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19/10/2018 4:02 PM CDT | Actualizado 22/10/2018 6:03 PM CDT

Matar a Jamal Khashoggi fue una señal de advertencia saudí

ASSOCIATED PRESS
A pesar del daño potencial que las sanciones a Arabia Saudita pueden causar a la economía mundial, existen valores que la comunidad internacional no está lista para sacrificar.

Mucho antes de que Jamal Khashoggi desapareciera, Arabia Saudita tenía un historial de reprimir a los disidentes. Existe poca tolerancia dentro del reino para el activismo y la disidencia. Incluso en el extranjero, los críticos no han estado a salvo: los príncipes sauditas críticos del régimen han desaparecido mientras vivían en Europa.

Pero Khashoggi no era un disidente ordinario. Había creado un grupo de defensa llamado Democracia para el mundo árabe ahora, cuyo objetivo era reunir a intelectuales reformistas e islamistas políticos en pos de la construcción de la democracia en el mundo árabe. Khashoggi también tenía vínculos con la Hermandad Musulmana, un movimiento islamista trasnacional con gran influencia en la región, pero que Arabia Saudita considera una amenaza regional y una organización terrorista.

Su compromiso político se había vuelto especialmente alarmante para el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, dada las relaciones muy estrechas de Khashoggi con la familia real y su profundo conocimiento de los problemas y las redes dentro del reino. Hasta hace poco fue que Khashoggi se convirtió en un "disidente", pero lo hizo con un nivel de ambición que provocó la inseguridad de Mohammed bin Salman. El príncipe heredero, conocido como MBS, intentó y no logró regresar a Khashoggi a Arabia Saudita desde Estados Unidos. Khashoggi expresó su desconfianza hacia las autoridades saudíes y continuó su activismo.

Hasta hace poco fue que Khashoggi se convirtió en un "disidente", pero lo hizo con un nivel de ambición que provocó la inseguridad de Mohammed bin Salman.

Así que al parecer, el príncipe heredero hizo que torturaran y asesinaran a Kashoggi. El mensaje fue claro: cualquier persona que desafíe al régimen saudí y trate de crear alternativas al actual gobierno saudí será castigado de la manera más dura posible. Es una advertencia severa para los miembros disidentes de la diáspora saudí y sus partidarios.

El incidente de Khashoggi no es solo una cuestión de derechos humanos o de eliminación de disidentes. Es una señal de cómo MBS tomó personalmente la conversión política de Khashoggi. Lo ocurrido en el consulado de Arabia Saudita en Estambuldemuestra que MBS no temía ninguna repercusión importante al entregar su mensaje. La élite gobernante saudita seguramente tiene los medios para matar a un disidente en un "accidente" que sería difícil rastrear oficialmente. El príncipe heredero eligió una ruta diferente, más aterradora.

La descarada naturaleza del secuestro y el asesinato parece haber sorprendido a muchos en los círculos políticos internacionales y de Estados Unidos. Pero las autoridades sauditas tenían buenas razones para creer que podían salir bien libradas del secuestro y el asesinato de uno de sus propios ciudadanos.

El asesinato ruso en 2006 de Alexander Litvinenko en Londres, así como el intento de envenenamiento de Sergei Skripal mostraron cómo un país puede lidiar con sus "traidores" en el extranjero. El hermano exiliado del líder norcoreano Kim Jong Un fue asesinado en Malasia con un agente nervioso VX, clasificado como un arma de destrucción masiva. A pesar del claro vínculo de Pyongyang con este asesinato, el presidente Donald Trump estrechó la mano de Kim en solo meses.

LEAH MILLIS via Getty Images
El secretario de Estado de los EE. UU., Mike Pompeo, ha sido ampliamente criticado por su actitud amistosa en público cuando se reunió con el príncipe heredero de la corona saudí Mohammed bin Salman a principios de esta semana para recopilar información sobre el aparente asesinato de Jamal Khashoggi.

A pesar de toda la atención y la posibilidad de que aumenten las tensiones en los próximos meses, es probable que el incidente de Khashoggi no cambie ninguna dinámica o relación de poder importante entre Estados Unidos y Arabia Saudita a largo plazo. Cuando se supieron por primera vez los detalles del incidente, la falta de atención por parte de Arabia Saudita a la civilidad y las normas internacionales no pareció molestar a Trump, quien afirmó que los saudíes "gastan 110 mil millones (de dólares) en equipo militar y en cosas que crean empleos para este país", refiriéndose al acuerdo armamentístico propuesto que aún no ha tenido pleno efecto.

