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01/12/2018 9:05 PM CST | Actualizado 01/12/2018 9:05 PM CST

AMLO, conste que usted lo dijo: sin margen para el error

Carlos Tischler via Getty Images
AMLO durante una ceremonia en el Zócalo en su primer día como presidente. Foto: Carlos Tischler/Getty Images.

Llegó la fecha esperada por todos: 1º de diciembre de 2018, día en que inicia el primer gobierno que se define de izquierda y en las antípodas de lo que el presidente López Obrador denomina como el modelo neoliberal, el cual, por lo dicho en su discurso de toma de protesta, ha prohijado la desigualdad, la pobreza y la corrupción, entre otras calamidades que han agobiado al pueblo de México en los últimos 36 años.

A pesar de lo emotivo del tono del discurso del presidente de la República, no hubo ninguna novedad respecto de lo dicho durante la campaña política y el largo proceso de transición que inició el 1º de julio; se ratificaron todas y cada una de las propuestas: 3 millones de jóvenes recibirán un salario para incorporarse como aprendices; se crearán 100 nuevas universidades públicas; se duplicará el monto de la pensión a personas adultas mayores y se universalizará su alcance; se le dará el mismo apoyo a un millón de personas con alguna discapacidad.

Asimismo, se plantarán un millón de hectáreas de árboles frutales; se construirá una refinería en Tabasco, se construirán el Tren Maya y el Tren transístmico, se relanzará la industria petroquímica, se creará la "zona franca" más grande del mundo en la frontera norte, donde el IVA será de 10%, el ISR bajará, los energéticos tendrán el mismo precio que en los estados de California, Arizona y Texas. Mientras que el salario mínimo será del doble que el promedio nacional.

Lo que el presidente cree firmemente es que en el origen de todos nuestros males se encuentra la corrupción y el abuso del poder.

La principal propuesta fue reiterada una y otra vez: se acabará con la corrupción y la impunidad, y ratificó que, al no ser un hombre de venganzas, ratifica también su propuesta de "punto final"; de un nuevo inicio en el que no se tolerará el abuso del poder ni la utilización de los recursos públicos para el enriquecimiento personal.

En materia de seguridad tampoco hubo sorpresas: se recurrirá al Ejército y a la Marina Armada de México, para conformar la Guardia Nacional; desaparecerá la Policía Federal, y se integrará a la mencionada Guardia a todos los integrantes de lo que era el Estado Mayor Presidencial; toda esa nueva fuerza operará en las más de 200 regiones con sus respectivos mandos territoriales.

El presidente tiene claro su diagnóstico, de eso no hay duda. Al respecto, se puede estar o no de acuerdo con esa visión, pero lo que el presidente cree firmemente es que en el origen de todos nuestros males se encuentra la corrupción y el abuso del poder.

Nada se ha dicho de las necesarias reformas institucionales; la compactación de programas, la revisión de reglas de operación; la revisión de las normas oficiales mexicanas y los mecanismos operativos para darles cumplimiento. Es decir, en el discurso del presidente, al parecer, no hay que cambiar al aparato institucional, y bastará, al menos de inicio, con evitar el mal uso de los recursos públicos.

¿Qué país recibe el presidente López Obrador en lo social? Uno de enorme complejidad: 53.4 millones de personas en la pobreza; más de 3 millones de niñas, niños y adolescentes que trabajan, y el 90% de ellos en actividades no permitidas por la Ley; más de 10 millones de hogares con niñas y niños en los cuales no pueden satisfacerse sus necesidades de alimentación; más de 2 millones de niñas, niños y adolescentes que no asisten a la escuela; una tasa de mortalidad infantil de más de dos dígitos y una razón de mortalidad materna impresentable.

¿Qué país recibe el presidente López Obrador en lo social? Uno de enorme complejidad.

¿Serán suficientes las medidas anunciadas por el presidente para transformar de raíz estos y otros problemas? Con los recursos de que hoy se dispone, pareciera que no. Las expectativas de crecimiento de la CEPAL son de 2.5% para el 2018 y de 2.9% para el 2019. Para el 2020 la perspectiva es incierta, y lo que todavía no sabemos a detalle es cómo será integrado el Presupuesto de Egresos de la Federación.

El presidente prometió abatir la desigualdad; pero esto solo puede lograrse por dos vías: elevando el poder adquisitivo del salario; y a la par, mediante una profunda reforma fiscal y hacendaria que haga de nuestro sistema uno de recaudación progresiva. Y, a la par, con una potente estrategia redistributiva. Frente a ello, el presidente anunció que no se subirán los impuestos ni se crearán otros nuevos; lo cual constituye una autorrestricción enorme en una de las principales potestades del Estado, y más aún de uno que busca ser de corte socialdemócrata.

El presidente López Obrador ofreció gobernar con honestidad, con sabiduría y templanza; pero en una república, eso es condición necesaria, aunque no suficiente para garantizar que todo el aparato público funcione de manera apropiada. Es decir, a la honestidad hay que añadirle la eficiencia y eficacia técnico-administrativa en el ejercicio del gobierno. Y de eso no se habló: de la urgente modernización del aparato público y de los mecanismos de planeación, programación y presupuestación en lo estatal y lo municipal.

El mandato del presidente López Obrador es clave para la historia del país; inicia autoimponiéndose un mandato con altísimos estándares morales; pero también reafirmando las expectativas que se han generado en los últimos años en torno a su figura y liderazgo.

A la honestidad hay que añadirle la eficiencia y eficacia técnico-administrativa en el ejercicio del gobierno

Lo anterior implica lo que para algunos es una paradoja: el líder político de mayor carisma en las últimas décadas en nuestro país tiene la responsabilidad de ser el presidente de la República menos presidencialista, y conducir a nuestro país a la cimentación de una transición democrática que la arraigue como estilo de vida y como aspiración permanente de la ciudadanía.

Aunado a lo anterior, debe destacarse que el mandato del presidente López Obrador es crucial para América Latina. Luego del fracaso de las opciones de izquierda en Argentina, Venezuela y Brasil, por citar solo algunos ejemplos, México hoy se convierte en una nación que puede mostrar, o no, que un gobierno popular, capaz de avanzar hacia una nueva forma de Estado de bienestar y económicamente viable, es posible.

López Obrador no tiene derecho a fallarnos, lo dijo él mismo; ni a México ni a América Latina. Su gobierno tiene retos enormes, y uno de los más urgentes es la pacificación del país, porque no debe olvidarse, los 90 ejecutados que en promedio se esperan para hoy, se contabilizan ya en su mandato. Y eso es un asunto que no debe perderse de vista.

La apuesta es gigantesca; los recursos están; las ganas parecen estar; la capacidad de su equipo y propuestas es lo que siempre ha estado en duda; misma que a partir de hoy, comenzará a despejarse.

@saularellano

Director editorial de www.mexicosocial.org

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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