EL BLOG
31/08/2016 1:53 PM CDT | Actualizado 12/10/2016 4:06 PM CDT

Parte 1: Sexto piso, envejecer no es para cobardes

Una dama no debe decir su edad, escuchamos con frecuencia, pues bien, yo la digo: acabo de cumplir 58 años. Soy una "late baby boomer" y como en mi generación, los nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, ha aumentado considerablemente el promedio de expectativa de vida toca prepararme para entrar oficialmente al tercer tercio de la arena con un programa antienvejecimiento que se llama Cenegenics, de eso será el blog que comienzo hoy.

Daniel Munguí­a
Rossana Fuentes-Berain decidió que como regalo personal de cumpleaños de este 2016 iniciaría un tratamiento antienvejecimiento, preparándose así para llegar a su sexta década de vida. Llevará este diario público como registro del proceso.

"Envejecer no es para cobardes" dijo un día el poeta Tomás Segovia en una comida de amigos mayores. Tiene razón. De acuerdo a una encuesta de la firma Parametría, nueve de cada 10 mexicanos pensamos que los adultos mayores tienen dificultades para cubrir sus necesidades básicas porque no se han preparado para ello.

No quiero ser parte de esa estadística, así que en el viaje de preparación me embarco.

Siempre viví entre gente con más años que yo, soy la última hija de una pareja añosa, la más joven de la clase, la primera chiquilla editora en un periódico de finanzas... Mi mundo era el de los adultos así que no es inusual que en mi círculo de amigos cercanos haya quien me llevara 15 años o más, hasta que de repente los años empezaron a pasar para todos.

A algunos de ellos los he visto adelantarse en el viaje final y yo, pues me volví la persona con más años en el cuarto. Interesante que me empezaron a decir "señora", "doctora", o a cambiar el tono de la conversación cuando llegaba.

En tanto así sucedía en una de las orillas de mi vida, la laboral y ahí empecé a ver el reto de convivir con la generación llamada millenials, los menores de 35 años. En la otra orilla, la personal, el cambio no fue de afuera hacia dentro sino al revés. Mis amigas y yo dejamos de hablar de planes de muy largo lazo, de sueños sin fecha fija y, sobre todo, dejamos de hablar de galanes ... ¡para hablar de galenos!

Así las cosas mi colega Rosario Avilés insistió en compartirme un tratamiento en el que ella y su esposo José Luis estaban, un proceso médico basado en seis pilares: clínica, genética, nutrición, vitaminas y hormonas, ejercicio físico y mental.

Mis amigas y yo dejamos de hablar de planes de muy largo lazo, de sueños sin fecha fija

Decidí que como regalo personal de cumpleaños de este año iniciaría el tratamiento, preparándome para llegar a mi sexta década de vida y que llevaría este diario público respecto al mismo. ¿Por qué? Primero simple y llanamente porque quiero y puedo, pero si buscamos un pliegue de corrección política, por el posible valor de registrar la travesía debido a dos elementos de interés social: México multiplicará por 10 su población de adultos mayores en la siguiente década y además tiene una epidemia de obesidad en toda su pirámide demográfica, enfermedad que yo he padecido toda mi vida y que si no logro controlar en este último trecho tendrá consecuencias probablemente mórbidas.

Ana María Olabuenaga, la emperatriz del impacto efímero, acuñó dentro de la campaña de El Palacio de Hierro una frase que suscribo en este contexto: "Si me preguntas mi talla prefiero decir mi edad". Así las cosas, además el tema del envejecimiento no se reduce a la acumulación de grasa y pérdida de masa muscular, muchos otros fenómenos confluyen: los tejidos, todos, empiezan a perder firmeza; los huesos a volverse frágiles; el cabello a adelgazarse; los órganos a deteriorarse; la memoria a esfumarse.

'Envejecer no es para cobardes' dijo un día el poeta Tomás Segovia en una comida de amigos mayores

Los tratamientos antienvejecimiento se dividen entre los basados en evidencia científica como Cenegenics, que han probado ya en múltiples estudios de universidades como Harvard que, de seguirlos integralmente, el resultado puede ayudar a un doble fin: tener una mejor salud y prolongar considerablemente, hasta en dos décadas, la expectativa promedio de vida. Y los de naturaleza experimental, aquellos que aún no tienen esa evidencia científica pero están siendo probados. Peter Diamandis, de Singularity University, nos compartió el suyo (esencialmente lleva a cabo una prueba genética y de ahí parte para diagnósticos), y el doctor Alexander Zhavoronkov, de Insilico Medicine, fue citado por The Economist en una nota de portada reciente dedicada al tema de consecuencias económicas, políticas y sociales, pero sobre todo personales del aumento en las expectativas de vida. Yo me voy a la segura por el primero.

Mi tratamiento personal comienza hoy, 1 de septiembre. Me haré los primero los exámenes, me sumaré a 35 mil pacientes de esta clínica de élite a nivel mundial (Londres, Nueva Delhi, Bangalore, Chicago, Nueva York, Las Vegas...) donde se busca prevenir y corregir tempranamente posibles enfermedades relacionadas con la edad.

En el registro, las reflexiones alrededor de mi proceso de medicina preventiva frente al paso de los años, ese fenómeno que es el más incluyente de todos, que no tiene barreras de género o procedencia. Será un gusto gozar en esta aventura de tu compañía y, si lo deseas, de tus propias ideas y experiencias al respecto. Vamos pues junt@s en el elevador de la vida rumbo al sexto.