, junto con Brasil y Turquía, el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en que más se maltrata y abusa de la niñez; y de ello, poco o nada dijeron los participantes en el debate.

Hay otros grupos de población que por su origen o pertenencia étnica viven históricamente discriminados y, otra vez, permanentemente vulnerables. Hay dos que deben destacarse: en primer lugar, las personas indígenas. Según el CONEVAL, 7 de cada 10 son pobres y únicamente cuatro de cada cien no son pobres o vulnerables.

En segundo lugar, las poblaciones afrodescendientes: hasta el 2015 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) incorporó una pregunta que nos permitió saber que en el país viven 1.3 millones de personas que se asumen como descendientes de pueblos africanos. Entre ellos, de las personas ocupadas, 14.6% percibe ingresos por debajo de un salario mínimo, frente a un promedio nacional de 7.8%. 71% de sus viviendas disponen de refrigerador, frente a un promedio nacional de 82.5%; y solo 40.6% de sus viviendas tienen lavadora, frente a un promedio nacional de 69.5%. En resumen: en todos los indicadores sociales presentan condiciones mucho más precarias que el promedio de la población general.

Por otro lado, se encuentran quienes son vulnerables por su condición física. Por ejemplo, las personas que viven con alguna discapacidad, quienes son generalmente discriminados: sus condiciones de ocupación, acceso a la educación y a servicios médicos pertinentes son mucho menores que el resto de la población que no vive con alguna discapacidad. Respecto de ellos, otra vez, poco o nada se dijo en este debate que, en materia de vulnerabilidad, pasará a la historia como un evento de silencios e ignorancia realmente ominosos.

Los ejemplos aquí dados no son los únicos; son representativos de la invisibilidad que tienen ante la sociedad, y respecto de los cuales, penosamente, los candidatos desconocen a profundidad la agenda de derechos desde la cual deberían abordarse.

La vulnerabilidad social es una de las categorías más duras y de mayor complejidad, y en este debate fue simplemente hecha a un lado y asumida, una vez más, como la oportunidad para enviar un mensaje "con rostro humano", dirían los asesores de los candidatos.

Se trata de una agenda que debe revisarse a la luz del artículo 1º de la Constitución; pero que, por lo visto en el debate, seguirá siendo un tema marginal, y que mal augura lo que viene, gane quien gane, en el próximo programa de gobierno.

Tan poco tiempo dedicado a los vulnerables en este debate es un mensaje muy duro de desdén; de insensibilidad social; pero sobre todo, de indolencia ante el dolor, la soledad, el olvido y el abandono en que han vivido por décadas; una realidad inaceptable, y que debe ya transformarse.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.