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07/10/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 07/10/2018 6:00 AM CDT

No sabía que mi “intensidad emocional” era una señal de una enfermedad mental seria

Alexander Spatari via Getty Images

Un diagnóstico puede ser preocupantes, pero revelador y confirmador. Confirma que la vida es dura. Confirma que no estás bien. Confirma que necesitas apoyo.

Solemos oír historias sobre cuántos años de sufrimiento pueden pasar antes de que la gente sea tomada en serio por profesionales de la salid mental. Y para mucha gente, como yo, recibir un diagnóstico puede abrir una puerta para empezar la siguente fase de otro camino largo y difícil.

A principios de año fue diagnosticado con Trastorno de personalidad emocionalmente inestable, también conocido como Trastorno límite de la personalidad. Fue sorprendente y confuso, pues la psiquiatra se rehusaba a diagnosticarme, hasta que se lo pedí. Sin embargo fue mi propia negación lo que reafirmó el estigma y falta de comprensión de quienes vivimos con una enfermedad mental seria. Originalmente fui erróneamente diagnosticado con depresión y era más fácil contárselo a otros, incluyendo familia y amigos, que tampoco habían atinado al diagnóstico.

Por largo tiempo fue obvio que algo estaba "mal", pero me era imposible describir cómo me sentía. Me abrumaban traumas complejos, el estrés del trabajo, sentimientos de vacío y falta de sentido de quién era. Incapaz de sobrellevar los problemas, mies emociones solían ser erráticas. Batallaba para manejar las subidas y bajadas, sucumbiendo a cambios de humor épicos y arranques. Esto se convirtió es un patrón de comportamiento impulsivo y temerario. Y eventualmente resultó en intentos de suicidio, seguido de una admisión en un hospital psiquiátrico. En retrospectiva, era algo que se veía venir.

Aunque no me habían canalizado, sin precauciones busqué en internet para saber más, lo cual no me dio mucha esperanza.

A pesar de mis sentimientos intranquilos estando internado, sabía que era necesario. Ya no era funcional con esta mentalidad caótica. En las visitas médicas hablaba de cómo no confiaba en mí. Y no encontraba la manera de explicar por qué. Cómo me sentía era algo que cambiaba cada hora y cada minuto. Esto no era algo nuevo, pero que se había intensificado los últimos meses. Después me di cuenta de que a causa de eventos recientes. Lo llaman "intensidad emocional". Que es decir poco, pensé. De todas maneras era el inicio de la revelación de un misterio que me había afectado por toda mi vida.

En otra visita con la psiquiatra me explicó lo que significaba ser emocionalmente intenso, en el contexto de los desórdenes de personalidad. En pocas palabras me fue descrito como "la inhabilidad para regular las emociones apropiadamente". Luego dijo que la sensibilidad emocional y el abuso en la infancia eran rasgos comunes, así como el miedo al rechazo y al abandono. Era algo con lo que me identificaba.

Aunque no me habían canalizado, sin precauciones busqué en internet para saber más, lo cual no me dio mucha esperanza. Por ejemplo, entre lo que leí encontré palabras como "controversial, manipulador, furioso, sediento de atención, autodestructivo y sin tratamiento". Y se decía que esas personas "exageraban" o que eran "muy dramáticos", lo que reforzaba estereotipos inútiles. Finalmente tuve una fuerte impresión de que los desórdenes son una anomalía en el mundo de la psiquiatría. Un enigma, quizás. Incomprendidos. Dejé de buscar información y concluí que solo son nombres para describir una serie de síntomas comunes. Eso es todo. Lo que me importaba es que todo lo que había experimentado y seguía experimentando había sido identificado. No desechado. Sino comprendido. Y finalmente así es.

Este blog apareció originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido, ha sido editado y fue traducido por Víctor Santana.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.