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23/10/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 23/10/2018 9:41 AM CDT

“No te quiero como eres”: la demoledora idea detrás de las "terapias de conversión"

Por qué hay que prohibir las “terapias de conversión”.

Cualquier método que ofrece "curar" una "desviación" sexual es una falsa promesa. Foto Getty.
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Cualquier método que ofrece "curar" una "desviación" sexual es una falsa promesa. Foto Getty.

Las personas son libres de buscar, sin coacción, alternativas para su bienestar; terceras personas no son libres de engañar con supuestas "curas" a enfermedades que no existen.

Durante largo tiempo, en muchas culturas —no en todas— se consideró a cualquier orientación distinta a la heterosexual como una desviación, un trastorno o una enfermedad. Por lo tanto, además de prohibir toda expresión de una sexualidad así, se desarrollaron tanto normas jurídicas que sancionaban severamente estas conductas como ciertos métodos que supuestamente podrían "corregir" o "curar" la orientación sexual de las personas, desde aplicaciones médicas, psicológicas o religiosas.

Las "terapias de conversión", conocidas también como Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual o Identidad de Género (ECOSIG), han utilizado figuras provenientes de tradiciones religiosas que estigmatizan a la diversidad sexual como una perversión del orden natural que debe ser suprimida.

La definición de un solo modelo sexual aceptable, además, se extrapola hacia una concepción de un solo tipo de familia válido, el de un hombre y una mujer que atienden a un mandato de reproducirse y asumir roles previamente asignados: hombres que trabajan, proveen los medios para el sustento y toman las decisiones; mujeres dedicadas al trabajo doméstico y al cuidado de infantes, personas adultas mayores, personas con discapacidad o con alguna enfermedad.

Cualquier método que ofrece "curar" una "desviación" sexual es una falsa promesa que refuerza concepciones discriminatorias y destruye la dignidad.

Es así que durante largo tiempo se ha etiquetado y se ha marginado a quien no siga esta definición canónica, a quien no acepte que nació en un cuerpo que solo debe concebirse de una forma y unirse a otro en un solo tipo de relación. Esta represión ha llevado a limitar libertades y a negar derechos, a costa de grandes sufrimientos que comienzan con la incomprensión y el rechazo, y pueden llevar a la segregación y hasta el exterminio.

Represión que se vuelve contra la salud de la misma familia, pues en muchas ocasiones, personas que en libertad se hubieran asumido como lesbianas, gays, bisexuales o trans, no han encontrado más alternativa que fingir una "normal" vida heterosexual y luchar desde una homofobia internalizada contra sus instintos, en detrimento de su autoestima y la de sus parejas. O incluso refugiándose en un ministerio de fe o en prácticas sexuales que no parten del consentimiento.

La orientación sexual y la identidad de género implican reconocer, desarrollar y elegir sobre aspectos básicos de la personalidad. Son una parte indispensable de la estructura de la vida cotidiana de cada persona, son las coordenadas para mirar a nuestro cuerpo como el medio en que coexisten múltiples significados y necesidades, son la posibilidad de entender nuestros afectos y sentimientos.

Por ello es que lo sexual corresponde a la esfera de decisión más íntima de las personas y a la libertad para establecer vínculos con otras.

Un precepto ideológico, sea de origen religioso o de otra convicción, no puede sustituir a la ciencia ni atropellar los derechos de las personas.

Cualquier persona es libre de buscar apoyo externo para cambiar un elemento de su personalidad; por ejemplo, una conducta, un rasgo del carácter o el sentimiento persistente ante una experiencia dolorosa. Todo eso puede ser parte de un tratamiento profesional, ético, no invasivo, no impositivo, mucho menos manipulador o violento.

En cambio, cualquier método que ofrece "curar" una "desviación" sexual es una falsa promesa que refuerza concepciones discriminatorias y destruye la dignidad, de manera particularmente dolorosa para niñas, niños y adolescentes a los que se les inyecta una idea demoledora: no te quiero como eres.

Es en este aspecto que un precepto ideológico, sea de origen religioso o de otra convicción, no puede sustituir a la ciencia ni atropellar los derechos de las personas. No en un Estado laico como el mexicano.

En su momento, incluso las instituciones internacionales fueron moldeadas con esos conceptos discriminatorios, y la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades (CIE) consideraba a la homosexualidad dentro de su lista de trastornos mentales. Acertadamente, hace 28 años la Organización Mundial de la Salud removió esa clasificación.

Posteriormente, en 2006, los Principios de Yogyakarta sobre la Aplicación de la Legislación Internacional de Derechos Humanos en relación con la Orientación Sexual y la Identidad de Género establecieron que ningún tratamiento o consejería de índole médica o psicológica considere, explícita o implícitamente, la orientación sexual y la identidad de género como trastornos de la salud que han de ser tratados, curados o suprimidos.

Por estas razones y con fundamentos que han logrado un consenso global entre la comunidad científica y de defensa de derechos humanos, las senadoras Citlalli Hernández (MORENA), Alejandra Lagunes (PVEM) y yo (Movimiento Ciudadano) hemos presentado una iniciativa para prohibir y sancionar el ofrecimiento de los ECOSIG: por ser engañosos, discriminatorios y contrarios a los principios básicos de dignidad humana y autodeterminación personal.

Para los padres, madres o tutores de la víctima, la sanción aplicable se limita a una amonestación o apercibimiento.

Es importante reafirmar que nuestra propuesta, que será discutida en comisiones, contempla una sanción equiparable a la establecida para el delito de discriminación, en particular para quienes promuevan, impartan, apliquen, obliguen o financien estos tratamientos.

Y es más importante aún saber que para los padres, madres o tutores de la víctima, la sanción aplicable se limita a una amonestación o apercibimiento, con el fin de aminorar el impacto en el entorno familiar sin dejar completamente impune la práctica de obligar o coaccionar a otra persona para que acuda a una de las terapias descritas.

No se trata de limitar la libertad de las personas para buscar alternativas para su bienestar físico y psicológico. Se trata de que terceros con posiciones dogmáticas y represivas encuentren ilegal y sancionable cualquier intento de ofrecer "servicios" que bajo un disfraz de "salud" o "espiritualidad" perpetúan prejuicios que limitan la libertad personal y niegan la posibilidad de que cada quien descubra su propio modo de concebirse, de relacionarse y de llevar su vida, en pleno ejercicio de sus derechos.

* Patricia Mercado es Senadora de la República por Movimiento Ciudadano. Durante 40 años ha trabajado desde la sociedad civil y la participación política por derechos de las mujeres, de la diversidad sexual y laborales.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.