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25/04/2018 8:37 AM CDT | Actualizado 25/04/2018 9:45 AM CDT

El narco que nadie quiso ver en Guadalajara

ULISES RUIZ/AFP/Getty Images
Protesta en Guadalajara luego de conocerse la muerte de Marco, Javier y Daniel, los tres estudiantes de cine desaparecidos hace más de un mes. 24 de abril de 2017.

"¡No son tres, somos todos! ¡No son tres, somos todos!" Así es como gritaban cientos de jóvenes mientras caminaban por avenida Chapultepec. En Guadalajara, la zona rosa, la de los bares, los antros, los cafés... la zona donde los hípsters y cholos conviven, donde los skatos compiten por el espacio con tiangueros de artesanías, y donde los barecitos ofrecen promociones de alitas y cerveza: esa es zona es Chapu.

Y Chapu está en Guanatos, aunque decirle Guanatos a Guadalajara empieza a ser de rucos. Esa ciudad que venden como la cuna de la mexicanidad, porque acá juegan las Chivas o porque dicen que los tapatíos nos emborrachamos con mariachi y tequila, es la capital de Jalisco.

Y esta historia no se entiende sin una premisa: Jalisco es la residencia oficial del Cártel Nueva Generación, el más peligroso del sexenio.

Quizá no veía tantos jóvenes en una protesta como hace seis años, cuando las manifestaciones eran para democratizar los medios e impedir que llegara Enrique Peña Nieto a la presidencia de la República.

¿Por qué es importante esto? Porque en ningún otro lado del mundo una organización criminal ha crecido tanto como para estar en los reportes de la DEA. Y aunque el Departamento del Tesoro de Estados Unidos boletina y boletina como lavadores de dinero del narco a empresarios exitosos, futbolistas reconocidos o cantantes que se hicieron grandes en estas tierras... pues no quisimos ver al narco hasta que el problema nos explotó en la cara.

Para muchos no es novedad: aquí es donde los jóvenes corren el riesgo de ser capturados, torturados, asesinados y sus cuerpos, ser diluidos entre precursores químicos.

Este martes, amigos y conocidos de tres de los chavos desaparecidos decidieron caminar en protesta. Entre gritos, se fueron enfilando hacía el centro de la ciudad. Unos iban gritando con rabia. La mayoría consternados. Quizá no veía tantos jóvenes en una protesta como hace seis años, cuando las manifestaciones eran para democratizar los medios e impedir que llegara Enrique Peña Nieto a la presidencia de la República. Aquello se llamó #yosoy132.

ULISES RUIZ/AFP/Getty Images
Acá, en Chapu, también está la Glorieta de los Niños Héroes, que desde hace un mes se convirtió en la Glorieta en la Glorieta de las y los desaparecidos.

Pero hoy, la realidad ha superado la ficción. Tres chicos que fueron a hacer su tarea de cine, fueron confundidos, y terminaron siendo los protagonistas de un guión cinematográfico con una trama escalofriante.

Aquí en Chapu, esta zona que si vienes a Guadalajara tienes que conocer, está la escuela de Marco, Javier y Daniel. Se llama Centro de Artes Audiovisuales. Es una casa chingona, de esas grandotas de arquitecto renombrado, con valor histórico y patrimonial.

Acá, en Chapu, también está la Glorieta de los Niños Héroes, que desde hace un mes se convirtió en la Glorieta en la Glorieta de las y los desaparecidos.

Por eso es simbólico gritar en Chapu. Porque los que caminamos hoy gritamos su ausencia: este espacio que hoy ganaron los ciudadanos al silencio, era el mismo que ellos caminaban y disfrutaban para sus tareas.

La historia oficial del desenlace ya es conocida: un mes después de reportarse su desaparición, Javier Salomón, de Mexicali; Marco Francisco Ávalos, de Tepic y Jesús Daniel Díaz, de Los Cabos fueron secuestrados por error. Y luego torturados.

Y para acabarla, sus cuerpos fueron disueltos entre la sosa caustica y el ácido sulfúrico.

En Guadalajara, la historia del narco se remonta a los 70, cuando la operación Condor expulsó a los criminales del Pacífico a zonas más seguras. Desde ahí y hasta el sexenio de Felipe Calderón, acá se vivió una paz rara: pocos muertos, muchos negocios, el crimen controlado.

Mientras tanto, el narco se fue alimentando: un poquito de motita aquí, unas tachas por allá, unas cuantas líneas de coca por acullá.

El monstruo fue creciendo. Y cuando lo soltaron, fue incontrolable. Ahora ya no son drogas: son bares, inmobiliarias, jugadores de futbol, cantantes de música grupera. Y el crimen organizado, como empresa que es, diversificó su cartera de negocios.

Acá en Jalisco las policías municipales están al servicio de quien controla la plaza.

Hoy son las mineras, el trasiego y la trata de personas, la desaparición forzada, la piratería, los medicamentos.

En Guadalajara, comprar drogas es muy sencillo. Una grapa de coca es tan fácil de conseguir como ir al baño de un bar. Y comprar un arma, tan sencillo como conseguir un teléfono celular.

Acá en Jalisco las policías municipales están al servicio de quien controla la plaza. Y existen casos de jóvenes que han sido capturados para hacer trabajos forzados o ser asesinados.

El narco ya no es lo que era. Ni tampoco los jóvenes. Porque acá, en Jalisco, ser joven es un riesgo. Y sobrevivir a guiones tan espeluznantes como los narrados por las autoridades parece una locura.

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