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02/05/2018 2:00 PM CDT | Actualizado 02/05/2018 3:17 PM CDT

Las niñas y niños que no debieron (y que no deben) morir

MARTÍN ZETINA /CUARTOSCURO.COM
Poner a los niños siempre primero, implica dar un giro de 180 grados en nuestras prioridades pública.

Las condiciones en que vive la niñez mexicana son dramáticas: el CONEVAL estima que hay 20.7 millones de niñas y niños en pobreza (casi el 52% de ese grupo de población); y que únicamente el 19% de ellos es considerado como no pobre y no vulnerable.

¿Cuáles son las consecuencias más graves de estas condiciones? Sin duda alguna, una de las más delicadas es la precaria salud de millones de ellos; y el consecuente impacto que ello tiene en las tendencias de mortalidad entre las niñas, niños y adolescentes.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), cuenta con información que permite sustentar lo dicho. En efecto, en sus estadísticas sobre las 20 principales causas de mortalidad, por grupo de edad, se confirma que son causas sociales las que están provocando la enfermedad y la muerte de los más pequeños.

No es exagerado decir que en el fondo, fallecen de pobreza.

Por ejemplo, entre las niñas y niños menores de un año, fallecieron 24,730 en el año 2016. Las primeras dos causas de defunción, se concentran en afecciones generadas en el periodo perinatal, y las dificultades respiratorias por malformaciones congénitas. Sin embargo, la tercera causa de muerte en quienes aún no han alcanzado el primer año de vida son los accidentes, de los cuales hubo 1,063 casos en el año citado. Por influenza y neumonía fallecieron 900 más; 483 lo hicieron por enfermedades intestinales y 209 por desnutrición y otras deficiencias nutricionales.

Todas esas causas de defunción son, como las clasifica la propia Secretaría de Salud, como "en exceso evitables". Se trata de casos en los que la marginación o la carencia de cobertura de servicios de salud o seguridad social, son los que provocan la defunción de las niñas, por lo que no es exagerado decir que en el fondo, fallecen de pobreza.

Para las niñas y niños de 1 a 4 años la primera causa de muerte son los accidentes (es decir, la omisión de cuidados); la segunda causa son las malformaciones congénitas; la tercera son la influenza y las neumonías; la cuarta los tumores; la quinta las infecciones intestinales; la sexta la desnutrición; y llama la atención que en el lugar 12 se encuentran los homicidios, por arriba de las infecciones respiratorias, que ocupa el lugar 13º.

Para el grupo de 5 a 14 años de edad el perfil de la mortalidad es otro: en primer lugar están los accidentes; en segundo los tumores; en tercero, las malformaciones congénitas; la cuarta la parálisis cerebral; en quinto lugar los homicidios, y sorprendentemente, en sexto sitio, los suicidios. En séptimo lugar aparecen las influenzas y la neumonía; y destaca que en el 10º lugar se encuentran la desnutrición y otras deficiencias nutricionales.

¿Cómo explicar que las principales causas de mortalidad en la niñez sean mayoritariamente en exceso evitables? ¿Qué es lo que determina esta estructura de horror y desprotección?

En primer lugar, debe reconocerse que seguimos siendo una sociedad "adultocéntrica", en la cual la niñez sigue siendo vista como un grupo de población formado por personas que son "adultos en potencia"; por el contrario, lo que se requiere es de una visión que les reconozca como sujetos plenos de derechos.

Seguimos siendo una sociedad "adultocéntrica", en la cual la niñez sigue siendo vista como un grupo de población formado por personas que son "adultos en potencia"

En segundo lugar, no hemos sido capaces de construir un marco institucional con las capacidades, mandato y recursos suficientes, para cumplir con el mandato del artículo 4º constitucional, con la Convención de los derechos de la niñez, y con la Ley General de los derechos de las niñas, niños y adolescentes.

En tercer sitio, carecemos de una política de Estado para la garantía y protección de las niñas, niños y adolescentes, especialmente para aquellos que viven en circunstancias especiales de vulnerabilidad y riesgo.

Debemos avanzar aceleradamente en esos tres ejes, pues estamos obligados a cumplir con este imperativo categórico: garantizar que todos los derechos se cumplirán para toda la niñez, de manera universal, integral, simultánea y de forma progresiva.

Lo que debe entenderse, es que cumplir integralmente con los derechos de la niñez, con el objetivo de construir un país apropiado para ellos, requiere de otro modelo de desarrollo y de un estilo de gobernar diferente. Porque poner a los niños siempre primero, implica dar un giro de 180 grados en nuestras prioridades públicas, es decir, modificar radicalmente los criterios con los cuales se presupuesta; los criterios de distribución de los recursos dirigidos a los estados y municipios; así como los criterios temporales de la inversión.

La niñez no puede seguir siendo el grupo de población en mayores condiciones de pobreza.

La hora de la igualdad de la que habla la CEPAL debe tener como punto de partida el cumplimiento puntual del principio del interés superior de la niñez, pues nuestro país no podrá transformarse si no se cuenta antes con la ya mencionada política de Estado para las niñas y los niños.

Los datos del INEGI confirman lo anterior: si se analizan las principales causas de muerte entre los adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años de edad, son los accidentes los homicidios y los suicidios: es una verdadera tragedia que tiene profundas raíces en la violencia que se ejerce contra ellos, en la cultura de violencia que les rodea; en las condiciones estructurales de pobreza y desigualdad; en el contexto mediático que los cerca y agrede cotidianamente.

Otro país será posible solo en la medida en que seamos capaces de construir una nueva ciudadanía social, la cual debe cimentarse en una niñez sana, en todos los sentidos, con acceso pleno a los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.

La niñez no puede seguir siendo el grupo de población en mayores condiciones de pobreza; reproducir esta realidad nos coloca en una situación de barbarie que en el futuro nos llevará a ser un país inviable; y eso tendrá implicaciones éticas mayúsculas, porque significará no otra cosa, sino que fracasamos en la generación de una ética civilizatoria para la libertad, la justicia y la igualdad.

@saularellano1

Director de www.mexicosocial.org

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.