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05/04/2018 8:00 AM CDT | Actualizado 05/04/2018 10:26 AM CDT

Cómo el 'reality' RuPaul's Drag Race me dio un espacio 'queer' en un hogar 100% hetero

La actuación de Shea Couleé en la fiesta de presentación de la final de la temporada 9 de 'RuPaul's Drag Race', programa en el que ella concursó. Nueva York, 23 de junio de 2017. Foto: Santiago Felipe / Vía Getty Images

En mi familia, la televisión es el altar ante el cual se construyen las relaciones. Al crecer, mi madre, hermana mayor y yo nos relacionábamos con los realitys de competencia como si fueran la comunión semanal.

Ahí estuvimos para la primera temporada de American Idol. Todos le íbamos a Tiffany en America's Next Top Model (después de ese episodio, nos fuimos a la cama en silencio para lidiar con nuestros corazones rotos). De verdad nos peleamos cuando mi hermana vio un episodio de So You Think You Can Dance sin nosotras. Era el primer episodio de los Top 10. Nos dolió.

Aquellas tardes, recostadas en los sillones y reaccionando con gritos a las decisiones sobre diseños de Project Runway, también fueron las primeras veces que tuve contacto con cualquier manera de ser queer. En 2009, mi madre descubrió RuPaul's Drag Race y, como cualquier otro reality de competencia, inmediatamente lo incluimos en nuestra programación semanal.

Es lindo decir que mi maravillosa, apostólica y cristiana madre me introdujo a 'RuPaul's Drag Race'.

Para cuando me fui a la universidad, RuPaul's Drag Race (RPDR) se convirtió en un recurso más para medir la actitud que me familia tomaría cuando yo saliera del clóset. Aunque el reality se concentraba en narrativas de hombres gay, era mi única referencia. Evaluaba la actitud de mi madre cuando las parejas besaban a sus novios en el programa, observaba su reacción ante los pronombres con los que cada quien deseaba ser llamado y, en los pequeños momentos en que mi hermana defendía la identidad sexual de los concursantes, yo también me sentía validada.

En mi familia cristiana ser gay no era un tema de conversación. Apenas se tocaba el tema y decían: "Bueno, yo no tengo un infierno al que mandarlos" o "simplemente no es lo que Dios quería".

Una de las pocas veces en que se dijo algo al respecto de manera explícita yo tenía ocho años y estaba haciendo mandados con mi papá. Me encantaban esos momentos. Yo era toda una hija de papi y en estos paseos me enseñó mucho, desde las técnicas adecuadas para hacer negocios hasta por qué el rap es un género para activistas.

Pero ese día se volteó y me dijo: "India, puedes traer a casa a quien quieras. No me importa si son negros, cafés o morados. Nada más no traigas a una mujer".

Se reía mientras pronunciaba su discursito y entramos al supermercado como si nada. Ya no volvió a salir el tema, pero desde que falleció en 2013, es un momento en el que pienso una y otra vez.

En retrospectiva, él debió darse cuenta de que yo no era heterosexual.

Tras salir del clóset vives tus primeros momentos como miembro oficial del equipo queer, aprendiendo exactamente lo que significa existir en esta nueva identidad. Usas las aplicaciones de ligue gay. Ves cómo todo tu grupo amigo se vuelve más queer, y por proximidad, más comprensivo. Y, finalmente, te sientes cómodo llamándote a ti mism@, y realmente todo lo que tocas, dolorosa y maravillosamente gay.

Luego miras al pasado y te das cuenta de que la fachada heterosexual que mantuviste durante tanto tiempo no estaba del todo bien .

Si bien no había admitido mi identidad 'queer' conmigo misma, este programa me dio contexto. Y esperanza.

Puedo recordar cada momento de mi niñez en el que mi padres debieron haber sabido que yo era gay.

Me emocionaba demasiado con AzMarie en su temporada de Top Model. Queen Latifah era mi ídolo desde los seis años. Tenía tantos shorts de básquetbol que ni me atrevo a confesar que los usaba para ir a la escuela, para dormir y en todos los eventos familiares en los que se me permitía.

Tuve la misma oportunidad de descubrime con los participantes de RuPaul's Drag Race. Antes de poder reconocerme como queer, me emocionaba muchísimo con lo queer que eran ellos. Y cada semana, mi familia le abría un espacio en nuestra casa a estas reinas del drag sin complejos.

Claro que cuando sí salí del clóset, la discusión no concluyó después de una hora de diversión como la de un reality. Pero fue como si ya hubiera hecho un poco del trabajo de campo. Si podían procesar a estas reinas de la pantalla, entonces podrían al menos comenzar a entender mi punto de vista.

Esos rituales de televisión fueron momentos de la infancia que en aquel entonces parecían muy triviales, pero que ahora, a la distancia, siento bastante profundos. Porque, si bien hubo muchos otros factores en mi salida del clóset, este programa y las discusiones entre mi mamá, mi hermana y yo sobre nuestras reinas del drag favoritas y sus mejores looks fueron cruciales.

En un ambiente de total heteronormatividad pude ver un lugar donde mi ser queer podía existir sin interrogatorios, problemas o preguntas. Al menos era posible por una hora. Incluso con los muchos temas problemáticos del programa, la plataforma que me ofreció es algo que agradezco dentro de mí.

Además, es lindo decir que mi maravillosa, apostólica y cristiana madre me introdujo a RuPaul's Drag Race y que, aunque no lo sepa, fue una experiencia transformadora.

Este artículo fue publicado originalmente en 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.