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17/04/2018 12:00 PM CDT | Actualizado 17/04/2018 1:23 PM CDT

A propósito de la “Ley Chayote”: ¿qué tan corrupta es la prensa en tu estado?

VICTORIA RAZO/AFP/Getty Images)

"Prensa vendida" es una de las frases en que mejor aplica el término latino de Contradictio in adjecto, el cual, se aplica a los casos en que hay una contradicción insalvable entre el sustantivo y el adjetivo que lo modifica. Esto significa llanamente que, si está vendida, deja de ser prensa, pues si el periodismo tiene compromiso con algo, es con la verdad, con la libertad y con la democracia.

Por eso es tan relevante para toda la sociedad, y no sólo para quienes nos dedicamos al quehacer periodístico, la iniciativa de Ley General de Comunicación Social y Propaganda Gubernamental aprobada por la Cámara de Diputados, y ahora en revisión por la Cámara de Senadores.

Es una ley que, de acuerdo con los expertos, está plagada de errores, imprecisiones, pero, sobre todo, de lagunas que terminarían en la legalización del carácter discrecional con el que hoy se otorgan los recursos públicos para publicidad oficial, tanto en el nivel federal, como en el estatal y municipal.

Hay casos emblemáticos en todos los estados del país. En Guanajuato, por citar solo un ejemplo, se encuentra el de TV8, una empresa propiedad de Jorge Rodríguez Medrano, la cual surgió y es utilizada por los gobiernos locales para fustigar a los medios que les son incómodos y para halagar y complacer a sus patrones vía generosas columnas y entrevistas a modo en su pantalla.

En todos los estados del país más de la mitad de sus poblaciones cree que la corrupción es frecuente o muy frecuente en sus medios de comunicación.

Medios locales como Newsweek-Guanajuato, Zona Franca, El Otro Enfoque y otros nacionales, como Proceso han documentado no solo los cuantiosos recursos que ha recibido directamente del Gobierno municipal: más de 8 millones de pesos en contratos de publicidad en los últimos tres años; además de que Telecom Nacional S.R.L. de C.V. -la empresa de TV de Cable a través de la cual se transmite la señal de TV8-, ha sido beneficiada por el gobierno municipal de Guanajuato, cuyo titular es Edgar Castro, con el "no cobro" de 84.8 millones de pesos en el periodo que va del 2013 al 2017.

Por casos como el de TV8, la población percibe que los medios de comunicación son mayoritariamente corruptos. Lo que implica que hay, en la percepción de la ciudadanía, cientos, quizá miles, de merolicos que se rentan como testaferros del poder, lo cual daña terriblemente a la prensa, pues mina la legitimidad necesaria para ejercer la crítica y la obligada defensa de las libertades y los derechos humanos.

Al respecto, en la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental, 2017, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) incluye un módulo relativo a la percepción de prácticas corruptas en diversas instituciones, públicas y privadas, y entre ellas, los medios de comunicación.

Saúl Arellano

Los datos son preocupantes: INEGI indica que, como promedio nacional, siete de cada 10 personas mayores de 18 años creen que la corrupción es frecuente o muy frecuente en los medios de comunicación de sus entidades federativas. La entidad con peor porcentaje es la Ciudad de México, donde 81.8% de la ciudadanía tiene esa percepción, y la que tiene el nivel más bajo, que no por ello deja de alarmar, es Coahuila, donde el porcentaje es de 56.6%.

Así, hay 10 entidades en donde siete o más de cada 10 personas consideran que sus medios de comunicación son corruptos: la ya citada ciudad de México, seguida de Puebla, Estado de México, Oaxaca, Nayarit, Querétaro, Quintana Roo, Baja California, Jalisco y Chiapas. Hay 18 estados donde el porcentaje oscila entre 60% y 69%, y únicamente en cuatro (Durango, Tamaulipas, Yucatán y Coahuila), el porcentaje es menor a 60%, pero es superior a 55 por ciento.

Lo anterior puede decirse de esta otra manera: en todos los estados del país más de la mitad de sus poblaciones cree que la corrupción es frecuente o muy frecuente en sus medios de comunicación.

¿Cuántas primeras planas, cuántas entrevistas, cuántas notas son en realidad encargo?

Hay que tomar con suma seriedad esos datos y repensar lo que es el periodismo en México y cómo se desarrolla, pensando fundamentalmente en tres ejes: 1) la relación de los medios con el poder político, 2) la relación de los medios con el mundo empresarial y 3) la relación con los medios de comunicación con la sociedad en su conjunto.

Me atrevo a sostener que el ejemplo de Guanajuato es la constante generalizada en los municipios del país. ¿Cuántos pasquines ha visto en su localidad lanzando loas y flores al gobernante en turno y, al mismo tiempo, calumniando a sus opositores?

¿Cuántas primeras planas, cuántas entrevistas, cuántas notas son en realidad encargo, acuerdos en lo oscurito o parte de jugosos y no tan jugosos contratos publicitarios para evitar la crítica al poder público?

Lo anterior no es una mera ocurrencia. Con los datos del INEGI se puede llevar a cabo un ejercicio de regresión lineal, utilizando como variable explicativa a la corrupción estatal y como variable dependiente a la corrupción en medios de comunicación.

Es hora de revisarnos críticamente y, sobre todo, de cambiar esta realidad.

El resultado es un indicador de 0.694 (valor del "R cuadrado"). Lo anterior significa llanamente que la corrupción de los gobiernos estatales explicaría en prácticamente 70% la corrupción presente en los medios de comunicación.

Decía un clásico que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente. De algún modo, eso ha ocurrido a nivel estatal y municipal; en los últimos años hemos visto surgir y entronizarse a las que son, quizá, las generaciones de gobernadores y alcaldes más corruptas en la historia reciente de México.

Nuestro país necesita una prensa libre en todo el territorio nacional, promotora de los valores democráticos y, sobre todo, defensora de lo que Octavio Paz llamaría la libertad bajo palabra; parafraseándolo: necesitamos una libertad capaz de inventarse y de inventarnos cada día.

A pesar de los logros y casos emblemáticos, o algo se está haciendo muy mal o muchas cosas se están dejando de hacer en el periodismo para que haya esta percepción tan grave entre la ciudadanía. Es hora de revisarnos críticamente y, sobre todo, de cambiar esta realidad, por el bien de México.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.