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13/07/2018 7:40 AM CDT | Actualizado 13/07/2018 8:43 AM CDT

Croacia y el tiempo de revancha en el Mundial

EFE/EPA/PETER POWELL
Vida, Ivan Rakitic y Mario Mandzukic, de Croacia, celebran el triunfo ante Inglaterra.

A la selección croata ahora la acompaña el anhelo de una gran parte del orbe casi siempre marginado: disputar la final de la Copa del Mundo de Rusia con la expectativa de hacerse de un lugar en el exclusivo club de naciones que han acaparado el trofeo de campeón. Y del que el otro finalista, Francia, ya posee uno.

En 1991 el pueblo croata comenzó una lucha que culminó cuatro años después con su reconocimiento como una nación independiente de la extinta Yugoslavia y esos años marcaron la infancia de la mayor parte de sus actuales jugadores, que han hecho del concepto de resistencia su motor en la justa mundialista.

Tres partidos con la necesidad de tiempos extra, y dos de ellos con definiciones por tiros penales, fueron un duro camino para los croatas, que a pesar de tener en las piernas más minutos de juego, en la prórroga ante los ingleses mostraron mejor condición física; su premio fue el gol con el que Mandzukic sentenció la serie sin la necesidad de otra tanda de penales.

A pesar de tener en las piernas más minutos de juego, en la prórroga ante los ingleses mostraron mejor condición física.

Ese gol dio la vuelta al mundo por las imágenes irrepetibles de un festejo que trascenderá el tiempo al ser el sello de la que es la mejor generación de futbolistas croatas, que ya superaron el tercer sitio de sus antecesores de Francia 1998, eliminados entonces en las semifinales ante el poderoso cuadro galo.

El camino no solo ha sido complicado en el campo, cuando afuera surgen críticas al grupo por su nacionalismo. Los medios buscan pistas de festejos fascistas, dichos y gritos que salgan de las humanidades de Mandzukic, Luka Modric o Ivan Rakitic, quienes dejan sus propias diferencias a nivel de clubes -el primero es de la Juventus, el segundo del Real Madrid y el tercero del FC Barcelona, los tres con grandes rivalidades entre sí en Europa- para ser como los dedos de una mano que al contraerse son fuertes como un puño con el resto de sus compañeros un tanto más distantes de los principales aparadores mediáticos.

La selección croata apela a su espíritu de lucha para alimentar el sentimiento de pertenencia de poco más de cuatro millones de pobladores, que acompañan sus victorias con gritos de nombres de personajes que fueron considerados héroes en los 90 en esas batallas por su separación de Yugoslavia. Esas reacciones provocan estupor en muchos que se quejan de que hay tintes fascistas tanto en jugadores como en fanáticos... Ellos no esconden el orgullo de estar en el campo con la oportunidad de darle a una nación tan joven su primer título del mundo.

Tres partidos con la necesidad de tiempos extra, y dos de ellos con definiciones por tiros penales, fueron un duro camino para los croatas.

El escollo final es Francia, con una historia como nación que los ha llevado a tener a lo largo de los siglos a la monarquía y la república como formas de gobierno. También entre sus jugadores resaltan sus propias luchas personales al ser varios descendientes de inmigrantes africanos que se forjaron en condiciones adversas.

El centrocampista N'Golo Kanté, el corazón galo en el campo, cuenta una de las mejores historias cuando en su infancia tuvo que recoger basura en las calles de su natal París para ganar dinero mediante el reciclaje antes de hacer del futbol su medio para vivir. Ahora es una de las joyas más cotizadas del orbe y el Chelsea deberá hacer grandes esfuerzos económicos para no perderlo ante los abiertos intereses del PSG y el Real Madrid.

Francia se convirtió en 1998 en la séptima nación que obtuvo la gloria de ser monarca mundial (Brasil, Alemania, Italia, Argentina, Uruguay, Inglaterra y España, hasta 2014, también han ganado el cetro). En Rusia fueron el único de los miembros de la burguesía del balompié que no sucumbió ante las sorpresas, como sucedió con Alemania (eliminada en fase de grupos) y España (que perdió ante la desfavorecida local Rusia); crece su anhelo con una generación liderada por el adolescente Kylian Mbappé (19 años) para comenzar con un dominio en el orbe con un cuadro que luce adelantado a su época y que puede marcar una era dorada comenzando con un título el domingo.

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