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10/09/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 10/09/2018 6:00 AM CDT

La peligrosa ignorancia sin importancia

¿Pueden llevarse todas las políticas públicas a referendo? AMLO parece creer que sí.
Stringer . / Reuters
¿Pueden llevarse todas las políticas públicas a referendo? AMLO parece creer que sí.

Uno viene a este mundo siendo un completo ignorante y, con toda seguridad, morirá casi siéndolo. No obstante, si durante el trayecto de esto que llamamos vida tenemos la oportunidad de aprender ciertas y variadas cosas que, evidentemente, antes desconocíamos, ¿por qué no aprovechar tal fortuna, tal privilegio? ¿Por qué no compartir sabiduría y conocimientos nuevos en aras de dejar este mundo siendo un poco menos ignorantes?

Hace no pocas semanas escuché por la radio a Pamela Cerdeira, locutora a la que admiro, hablar sobre "el contagio del VIH". Han pasado más de treinta años desde que un minúsculo puñado de activistas homosexuales comenzaron una titánica batalla en contra del prejuicio y el estigma contra dicha comunidad a propósito de esta pandemia. Y por eso mismo da una enorme tristeza observar que en pleno siglo XXI seguimos sin aprender a diferenciar un contagio de una infección, con la gigantesca distancia que existe entre ambos universos. Aclaro que Cerdeira no es la única que ha caído en esta generalizada confusión propagada desde un micrófono.

Por esos mismos días leí una columna, "Doble fondo", de Juan Pablo Becerra Acosta, quien tituló su colaboración en Milenio Diario ¿Yo qué sé de aeropuertos como para votar?

Como todos los que de manera cotidiana leemos parte de la prensa nacional, sabemos que un tema de actualidad es el debate en torno al proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México y el matiz altamente político que ha adquirido a propósito de las intenciones del próximo presidente de la República de poner dicho proyecto a consulta popular o a una especie de referéndum.

Cual si viviésemos en un pueblito perdido, olvidado y gobernado por un padrecito de medio pelo que aún lucha para que sus feligreses, todos los habitantes del pueblito, no se enteren de que la rueda existe.

Con ironía, Becerra Acosta plantea en gran parte del cuerpo del texto una serie de preguntas muy técnicas relacionadas con un complejo proyecto aeroportuario que solo algunos ingenieros y gente experta podrían contestar. El pequeño corpus terminológico es tal que termina jalándole las orejas a AMLO en el sentido de que si persiste en llamar a las urnas a ciudadanos que nada saben de proyectos como el mencionado, al final va a tener que hacer lo mismo con cada una de las decisiones que tome, incluyendo el ya propuesto sobre el tren Maya.

Ahora bien, ignorancias aparte, poco antes de rematar su texto, en un párrafo insinúa que, a pesar de que los ciudadanos son en definitiva ignorantes en relación con el complicado mundo ingenieril arriba aludido, en el fondo no todo está perdido y vislumbra una salida para esas consultas populares presidenciales en otros temas en donde naturalmente la gente al parecer no es para nada ignorante, todo lo contrario: la legalización de las drogas, eutanasia, matrimonio entre personas del mismo sexo, armas y pena de muerte.

Está de más decir que casi escupo el café mientras leía. Es decir, para Becerra Acosta la gente no está ni de cerca preparada para opinar sobre ningún aeropuerto, pero está más que preparada, es expertísima, para decidir sobre la vida de otras personas (cual si viviésemos en un pueblito perdido, olvidado y gobernado por un padrecito de medio pelo que aún lucha para que sus feligreses, todos los habitantes del pueblito, no se enteren de que la rueda existe).

Las personas, los mexicanos, según Becerra Acosta, sabrían decidir perfecta y absolutamente todo sobre el mundo de las drogas y sus consumidores, y el negocio, y las transacciones de los cárteles, y las relaciones de poder en ese organizado mundo, y los efectos específicos de cada una de las mismas en el organismo, y las composiciones químicas de las substancias, y las rutas, y los trasiegos, y los mercados financieros a los que impacta, y los beneficios médicos que tienen y los efectos secundarios que provocan ... en fin, todo.

Las personas también sabrán decidir sobre la muerte digna de otras personas porque son expertas en el área médica correspondiente, en tanatología, en el indescriptible dolor por cáncer terminal, en las decisiones independientes de querer irse de este mundo en condiciones aún plenas y conscientes, en los métodos paliativos y sus altos costos, en los estados en donde la persona ha dejado de ser persona, en el infinito dolor de familiares y amigos y ... en fin, en todo.

Las personas también son muy estudiadas y están perfectamente capacitadas para votar sobre los derechos humanos de otras personas (sí, como en las épocas del Apartheid en la Sudáfrica de antes de 1992), decidir sobre quién tiene derecho a la seguridad social, a la pensión por viudez, a créditos conjuntos, a tener hijos y registrarlos en la escuela que se elija, a casarse y a decidir el pacto amoroso y sexual con el que habrán de manejarse en la vida... en fin, para todo.

A ojos de Becerra Acosta, una mayoría en apariencia heterosexual puede ser consultada sobre si las parejas del mismo sexo deben de tener los mismos derechos que el resto de las parejas, sobre si deben de tener los mismos derechos, pues, que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos nos otorga a todos por igual por el simple hecho de haberse naturalizado acá o por haber nacido en nuestro país.

No pocos hemos luchado gran parte de nuestra vida para erradicar ciertas ignorancias y grandes prejuicios que, al final del día, alimentan todos los días a la asesina discriminación.

Las personas tienen también, faltaba más, todos los elementos para opinar sobre las armas y sobre la pena de muerte, tal como en su momento lo hizo un partido político que supuestamente defendía o defiende la vida de los animales. Ya ven que en México se aprende sobre estas especialidades desde que uno ingresa al kínder; pan comido, somos expertos... en fin, en todo.

No pocos hemos luchado gran parte de nuestra vida para erradicar ciertas ignorancias y grandes prejuicios que, al final del día, alimentan todos los días a la asesina discriminación. No obstante, a décadas de lucha, tal parece que se insiste con renovados bríos, incluso desde los tradicionales medios de comunicación, en que la añeja ignorancia siga siendo la nueva sabiduría.

El líder real de Morena y próximo presidente del país debe de sentirse muy contento de haber aventado el polvo y de haber encontrado quien lo mordiera. Debe de estar sonriendo al leer opiniones como la de Becerra sobre esas realidades y asuntos sin importancia. La más pura de las inocentes perversiones. Seguramente ya debe de estar consultando ciertas cosas con su dedito.

¡Qué peligro! Evidentemente, se me enfrió hasta el café.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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