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07/11/2018 5:42 PM CST | Actualizado 08/11/2018 1:49 PM CST

La importancia de vigilar cómo se dará el reemplazo de José Ramón Cossío Díaz en la Suprema Corte

SCJN /CUARTOSCURO.COM
El ministro José Ramón Cossío Dí­az, en sesión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación el 10 de julio de 2017. FOTO: SCJN /CUARTOSCURO.COM

A escasos días de que el aún presidente Enrique Peña Nieto envíe su propuesta de terna al Senado para así iniciar el proceso de designación de la persona que reemplace al actual ministro saliente, José Ramón Cossío Díaz, el pasado 24 de octubre un grupo de organizaciones de la sociedad civil, presentamos la conformación de un panel internacional de personas expertas independientes que evaluarán la designación.

La falta de confianza, de legitimidad, de rendición de cuentas, de transparencia, tanto del proceso como de un perfil realmente capaz, que goce de una alta independencia, autonomía e imparcialidad, son factores que han impulsado la creación de un panel que pueda opinar y recomendar tanto al Ejecutivo como al Senado, buenas prácticas en los procesos de designación en altas cortes. Debido a que en México estos se desarrollan con la ausencia de los elementos mencionados y sin la certeza que este tipo de designaciones deberían tener, lo que compromete la democracia, el ejercicio de nuestros derechos y la independencia judicial.

El panel conformado por Catalina Botero, Carlos Ayala Corao y Macarena Sáez, tres grandes especialistas en derecho constitucional, derecho público, Sistema Interamericano de Derechos Humanos, acceso a la justicia y demás temas, en su primer comunicado de fecha 1 de noviembre, han recomendado al Ejecutivo federal que se apegue a los más altos estándares internacionales desarrollados en la materia. Entre las cuales se propone que el proceso se abra para que la sociedad civil e instituciones académicas puedan participar en el proceso.

Es de suma importancia que la terna enviada por el Ejecutivo sea exclusivamente conformada por mujeres.

Esto abonaría a una democracia participativa e inclusiva, así como a generar contrapesos a las decisiones tomadas por ambos poderes que llevarán el proceso de designación.

Esta designación sucede en un contexto sin precedentes, en un momento de transición, la hegemonía de un partido termina y un gobierno de izquierda llega al poder, con un Congreso reconfigurado en ambas cámaras donde el partido del presidente electo tiene las mayorías. Con un ministro saliente que se ha caracterizado por ser de índole liberal, garantista, progresista, que gran parte de su postura dentro de la Corte ha sido el reconocer y garantizar los derechos humanos.

La conformación por género de la Suprema Corte actualmente es a todas luces desigual, donde apenas dos de las once personas que la conforman son mujeres, y una de ellas también termina su mandato a inicios del próximo año. Por lo que es de suma importancia que la terna enviada por el Ejecutivo sea exclusivamente conformada por mujeres, siguiendo la política de igualdad que ha caracterizado la conformación del Congreso y las Secretarías bajo este gobierno en transición.

Ante este contexto y ante la evidencia histórica en las designaciones, es que nace la necesidad de crear contrapesos ante las decisiones que tomen los poderes del Estado; la importancia de abrir nuevos canales de comunicación hacia y para la sociedad en general, donde a través de la transparencia, el acceso a la información y la rendición de cuentas se sustenten las decisiones tomadas. Y estas no sean al arbitrio y discreción de cúpulas que han corrompido la confianza de una sociedad lastimada en sus derechos, perdiendo así gran parte de su legitimidad.

Si bien las opiniones y recomendaciones que haga este panel independiente no son de carácter vinculatorio, el presidente y el Senado no deben ser ajenos a lo que se emita en el transcurso del proceso. Deben valorar cada una de ellas y en caso de no retomarlas, partiendo del principio de buena fe, que funden y motiven las causas por las que decidan no aceptar lo que el panel mencione.

A escasas semanas de la designación, la moneda está en el aire.

El carácter vinculatorio sobre el panel, que decidan tener tanto el Ejecutivo como el Senado, será de índole moral. La forma en que conduzcan la designación revelará el grado de compromiso y voluntad para abrir este tipo de procesos y para incluir elementos que fortalezcan la democracia y las instituciones del Estado.

A escasas semanas de la designación, la moneda está en el aire. La dirección que llegue a tomar la Suprema Corte será un reflejo y consecuencia de las decisiones que tome el senado a partir de la terna enviada por el Ejecutivo.

Activar la democracia significa apertura en los procesos, incidencia, participación de la sociedad civil, de la academia, de la sociedad en general. Significa que el gobierno nos rinda cuentas de las decisiones que se toman, significa una comunicación asertiva y recíproca en la cual no imperen los intereses de unos cuantos y el eje central sea el bien e interés común.

Mientras las designaciones sigan obedeciendo a intereses políticos, la democracia se verá mermada en sus alcances y ejercicios, por lo que este panel pretende es justo generar un contrapeso, como un tercer actor de incidencia a través de pronunciamientos imparciales. Que también por otro lado puedan coincidir con las acciones y decisiones que tome el presidente como el Senado.

El escrutinio público es un derecho que como sociedad tenemos. En ese sentido la vigilancia, acompañamiento y observación de las designaciones será siempre meticulosa, rigurosa y precisa, buscando siempre fortalecer los procesos, los perfiles y las instituciones, y que a través de ello, podamos gozar a plenitud nuestros derechos de una forma justa.

Son una pluralidad de ojos observando y voces pronunciándose en este proceso, y así, existe una gran responsabilidad en la designación. La incógnita es, ¿cómo se conducirán ante ella?

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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