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28/07/2018 8:33 AM CDT | Actualizado 30/07/2018 8:47 AM CDT

El cambio en la relación México-Canadá que está provocando Trump

Reuters
Reunión de Chrystia Freeland, canciller de Canadá, con Andrés Manuel López Obrado, virtual presidente electo de México.

Las relaciones entre México y Canadá, por lo general, no se han caracterizado por ser particularmente complejas y emocionantes. El hecho de no compartir una frontera común explica que no existan áreas de conflicto entre ambas naciones, como sí las existen entre México y Estados Unidos, o entre este último y Canadá. Además de los temas comerciales en el marco del TLCAN, o los esquemas de trabajo temporal, hay pocos puntos en la relación México-Canadá que representen áreas de interés vital para alguno de los dos socios.

Quizá todo esto podría cambiar con la presidencia de Donald Trump, quien ha empujado a los tres socios de América del Norte a sentarse a renegociar el TLCAN y ha creado tensiones comerciales a través de la imposición de aranceles al acero y al aluminio. A pesar de lo desastrosa que puede resultar la administración Trump (para la integración norteamericana, las instituciones internacionales o la alianza atlántica), la nueva política exterior estadounidense abre la puerta para que países como México y Canadá replanteen sus estrategias y reformulen alianzas.

Precisamente, la visita que Chrystia Freeland, Ministra de Exteriores de Canadá, realizó a México el miércoles pasado podría indicar un cambio de esta naturaleza.

El TLCAN es la única plataforma que ayudaría a América del Norte a competir con China, los países del sudeste asiático o la Unión Europea.

Caeré en un lugar común y diré que es muy positivo que tanto Canadá como México anuncien que mantendrán la negociación del TLCAN por la vía trilateral. Intentaré desmenuzar el porqué. Sin los tres socios, el TLCAN dejaría de existir y esto generaría incertidumbre en mercados y en los sectores que se han beneficiado de la integración regional.

Más que reglas arancelarias, el tratado es un marco que da certeza jurídica y política a inversiones de largo plazo. Más aun, el TLCAN es la única plataforma que ayudaría a América del Norte a competir con China, los países del sudeste asiático o la Unión Europea.

El cambio político que representan las declaraciones de Freeland y de sus contrapartes mexicanas es digno de comentarse a fondo. Sobre todo, porque la administración Trump frecuentemente ha mencionado que no descarta la posibilidad de un acuerdo bilateral con Canadá y, más recientemente, ha dejado flotar la idea sobre un posible acuerdo con México. Aunque es una estrategia de negociación muy característica del estilo Trump, refleja, hasta cierto punto, el estilo de hacer diplomacia que ha predominado en Norteamérica durante las últimas décadas.

El gobierno electo debe estar consciente que Canadá también se las está viendo negras frente a Trump.

En este sentido, debe ser prioritario para la agenda del gobierno electo llevar la relación con Canadá hacia un nuevo camino, con más cooperación y con más concertación política. A pesar de que han existido mecanismos de concertación trilateral de alto nivel, como fue la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad en América del Norte (ASPAN) y, ahora, la Cumbre de Líderes de América del Norte, las negociaciones siempre se han llevado por la vía bilateral. En gran medida, porque los canadienses -con justa razón- buscaban que su propia agenda bilateral no fuera afectada por los problemas de la relación México-Estados Unidos.

La cercanía con Canadá tuvo un nuevo impulso durante los primeros años de la administración de Peña Nieto y culminó con la eliminación del requisito de visas para mexicanos. De aquí en adelante, debemos profundizar y ampliar ese tipo de acercamiento.

Sobre todo, el gobierno electo debe estar consciente que Canadá también se las está viendo negras frente a Trump. Los aranceles al acero y al aluminio han sido particularmente dolorosos para la economía canadiense. Canadá es el principal proveedor del acero que importa EUA y 30 mil empleos canadienses dependen de dicho comercio.

México debe tomar en cuenta la presión política que existe sobre el gobierno canadiense para entender mejor cómo elaborar una estrategia diplomática que permita mantenerlos en la vía trilateral.

Ahora, con la renegociación del TLCAN, Trump ha redoblado los ataques retóricos contra las importaciones de leche, huevos y pollo canadienses. Este sector, sobre todo el lechero, tiene un gran poder político y económico en Canadá, por lo que Trudeau se verá entre la espada y la pared. México debe tomar en cuenta la presión política que existe sobre el gobierno canadiense para entender mejor cómo elaborar una estrategia diplomática que permita mantenerlos en la vía trilateral.

Dos de las opciones con mayor potencial para la relación con Canadá durante los próximos años de la era Trump son la cooperación en temas migratorios y la coordinación en el seno de las instituciones multilaterales. Por un lado, podríamos ampliar el Programa de Trabajo Agrícola Temporal -que lleva más de 4 décadas en funcionamiento- y diseñar nuevos esquemas de movilidad laboral en otros sectores prioritarios.

Por otro lado, Canadá comparte nuestra preocupación por mantener la vigencia y fortaleza de instituciones internacionales como la ONU frente a los embates de la administración Trump. Esta debería ser una prioridad del nuevo gobierno y deberíamos ser capaces de buscar aliados para formar frentes comunes.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la del HuffPost México.

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