EL BLOG
23/02/2018 9:03 PM CST | Actualizado 23/02/2018 11:41 PM CST

Mi feminismo radical y la explosión de una burbuja

Getty Images

Mi acercamiento al feminismo fue la burbuja del pensamiento liberal, incluso alguna vez escribí sobre porque todas debemos ser feministas y usar al feminismo como la nueva bandera de liberación de todas las causas oprimidas. Eso tiene poco tiempo, me equivoqué, perdóname Kate Millett.

Durante el tiempo que he escrito abiertamente en redes sociales sobre feminismo he sido víctima de ataques dos veces. Los ataques tienen un claro patrón de bots en Twitter, la primera vez tomaron mi cuenta como objetivo después de haber publicado la palabra "pezones", la segunda vez no recuerdo qué pasó.

En ambas ocasiones me han llegado amenazas de muerte y de violación, la primera vez fue peor porque buscaron entre mis fotos públicas y las usaron para agredirme. Esa primera vez también fue la más lamentable porque secuestraron mi nombre de usuario, mi adorado @feminisan. Lo dejé ir, no sin intentar que la gente que trabaja en Twitter en español hiciera algo para que lo recuperara, no tuve mucho apoyo más que recibir la oferta de "tips para Twittear con seguridad" y un aviso de que mi perfil no cumple con los requisitos para ser verificada.

Después del primer ataque dejé las redes por un tiempo, cerré algunas cuentas, otras las hice privadas. Además cambié de nombre en muchos espacios, sobre todo porque no sabía en qué situación de seguridad estaba. Afortunadamente no pasó de un ataque en línea y poco tiempo después regresé a redes. La segunda vez que me atacaron lo tomé con más calma, desactivé mi cuenta por unos días y activé Block Together, a partir de ahí me dejé de enterar cuándo cuentas desconocidas me mencionan o me atacan.

Hace menos de un año, inspirada por la indignación que me provocó leer a muchos hombres que seguía en Twitter por un caso de acoso sexual callejero en la Ciudad de México, grabé un video con la cámara de mi computadora sobre "el privilegio masculino". Cuando mi video terminó de subirse conocí un mundo nuevo de troles que viven en YouTube, pero para entonces simplemente decidí no poner atención.

Lo que no me imaginaba mientras decidía ignorar estos nuevos ataques era que poco tiempo después me iban a expulsar de un grupo de más de 2000 mujeres mexicanas por mis posturas "transfóbicas". Y antes de seguir aclaro que no tengo ningún deseo de lastimar o que ninguna persona sea lastimada, ni siquiera los proxenetas.

Pero esta historia va por otro lado: cuando me cayó esa etiqueta encima encontré a mujeres que en privado me apoyaron, mujeres con quienes en privado y por grupos secretos de Facebook compartimos nuestras opiniones. También encontré otras mujeres que abiertamente hablan sobre unas de las posturas políticas bajo las que intento basar mi vida: el feminismo radical.

El feminismo radical considera que la opresión de las mujeres proviene de las diferencias sexuales entre hombres y mujeres en la que las últimas pertenecemos a una "casta sexual" inferior a los hombres. Después viene la interseccionalidad de color de piel, estatus social, nacionalidad, y un largo etcétera. Una de las posturas más claras y documentadas del feminismo radical es la eliminación de cualquier sistema que pretenda controlar o explotar los cuerpos de las mujeres, como la gestación subrogada, la pornografía, la prostitución y la criminalización del aborto.

Por un tiempo me sentí tranquila, "empoderada", con nuevas amigas, nuevos espacios y muchas nuevas cosas que aprender, citando a Laci Green: "Como si hubiera escogido la píldora roja".

Pero hace unas semanas me di cuenta que haber tomado la píldora roja del feminismo radical incluía varias otras etiquetas, una de las peores que me han puesto en la vida: "odia putas". Y entonces el hoyo del conejo llegó al final, caí de cabeza y me dolió. Porque no es lo mismo que te ataquen unos troles con capacidades de programación o desconocidos por YouTube, a que te juzguen mujeres de un círculo social similar, en el mismo país, que son cercanas de otras mujeres que conoces en persona.

Existen debates dentro del feminismo, como sucede con muchas otras teorías políticas, filosóficas y sociales. Ana de Miguel, una filosofía y feminista española lo dice de forma muy precisa: "El feminismo desangrándose en debates internos". Es claro que el debate y las opiniones y experiencias de todas las mujeres son más que necesarias, son imprescindibles para construir un feminismo latinoamericano, porque hay muy pocos materiales en español, porque nuestras condiciones no son las de las mujeres en países anglosajones o europeos, porque las experiencias de las mujeres en la Ciudad de México no son las mismas que las de mujeres indígenas.

Pero el debate nunca incluirá utilizar las mismas formas de opresión como la difamación, o el rumor, y el debate no se hace en posts de Facebook o en Twitter o en grupos de WhatsApp. El debate se hace en persona, viéndonos a los ojos, sintiéndonos, entendiendo nuestros contextos individuales y construyendo en colectivas.

Solo así tendremos oportunidad contra nuestra opresión.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.