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08/12/2017 2:00 PM CST | Actualizado 08/12/2017 4:42 PM CST

La polémica sobre las traducciones españolas que se aclaró en la FIL de Guadalajara

Héctor Guerrero/Bloomberg via Getty Images

Justo en este mes, cuando la literatura nacional y mundial organiza una de sus fiestas más importantes en nuestro territorio, la FIL de Guadalajara, surgió una fuerte polémica por la publicación de una lista de títulos de libros traducidos, a propósito del día de San Jerónimo (30 de septiembre), para celebrar, de paso, la visibilidad del traductor literario.

La controversial lista apareció en librotea, la sección de recomendaciones literarias del diario español El País. Estas son las obras y sus autores, es decir, sus traductores.

Lolita, Vladimir Nobokov. Traducción de Francesc Roca.

La asesina, Alexandros Papadiamantis. Traducción de Laura Salas Rodríguez.

El largo adiós, Raymond Chandler. Traducción de José Luis López Muñoz.

El Rodaballo, Günter Grass. Traducción de Miguel Sáenz.

La Divina Comedia, Dante Alighieri. Traducción de Luis Martí­nez de Merlo.

El difunto Matías Pascal, Luigi Pirandello. Traducción de Miquel Edo.

El gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Traducción de Fernando Gutiérrez.

La Iliada. Traducción de Agustín García Calvo. La Odisea. Traducción de José Manuel Pabón.

Sensatez y sentimiento, Jane Austen. Traducción de José Luis López Muñoz.

La señora Bovary, Gustave Flaubert. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia.

El rey se inclina y mata, Herta Müller. Traducción de Isabel García Adánez.

Amor, duelo, contradicciones, Erich Fried. Traducción de Jorge Riechmann.

Jules, Émile Bravo. Traducción de Fabián Rodríguez y María de la Serna.

Middlesex, Jeffrey Eugenides. Traducción de Benito Gómez Ibáñez.

Las estaciones del comisario Ricciardi, Maurizio de Giovanni. Traducción Celia Filipetto.

Viajes con Heródoto, Ryszard Kapuściński. Traducción de Agata Orzeszek.

Bilbao-New York-Bilbao, Kirmen Uribe. Traducción de Ana Arregi.

Mi padre es mujer de la limpieza, Saphia Azzeddine. Traducción de Begoña Díez Zearsolo.

A menos que sea usted un erudito o experto en el tema, si usted es mexicano, querido lector, posiblemente las obras o los autores extranjeros en sí mismos le dirán un poco o un mucho más que los nombres de los autores españoles (entre ellos una argentina que vive desde hace mucho tiempo en España) de las traducciones literarias que, casi con certeza, en realidad no le dicen nada ni le suenan de nada.

Quiero pensar que esto es así porque las mencionadas traducciones literarias fueron realizadas, pensadas, escritas y dirigidas por y para españoles. Quiero pensarlo así porque la lista apareció en un medio español y no hay en ella nada que indique de manera específica que es una especie de extracto representativo del mundo de la traducción literaria hispanoamericana... a no ser por la frase "traducciones canónicas" con la que se cabecea el título.

La polémica y la exacerbación a partir de ese adjetivo, pues.

Lo leí. Carlos Fortea, el presidente de la Sección Autónoma de Traductores de Libros de la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE Traductores), el responsable en principio de la elaboración de la lista, estaría en la FIL, cuya ciudad invitada de honor este año fue Madrid.

En la gran ágora negra montada en la estancia principal de la Feria, Fortea moderó la mesa "El español desde las dos orillas", una en donde, se suponía, se hablaría de la experiencia de traductores literarios de ambos lados del atlántico. "Aquí faltan los colegas de la otra orilla" se lamentaron los ponentes.

Hasta que pasó algo. En medio de la ponencia, en realidad charla, entre las anécdotas de Pilar Adón sobre las palabras y los términos que le enseñó su abuela, de Ávila, que en un momento dado tuvo que alejar de su habla y quehacer cotidianos para que el contexto madrileño no la viese demasiado ajena y lo extraño que ve cómo a un escritor se le permite todo (llevándose todos los créditos visibles) mientras al traductor literario, por el contrario, se le impide todo (condenándolo, además, a la invisibilidad). Entre los recuerdos de Miguel Sáenz sobre la erudición de Salman Rushdie (más allá de la famosa condena a muerte sobre el autor) y la curiosa anécdota en donde tuvo que recurrir a una mexicana radicada en Nueva York para traducir una hermosa imagen en donde se veían involucrados barricas de tequila y un pueblo típico mexicano, surgió de pronto del público una cuestión para Fortea:

Quisiera preguntarle sobre el canon de traducciones españolas que acaba de publicarse recientemente en El País, ¿qué nos puede decir al respecto?

"Lo primero que tengo que decir es que me alegra mucho la pregunta, porque me da ocasión de deshacer un grotesco malentendido.

En torno al 30 de septiembre, yo recibí una llamada telefónica de una página de recomendación de libros, en la que me pedían que hiciéramos una lista de traducciones recomendables. Le comenté (a quien me había hecho la llamada) que yo no podía hacer eso como presidente de mi asociación. Que lo que, en todo caso, yo iba a hacer, era reenviar la pregunta a mis compañeros; que fueran mis compañeros los que libremente elaboraran una lista y que la lista se publicara tal como ellos la hicieran. Y así fue.

Lo que pasó es que en el momento de la publicación, desdichadamente, la página de recomendación de libros no la tituló Traducciones recomendadas para San Jerónimo, que es lo que nosotros habíamos hecho, sino que la tituló Un canon de traducciones al español. Lo que nunca pretendió ser. Lo que nunca hubiera podido ser.

En primer lugar, si a nosotros nos hubieran pedido un canon, nosotros nos hubiéramos negado a hacerlo, porque hacer un canon de traducciones es casi imposible.

Uno puede encontrar una novelita de quiosco, maravillosamente bien traducida, que no pueda ser incluida en el canon por culpa del original. Y uno puede encontrarse con que está incluyendo en el canon de traducciones a libros cuyo mérito principal es el original y no la traducción, con lo cual, la interferencia es tal, que, ¡jamás hubiéramos hecho un canon!

Y si hubiéramos hecho un canon, le hubiéramos dicho (al que me hizo la llamada) "te contesto dentro cuatro meses", cuando hubiéramos tenido el tiempo de preparar esto debidamente.

Con lo cual, no es esto más que la historia de un gigantesco malentendido que nos ha dado muchos dolores de cabeza porque, lo malo de las redes hoy en día, lo malo de internet, es que cuando una noticia salta, tres minutos después ya ha dado la vuelta al mundo.

Un desmentido ya es inútil, pues de inmediato todo mundo cree que es un intento de rectificación y no lo que realmente hubiera sido: una aclaración.

Esto no fue más que un error. Nosotros nunca hicimos un canon. La lista que se publicó es elocuente de que no es un canon, en el sentido de que hay libros heterogéneos completamente, que tienen muy diferentes categorías dentro de la literatura y esto fue así porque no fue sino tan solo una lista de recomendaciones para que se tuviera una idea de la literatura traducida al español que se lee y nada más".

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.