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01/02/2019 6:00 AM CST | Actualizado 01/02/2019 10:27 AM CST

La Estrategia Nacional de Lectura parece estar mal orientada

RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images
El hábito de la lectura de una nación no debería ser una cuestión irrelevante. Foto: RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images.

México no es un país de lectores. Eso está claro. De los países de la OCDE estamos lejos de estar entre los primeros lugares, y si tan solo nos basamos en los datos más recientes del INEGI, resulta que solamente 45 de cada 100 personas leen un libro al año.

El hábito de la lectura de una nación no debería ser una cuestión irrelevante. Leer cotidianamente fomenta el pensamiento crítico y analítico, mejora las habilidades de comunicación y, según algunos, contribuye a formar mejores ciudadanos.

Por ello es de reconocer el impulso a la denominada Estrategia Nacional de Lectura, en la cual se advierte que, finalmente, México cuenta con un presidente y una primera dama lectores, algo que tampoco resulta menor para un país que ha sido tan dañado por la superficialidad y la falta de cultura en la esfera política.

La Estrategia Nacional de Lectura suena bien en lo general. Se compone de tres ejes que podrían resumirse en fomentar la lectura desde edades tempranas, promover la lectura en todas las clases sociales (vertiente sociocultural) e impulsar una campaña de comunicación en la que se intentará posicionar la importancia de los libros entre la sociedad.

Sin embargo, el pasado 26 de enero de 2019, en la presentación de la Estrategia, el actual director del Fondo de Cultura Económica (FCE), Paco Ignacio Taibo II, hizo hincapié en el segundo, es decir, enfatizó la reducción del precio de los libros y la producción de ejemplares para regalar.

Aunque puedo coincidir en que muchos de los problemas de México son de carácter estructural, considero que en el caso de la lectura la misma lógica no encaja del todo.

A mi parecer, la estrategia en este sentido dista de ser la correcta, pues la falta de lectura en México no parece estar completamente asociada a la pobreza. La última actualización del Módulo de Lectura del INEGI señala que tan solo el 1.7% de la población encuestada no lee por porque considera que los libros son caros. En cambio, las principales razones para no leer, según la misma encuesta, son la falta de tiempo, seguida de la falta de interés.

Los libros muy baratos o gratuitos no son difíciles de encontrar en nuestro país. Tianguis de libros de segunda mano los hay por todo México y el internet ofrece cada vez más opciones para conocer autores, no se diga ya obras clásicas, a través de bases de datos virtuales o bibliotecas en línea. En un país con 70 millones de personas con acceso a internet, volverse lector a través de la computadora es una posibilidad viable.

En este sentido, sería importante que los mexicanos (ciudadanos y gobierno) prestaran más atención a plataformas como el Proyecto Gutenberg u Open Library, herramientas que no solo contribuyen a ampliar la accesibilidad a la lectura, sino que tienen un gran potencial para salvaguardar la producción literaria más representativa de un país.

El Fondo de Cultura Económica ya cuenta con una importante base de libros digitales. Quizás por ahí se podría empezar.

Si se van a producir libros que se ofrecerán a bajo precio o sin costo, teniendo en cuenta el desinterés de la gente por la lectura, ¿por qué no mejor apostar por este tipo de plataformas, que resultan más baratas a largo plazo y en donde los lectores tienen la posibilidad de elegir lo que quieren leer? El Fondo de Cultura Económica ya cuenta con una importante base de libros digitales. Quizás por ahí se podría empezar.

Me parece que el hincapié en la producción de libros gratuitos obedece más bien a la ideología de corte materialista que el actual titular del Fondo nunca ha ocultado, y que indicaría que todo problema de una sociedad obedece a la estructura de clases. Aunque puedo coincidir en que muchos de los problemas de México son de carácter estructural, considero que en el caso de la lectura la misma lógica no encaja del todo. Si ese fuera el caso, actualmente más mexicanos habrían leído autores clásicos cuyas obras se vuelven de dominio público con el paso de los años y cuya reproducción y lectura resultan muy baratas o no tienen costo.

En vista de lo anterior, me produce mayor interés ver cómo se desarrollan los ejes formativo e informativo de la Estrategia Nacional de Lectura, pues ahí es en donde hay más oportunidad de implementar acciones que resulten más acordes al proceso natural por el que se crean lectores. Y con los cuales hay más posibilidades de que no terminemos con un montón de ejemplares baratos que casi nadie leyó.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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