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14/01/2019 10:00 AM CST | Actualizado 14/01/2019 12:31 PM CST

Si valoras el consentimiento, deja de seguir a tus hijos en línea

Peter Dazeley via Getty Images
The variety of ways parents can check up on their kids these days is more than a little Orwellian.

Cuando era estudiante, mis padres sabían qué calificaciones sacaba cuando yo llevaba a casa mis boletas.

Eso ya es algo anticuado.

En el sistema de las Escuelas Públicas de Chicago los estudiantes ya no tienen que llevar un papel a casa, porque sus calificaciones se registran y actualizan regularmente en un sitio web. Un sitio web al que tanto estudiantes como padres tienen acceso. Si deseas saber cómo le fue a tu hijo en su última prueba, simplemente inicias sesión.

O al menos la mayoría de los padres solo inician sesión. Yo no lo hago.

Cuando recibí el correo electrónico que me invitaba a inscribirme en el sistema, le pregunté a mi hijo cómo se sentiría si revisara sus calificaciones en línea. Levantó la vista de su teléfono y lo pensó por un momento. "Síííííí", dijo. "No hagas eso".

Así que no lo hice. Si quiero saber cómo le va en la escuela o qué calificación tiene en una clase en particular (como hago ocasionalmente), no entro al sistema. Solo le pregunto a él.

Las nuevas tecnologías han hecho que sea más fácil para los padres controlar las actividades y ubicaciones de sus hijos, y existe un gran incentivo para que los padres utilicen estos recursos para monitorear a sus hijos tanto en línea como fuera de ella. ¿La justificación? Los niños están más seguros cuando tú sabes lo que están haciendo y serán más responsables si saben que tú los estás vigilando.

Pero violar constantemente los límites de nuestros hijos generalmente no los hace más seguros ni más responsables. A menudo los hace enojar y desconfiar. Y esa desconfianza puede ponerlos en peligro, no importa lo cerca que pienses que los estás observando.

La variedad de formas en que los padres pueden controlar a sus hijos en estos días es desconcertante y más que un poco orwelliano. Los adultos tienen la capacidad de estar en comunicación casi constante con sus hijos a través de sus teléfonos; muchos de los amigos de mi hijo se meten en problemas si no responden instantáneamente a los textos de los padres.

Ciertas aplicaciones telefónicas permiten a los padres rastrear la ubicación física de sus hijos a través de GPS. Otros le permiten controlar la actividad de tus hijo en redes sociales, los hábitos de visualización de YouTube, los correos electrónicos y los mensajes de texto, y te envían alertas automáticas si tu hijo hace algo que la aplicación cree que es peligroso. Incluso hay aplicaciones que te dicen qué tan rápido está manejando tu adolescente, aplicaciones que apagan el teléfono de un niño después de una hora de uso y aplicaciones que bloquean los sitios de juego y para adultos.

Muchas de estas aplicaciones se pueden configurar para monitorear en secreto, para que tus hijos no sepan que los estás vigilando. (Aunque probablemente se darán cuenta bastante rápido cuando los llames y les grites por su exceso de velocidad). Y si los padres quieren controlar las actividades en línea de sus hijos a través de medios menos avanzados, simplemente pueden quitarles el teléfono.

No puedes enseñarle a tu hijo a valorar el consentimiento y al mismo tiempo violar el suyo.

Por supuesto, ningún padre quiere que su hijo conduzca demasiado rápido o sea víctima de acoso en línea. Pero es imposible mantener a nuestros hijos seguros todo el tiempo en todos los sentidos. Monitorearlos constantemente los hace infelices, e incluso puede ponerlos en riesgo si debilita la confianza en sus padres.

Cuando espías a tu hijo sin su permiso, le enseñas que los adultos y las figuras de autoridad tienen el derecho de violar su privacidad. Y como el movimiento Me Too nos ha enseñado, es una lección muy peligrosa que transmitir.

Una de las razones por las que no revisamos el teléfono de nuestro hijo (o leemos sus textos o miramos sus calificaciones) sin su permiso es porque queremos que sepa que sus límites y su consentimiento son importantes para nosotros. Quiero que él sepa que tiene un espacio personal muy claro. Quiero que sepa que las personas que entran en ese espacio sin su consentimiento están equivocadas, que puede y debe decir lo que pienza y rechazar si los adultos o compañeros hacen algo con lo que se sienta incómodo.

Si estoy constantemente molestándolo, ¿cómo puede aprender mi hijo que no debe dejar que la gente lo moleste? No puedes enseñarle a tu hijo a valorar el consentimiento y al mismo tiempo violar el suyo.

Quizás lo más importante es que monitorear a tu hijo de manera contradictoria hace que sea menos probable que sepas lo que realmente está pasando con ellos: porque la mejor manera de saber qué están haciendo y pensando tus hijos y, con quién están saliendo, no es rastrearlos con una aplicación. Es hablar con ellos. Nuestro hijo confía en nosotros, en parte porque no estamos constantemente quitándole su teléfono o checando a hurtadillas a través de sus aplicaciones de redes sociales.

Como resultado, está más dispuesto a decirnos qué está pasando con su vida (para bien o para mal). Cuando comenzó la escuela preparatoria y tenía problemas de ansiedad, nos dijo. Esos problemas desaparecieron, pero si no lo hubieran hecho, habríamos podido dar los siguientes pasos apropiados. Nos dice qué programas está viendo, incluso si son muy inapropiados (solo vio "Breaking Bad"). Nos dice que cuando YouTube recomienda ver videos de Ben Shapiro, y hablamos en familia sobre por qué Ben Shapiro es horrible. Él nos cuenta lo que está aprendiendo en la clase de educación sexual. Justo el otro día, mencionó que había salido con una de sus amistades hace dos años. Admitimos que nos hubiera gustado saber esto en ese momento, porque los padres son tan entrometidos. Pero eventualmente nos enteramos.

Cuando espías a tu hijo sin su permiso, le enseñas que los adultos y las figuras de autoridad tienen el derecho de violar su privacidad.

Los niños son distintos, y nuestro hijo es naturalmente más abierto con los adultos en general (y con sus padres en particular) que algunos adolescentes. Pero sé que sería mucho menos abierto con nosotros si se sintiera como si estuviéramos constantemente sobre él esperando castigarlo por una mala calificación, un programa de HBO problemático o un texto inapropiado.

Si alguien instalara software espía en mi computadora o teléfono, estaría resentido y sería más que un poco paranoico. Desde luego, no me gustaría hablar de mi vida o mis problemas o cualquier otra cosa con quienquiera que me esté rastreando. Los niños son de la misma manera. Todos necesitan espacio para ellos mismos. Los padres que les quitan eso a sus hijos no los mantienen seguros; los están acosando y, posiblemente les están haciendo daño en el proceso.

Saber cómo le fue a mi hijo en su último examen de matemáticas en el momento en que su maestra suba la calificación no hará una gran diferencia a largo plazo. Pero enseñarle que merece que se respete su privacidad es algo que lo protegerá en la vida mejor que cualquier aplicación.

Noah Berlatsky es escritor, su más reciente libro es Nazi Dreams: Films About Fascism.

Este texto fue publicado originalmente en 'HuffPost' Estados Unidos y fue traducido.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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