También pareció ignorar lo que sucedió en el consulado de Arabia Saudita diciendo que "esto ocurrió en Turquía y, por lo que sabemos, Khashoggi no es ciudadano de los Estados Unidos".

No hay duda de que MBS contó con el énfasis de Trump en los acuerdos y el dinero, así como el desdén del presidente por la prensa y sus relaciones más estrechas con países autocráticos como Rusia y Corea del Norte en comparación con las políticas de los gobiernos anteriores.

El incidente de Khashoggi no es solo una cuestión de derechos humanos o de eliminación de disidentes. Es una señal de cómo MBS tomó personalmente la conversión política de Khashoggi.

MBS también tiene estrechos vínculos con Jared Kushner, el yerno de Trump. Kushner facilitó el acuerdo militar de 110 mil millones (de dólares) entre Arabia Saudita y Estados Unidos y prevé un papel clave para Arabia Saudita en el plan de paz israelí-palestino que él concibe. El príncipe heredero también sabe que las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita son fundamentales para la economía mundial. Y la cooperación de Arabia Saudita sigue siendo un hito clave en la política de Medio Oriente de la administración estadounidense. Todo esto le hace sentir que puede actuar con impunidad.

La asociación de Estados Unidos con Arabia Saudita no se basa en valores, sino en intereses. Después de la indignación de los círculos empresariales y políticos de Estados Unidos por el aparente asesinato de Khashoggi, especialmente de algunos dentro de su propio partido, Trump pasó de su respuesta de "este no es nuestro asunto" a "no es bueno si realmente lo hizo".

Trump habló con el rey saudí, y ante la negativa de este de cualquier participación saudí en el incidente de Khashoggi, Trump dijo que era posible que "asesinos canallas" pudieran haber asesinado a Khashoggi. El secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, también fue enviado a reunirse con el rey saudí y MBS. Según el sitio web del Departamento de Estado, las discusiones cubrieron temas bilaterales y regionales, y Pompeo "agradeció al rey por su compromiso de apoyar una investigación exhaustiva, transparente y oportuna de la desaparición de Jamal Khashoggi".

En resumen, el presidente y el secretario de estado parecen estar listos para aceptar la narrativa que los funcionarios saudíes les dirán.

No hay duda de que MBS contó con el énfasis de Trump en los acuerdos y el dinero, así como el desdén del presidente por la prensa.

Es cierto que la élite gobernante saudita subestimó el alcance de la vigilancia turca del consulado en Estambul, y no parece haber predicho la reacción negativa inmediata ante el incidente de Khashoggi en los círculos empresariales y políticos de Estados Unidos. Pero es probable que las autoridades sauditas continúen enfocándose en hacer lo suficiente para apaciguar a la administración estadounidense al responder preguntas sobre lo que le sucedió al periodista. Se puede esperar que los saudíes afirmen que MBS no tenía conocimiento del aparente asesinato, y en el camino pueden incluso pretender castigar a los que dicen que estuvieron involucrados.

Con el incidente de Khashoggi, MBS probaba los límites de la impunidad diplomática en un mundo donde los estándares para la civilidad diplomática están en un rápido declive. No es ningún secreto que quiere controlar y someter a la diáspora saudí, y cualquier movimiento político que pueda desafiar su legitimidad.

Dada la violenta reacción del mundo empresarialque probablemente se intensificará conforme los horribles detalles de la violencia infligida a Khashoggi se filtran a la prensa es probable que MBS sea más cauteloso, al menos en el corto plazo.

Sin embargo, a largo plazo, las empresas y los responsables de la formulación de políticas deberán señalar sistemáticamente, tanto en público como en privado, que, a pesar del daño potencial que las sanciones a Arabia Saudita pueden causar a la economía mundial, existen valores que la comunidad internacional no está lista para sacrificar. El desafío para la comunidad internacional es decidir cuáles son esos valores.

Nukhet A. Sandal es Directora de Estudios Globales del Centro de Estudios Internacionales y profesora asociada de Ciencias Políticas en la Universidad de Ohio. Es autora de Líderes religiosos y transformación de conflictos (Cambridge University Press, 2017).

CORRECCIÓN: En una versión previa de este artículo se especificó una fecha equivocada del asesinato de Alexander Litvinenko. Fue asesinado en 2006, no en 2016.

Este texto fue publicado originalmente en 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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