EL BLOG
21/05/2018 3:00 PM CDT | Actualizado 21/05/2018 4:11 PM CDT

El circo llegó a Tijuana: impresiones del segundo #DebateINE

M{exico

Alejandro Cegarra/Bloomberg via Getty Images
Simpatizantes de José Antonio Meade se concentraron la noche del debate en el monumento a Cuauhtémoc, en Tijuana.

Como en una buena pelea, algunos contrincantes generaron expectativa desde antes en redes. El segundo debate, que trataba -en teoría- de "México en el mundo", representaba otra oportunidad para tener a los, ahora, cuatro candidatos a la presidencia reunidos para discutir temas de relevancia nacional. Una vez culminado el ejercicio podemos decir que de los temas seguimos sabiendo poco, pero de los candidatos sabemos ya un poco más.

Primero, el formato. Estrenamos el formato town hall, muy utilizado en Estados Unidos. Es un formato ágil, que permite un mayor intercambio entre los contendientes, así como la participación del público presente. La diferencia, no menor, es que allá los debates se hacen entre dos candidatos, de tal forma que las réplicas y contraréplicas son casi instantáneas y el público también tiene más posibilidad de realizar preguntas.

En este caso, la adaptación de la estructura para dar cabida a cuatro candidatos generó un formato que, aunque mucho más vivaz, fue igualmente desordenado, una vez que llegábamos a la respuesta del último candidato, la mayor parte de los presentes (e incluso supongo la persona que había preguntado) habíamos olvidado ya la pregunta, por esta razón no logramos evitar momentos tediosos y mucha repetición en las intervenciones.

Que los candidatos pudieran moverse, nos permitió observar cosas que normalmente no vemos: las aspiraciones de Ted Talker de Anaya (y sus ganas de confrontar con un ademán telenovelesco), el exhaustivo ensayo previo de Meade para verse más jovial y para conectar con el público, la inmovilidad de Andrés Manuel y el Bronco.

Que los candidatos pudieran moverse, nos permitió observar cosas que normalmente no vemos.

Segundo, los moderadores. Considero que, así como en el primer debate la moderación fue impecable, en esta segunda oportunidad, la moderación dejó mucho que desear. Creo que los moderadores entendieron poco cuál era su papel y tomaron un papel protagónico y, en algunos casos, machacón, que tendría mucho más sentido en una entrevista uno a uno, que en un debate donde el objetivo era permitir que los candidatos se expresaran, interactuaran con el público y entre ellos.

Al buscar ser incisivos, terminaron siendo inquisitoriales y, en algunos casos como la solicitud de León Krauze de un indicador concreto para medir el respeto (el respetímetro), un poco ridículos; interrumpían constantemente a los candidatos, no dieron la relevancia suficiente a las preguntas del público e incluso, en más de una ocasión, cometieron equivocaciones que, aunque menores, contrastan con el trabajo de primer nivel de sus antecesores.

Así como en el primer debate la moderación fue impecable, en esta segunda oportunidad, la moderación dejó mucho que desear.

Tercero, las participaciones. En este rubro, creo que vimos más de lo mismo, pero en versión turbo cargada. En general, mi percepción es que ninguno de los candidatos conocía a profundidad los temas y que, encima, les parecían lo de menos. Los cuatro traían ya preparados sus ataques -no relacionados con ninguno de los temas- y parecía que "más que responder una pregunta, querían lanzar sus comentarios", respondieron de carrera, tratando de ocupar el menor tiempo posible, para poder utilizar su bolsa restante en atacarse unos a otros.

Vimos a Andrés Manuel, jugando al cómodo catenaccio, sin responder directamente a (casi) nada, y utilizando los espacios para su propia agenda: comunicar a su electorado su mensaje. Respondió con humor a la estrategia de intimidación de Anaya y, en general respondió con evasivas o chistoretes a las interpelaciones de este y de Meade. Sabemos que nunca será el mejor debatiente pero, creo, lo hizo mejor de lo esperado, logró comunicar algunas de sus propuestas en los temas; transformación de consulados, aumento de salario mínimo en la frontera y relación con Trump.

Por su parte, Anaya, que había tratado de encender la expectativa del debate casi equiparándolo con un match de box, hizo gala de su mayor virtud: ser un excelente orador. Preparado (se nota que ha leído todos los libros y blogs con sugerencias sobre cómo interesar a una audiencia, encarar adversarios, proyectar una imagen), contestó con puntualidad -no así con veracidad- a las preguntas y utilizó su tiempo restante para continuar con los ataques iniciados en el debate anterior.

Alejandro Cegarra/Bloomberg via Getty Images
Personas ven el segundo #DebateINE en un restaurante de Tijuana.

Llaman la atención los halagos que dirigió tanto al moderador León Krauze como a su padre "un intelectual verdaderamente brillante" que, para algunos (dentro de los que me incluyo) no tenían lugar. Su momento más difícil, o más difícil de escuchar para aquellos perredistas que lo apoyan y tienen como agenda la legalización de la marihuana, fue cuando, despojado de sus posibilidades retóricas, se vio obligado a contestar que no iba a avanzar la agenda de la legalización de la marihuana: Twitter se llenó de corazones amarillos rotos.

Meade resultó la única revelación de la noche, después de su aparición de tonalidad gris casi invisible en el primer debate, en este se mostró mucho más despierto y vivaz. Puede explicarse por una parte porque él ha sido el único que ha desempeñado un cargo relacionado con los temas a tratar y, por la otra, con el relanzamiento de su campaña, orquestado desde hace unas semanas.

Vimos un debate novedoso, desordenado, con pocas respuestas concretas y mucho posicionamiento de los candidatos.

Respondió con sobriedad a las preguntas, creo que fue quién mejor las atajó, se atrevió a atacar directamente a Anaya y en una o dos palabras (como el uso de la palabra "secta" para referirse a Morena) también a Andrés Manuel. Resalta su incapacidad para desmarcarse del gobierno de Peña Nieto al afirmar, sin ambages que él sí creía que el presidente había hecho las cosas bien en el affaire Trump-México. Si algunos todavía albergaban la secreta esperanza de que Meade siguiera desfondándose en las preferencias o bien declinara para materializar una Alianza vs AMLO, habrán quedado muy desilusionados.

Por último, el Bronco puso el toque circense, de nueva cuenta, a los debates. Más allá de la irresponsabilidad democrática de quienes lo hicieron candidato, la presencia del Bronco es delirante. Hace propuestas sin ningún asidero, busca pegarle a sus oponentes sin una finalidad aparente, tiene como eje resaltar la diferencia entre ellos y él, sin explicar por qué (y vaya que tendría mucho que explicarnos) y utilizó su tiempo para provocar escenas surrealistas, como el abrazo entre Meade y Andrés Manuel. Si no fuera real, sería una excelente parodia.

En síntesis, vimos un debate novedoso, desordenado, con pocas respuestas concretas y mucho posicionamiento de los candidatos. Aún es temprano para saber cómo moverá (si es que mueve) las preferencias del electorado, o bien puede confirmarnos la teoría que los debates a estas alturas del partido se ven más con la pasión de un aficionado que con la visión crítica de un elector indeciso o, darnos una sorpresa. Veremos.

Posdata, a Margarita no la extrañó ni el grupo de debate del Colegio Asunción, donde aparentemente se preparaba.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.