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22/01/2019 9:00 AM CST | Actualizado 22/01/2019 9:51 AM CST

¿Para cuándo los abrazos?

Cuartoscuro.com
Bien lo ha dicho el mismo presidente López Obrador: "No vamos a apagar el fuego con el fuego".

La victoria electoral del candidato presidencial de los "abrazos, no balazos" en julio del año pasado, depositó en muchos mexicanos la esperanza de que la medida "temporal" de la militarización de la seguridad pública pronto llegaría a su fin. Sin embargo, el 16 de enero de este año esta esperanza se desplomó por completo cuando el Congreso aprobó la creación de la Guardia Nacional y, por tal, la reforma de 13 artículos constitucionales.

La creación de la Guardia Nacional básicamente significa la consolidación de la militarización de seguridad pública. En otras palabras, volver permanente lo que desde las últimas dos administraciones mal llamaron una medida "temporal".

Aunque se ha manifestado que la Guardia Nacional se basará en un mando mixto, la parte operativa sigue recayendo sobre el ejército. Esto nos garantiza lo siguiente: la seguridad seguirá siendo conducida por una institución que ha sido adiestrada para combatir a un enemigo externo. Es decir, el ejército opera bajo una lógica de guerra, la cual hace uso de la fuerza letal y violencia brutal para someter al enemigo -y donde los derechos humanos tienen un papel poco o nada relevante-. El general Cienfuegos manifestó lo anterior cuando señaló que "ninguno de los que estamos aquí estudiamos para perseguir delincuentes. No es nuestra idea, nuestra profesión es otra, y se está desnaturalizado".

La militarización de la seguridad pública ha resultado en más personas muertas y desaparecidas.

La evidencia recopilada en los últimos doce años es prueba de ello: la militarización de la seguridad pública ha resultado en más personas muertas y desaparecidas, más violaciones a derechos humanos, más violencia, menos seguridad y menos paz.

Continuar la estrategia de militarización –bajo cualquier nombre con el que se le presente– significa dotar de más poder a las fuerzas armadas y reducir el fortalecimiento de nuestras instituciones civiles, las cuales son parte fundamental de una república democrática. En este sentido, se ha mostrado que aquellos países con regímenes menos democráticos se caracterizan por tener seguridad militarizada, mientras que los regímenes más democráticos se valen de una seguridad basada en mandos civiles.

Por otra parte, apostarle a la militarización de la seguridad pública es ignorar la evidencia de los últimos doce años. Esta evidencia recientemente fue presentada en las audiencias públicas en las que participaron sociedad civil, autoridades locales y estatales, organismos internacionales y académicos. Durante estas, el posicionamiento de la gran mayoría de los ponentes fue que la Guardia Nacional no favorece la seguridad pública, ni es una medida que fomente justicia y paz. Por el contrario, debilita a las instituciones civiles, socava el federalismo, continúa pervirtiendo la naturaleza de las fuerzas armadas y refuerza la estrategia responsable de la crisis de derechos humanos por la que actualmente atraviesa el país.

Aunado a este posicionamiento, recordemos que la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró como inconstitucional la entonces Ley de Seguridad Interior en noviembre del año anterior. Este fallo mandó un mensaje claro y contundente: el Congreso no tiene las facultades para legislar sobre temas que pueden afectar a la seguridad pública y el ejército no puede funcionar como garante de la seguridad pública, esto solo es posible en situaciones excepcionales.

En síntesis, si realmente se busca superar la crisis de seguridad y violencia, es indispensable un serio proceso de reflexión en el que se tome en cuenta la evidencia y se escuche a las víctimas, de lo contrario, estaremos condenados a más violencia y más sufrimiento. Bien lo ha dicho el mismo presidente López Obrador: "No vamos a apagar el fuego con el fuego. No vamos a enfrentar la violencia con la violencia. No se puede enfrentar el mal con el mal, eso está demostrado, eso no es la solución".

Por último, si la creación de la Guardia Nacional se traduce en haber desoído todo lo anteriormente mencionado, entonces valdría la pena preguntarnos ¿cuáles están siendo las verdaderas razones para continuar por la vía militar?

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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