EL BLOG
11/07/2018 7:02 AM CDT | Actualizado 11/07/2018 8:09 AM CDT

La resaca poselectoral en Baja California

De la fusión entre la izquierda, el partido evangelista y el reciclaje político efectuado por la coalición Juntos Haremos Historia yo espero cualquier cosa. Como exvotante de las izquierdas no escondo mis orígenes ideológicos. Crecí en un hogar donde se debate, se cuestiona, se exponen y se asumen posturas políticas (se me introdujo a las ciencias sociales a través del marxismo). Es por ello que no puedo evitar sentir alegría por mi madre (así como ella se alegra de las victorias del Barça). Una persona trabajadora, crítica con la propia izquierda, cabal, congruente, participativa de la vida pública de su país y de su comunidad, una demócrata.

Y llegó el día. Las urnas hablaron y emitieron su veredicto, mismo que fue acatado con respeto y civismo. En la historia reciente de México no habíamos atestiguado paliza electoral de tal magnitud. La jornada en Baja California transcurrió sin apenas incidentes reseñables, salvo la detención premeditada (según señala la prensa local), de Antonio Serret, jefe de campaña del ex pugilista Erick El Terrible Morales. Así como en el resto del país, acá también nos tocó vivir de cerca el fenómeno del posicionamiento de figuras públicas en puestos, que, a simple vista, generan más dudas que certezas respecto a su capacidad para legislar. Así como en el amor, en la batalla electoral todo vale, con tal de acaparar votantes.

Tal era la oferta en el mercado democrático estatal y nacional que, una vez llegada la hora, fui incapaz de ejercer, siquiera, el famoso voto útil. No me vi representado en la boleta y de acuerdo con los resultados publicados, no navego solo en este barco.

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La cita, como cuando gana la Selección fue en la glorieta donde está el monumento a Cuauhtémoc, en la Zona Río.

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La figura del emperador revistió de misticismo el festejo de los simpatizantes y seguidores del candidato de las izquierdas.

Los conteos rápidos ya arrojaban un claro ganador y la fiesta no se hizo esperar. La cita, como ocurre tradicionalmente con las victorias de la selección nacional de fútbol, fue en la glorieta donde se erige el monumento a Cuauhtémoc, en la Zona Río. Zona financiera de la ciudad, situada en el corazón de la misma. La figura del emperador revistió de misticismo el festejo de los simpatizantes y seguidores del candidato de las izquierdas, que salió victorioso, con un discurso profundamente nacionalista. Apelando muchas veces a la tradición cultural de los pueblos indígenas de México.

El resultado que arrojan los votos computados por entidad reflejan de manera clara y contundente el sentir popular de un electorado hastiado, que ya venía avisando del castigo ejemplar que aplicarían en las urnas a las formaciones políticas tradicionales. Andrés Manuel López Obrador consiguió un aplastante 63.8852% del total de los votos.

En una entidad tradicionalmente panista —donde cabe recordar, fue el primer Estado de la república que, de la mano de Ernesto Ruffo, salió victoriosa en las urnas una candidatura de la eterna oposición—, el resultado debería ser interpretado como un serio aviso acerca de la inconformidad latente (en materia de seguridad, principalmente) con el partido que ejerce el poder ejecutivo en Baja California.

Al menos en Baja California, estos primeros días ya hemos sido testigo del reciclaje político efectuado evidentemente sin filtro alguno.

En cuanto al PRI, como partido, como contendiente electoral, agoniza a lo largo y ancho de la república (en Baja California no fue una excepción). Por el contrario, el espíritu de sus fundadores no solo sigue vigente, sino que goza de un excelente estado de forma. Porque no nos engañemos, el triunfo de los legisladores de MORENA obedece en gran medida a la consigna emitida desde la cúpula del partido, el voto parejo.

Nada ni nadie por encima del decreto dirigencial. Al menos en Baja California, estos primeros días ya hemos sido testigo del reciclaje político efectuado evidentemente sin filtro alguno, por parte del movimiento que promete regenerar una nación al completo y llevarla victoriosa a una cuarta transformación. La soñada vuelta al presidencialismo será efectiva el próximo primero de diciembre y lo hará, afortunadamente, dentro del marco de las libertades individuales ya conquistadas.

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No me vi representado en la boleta y de acuerdo con los resultados publicados, no navego solo en este barco.

La sociedad bajacaliforniana se entregó electoralmente al candidato que pretende sanear las instituciones y acabar con los males del país de un plumazo. Bien haríamos en aprender y revisar nuestra historia reciente, conocer los límites de un gobierno y de un gobernante, y, contrario a lo que él plantea, no poner el listón tan alto. El compromiso para con el mejoramiento y saneamiento de una nación y sus instituciones no es, o no debería ser exclusivo de un presidente.

Estoy plenamente convencido de que en todas las fuerzas contendientes a la presidencia así como entre sus simpatizantes existe gente valiosa y todos queremos, necesitamos un mejor país. Solo le pediría a mi madre, como a todos los votantes del Sr. López (esa mayoría aplastante que refrendó en las urnas lo que ya era un clamor popular), no dejar de lado ese sentido crítico con el poder que les ha caracterizado siempre. Nunca dejar de exigir a los servidores públicos la más absoluta fidelidad a los principios de honestidad que plantea el proyecto de nación que los ha llevado hasta ahí.

Una vez concluida la contienda electoral y la parafernalia circense que la caracteriza, llegó la hora de mirar y tirar hacia adelante. Todos. Juntos.

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Bien haríamos en aprender y revisar nuestra historia reciente, conocer los límites de un gobierno y de un gobernante.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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