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13/12/2018 2:52 PM CST | Actualizado 13/12/2018 2:52 PM CST

Cambio climático, ¿líderes o ciudadanos irresponsables?

Beata Zawrzel/NurPhoto via Getty Images)
El expresidente de Estados Unidos, Al Gore, da una conferencia en el marco de la actividades de la reunión COP 24, en Polonia. 12 de diciembre de 2018. Foto: Zawrzel/NurPhoto via Getty Images.

Tres años después de firmar el Acuerdo de París, representantes de casi 200 naciones, cientos de expertos, activistas, el sector privado y representantes de comunidades locales se han reunido en Katowice, Polonia, para discutir uno de los asuntos más alarmantes de nuestros tiempos: el cambio climático. La reunión del COP24 tiene una agenda muy optimista y llega en un momento de gran importancia.

El 12 de diciembre de 2015, gobiernos adoptaron el histórico Acuerdo de París. Ahora, tres años después, se han reunido nuevamente en Katowice, en la COP24, donde están conel objetivo de aprobar los lineamientos generales para implementar el acuerdo y desplegar una accción global climática.

Hoy, Katowice es el centro de la acción climática global. Los ojos del mundo están sobre nosotros. Y más de 32 mil personas han venido para encontrar soluciones al cambio climático. Ellos están inspirados, comprometidos y quieren que nosotros aportemos. Quieren que terminemos el trabajo.

Después de tres años, los signatarios del Acuerdo de París lograron acordar una fecha límite para alcanzar un plan colectivo que haga posible cumplir los compromisos establecidos. Aunado a la fecha límite, la importancia destaca en la urgencia acordada al respecto y en el hecho de que no podemos perder más tiempo.

Mientras seguimos los avances desde Katowice y esperamos que los países sean capaces de superar sus diferencias y pactar en un programa de implementación decisivo y responsable, uno no puede permanecer inmune ante los impresionantes datos y reportes sobre las consecuencias desastrosas que las actividades humanas están teniendo en nuestro planeta.

En el transcurso del año estuvimos escuchando datos e informes científicos de gran alcance con los que todo hemos acordado que si no cambiamos nuestro comportamiento de forma radical, podríamos llegar a un callejón sin salida.

Experimentaremos los efectos negativos de las emisiones de gas efecto invernadero mucho más fuerte y rápido de lo que se tenía esperado.

El informe detallado e impactante del IPCC sobre calentamiento global publicado el mes de octubre declaró que experimentaremos los efectos negativos de las emisiones de gas efecto invernadero mucho más fuerte y rápido de lo que se tenía esperado. Si continuamos utilizando combustibles fósiles al ritmo actual, en una década alcanzaremos los 1.5°C de aumento de calentamiento global a niveles preindustriales (1.5°C es el objetivo al que aspira el Acuerdo de París, 2°C es el objetivo acordado, y actualmente estamos en torno al 1°C).

Las consecuencias de nuestros actos sobre el planeta pueden ser irreversibles: calor extremo, derretimiento de los polos, tormentas más fuertes, sequías más intensas, incremento de la pobreza y enfermedades infecciosas, empeoramiento en la escasez de alimentos, cientos de millones de personas expuestas al aumento del nivel del mar, migraciones masivas, destrucción de la mayoría de los arrecifes de coral, etc.

El reporte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) del calentamiento global de 1.5°C es uno de los reportes sobre cambio climático más importantes que se haya publicado jamás. Limitar el aumento de la temperatura requieres cambios sin precedentes en la socideda, pero tendrá grandes beneficios. Cada mitad de grado de calentamiento importa.

Mientras aún tratábamos de asimilar las amenazas antes mencionadas que se ciernen sobre nuestras cabezas, la Organización Meteorológica Mundial de las Naciones Unidas sobre el clima informó en noviembre que el nivel de gases de efecto invernadero atrapados en la atmósfera alcanzó otro nuevo récord. Según el Secretario General de la OMM, Petteri Taalas, "la última vez que la Tierra experimentó una concentración comparable de CO2 fue hace tres o cinco millones de años, cuando la temperatura era de 2 a 3°C más cálida y el nivel del mar era de 10 a 20 metros más alto que ahora".

Casi al mismo tiempo, un informe publicado por la London School of Economics and Politics, reportó que solo 16 de las 184 países que ratificaron el Acuerdo de París se encuentran trabajando en el cumplimiento de sus compromisos sobre el clima definiendo sus planes de acción nacionales y adoptando la legislación necesaria.

En lugar de que los países se apresuren a alcanzar sus compromisos con el medio ambiente para frenar o, de ser posible, revertir el calentamiento global antes de que sea tarde, los récords negativos se están rompiendo. Y sin embargo, aquí estamos, esperando que otra conferencia internacional de alto nivel produzca algo más exigente que logre desviar nuestro viaje colectivo hacia la total destrucción de la naturaleza y la vida tal como la conocemos.

No obstante, hay otra cara en el tema del cambio climático. Una más personal, que me hace preguntar a quién culpar por no hacer suficiente por proteger el medio ambiente: ¿a los irresponsables líderes mundiales y políticos; o a los ignorantes e inactivos ciudadanos?

Si bien a menudo nos sentimos frustrados por la incapacidad de los estados para alcanzar acuerdos amigables con la naturaleza e implementar políticas ecológicas, ¿con qué frecuencia nos preguntamos si estamos haciendo lo suficiente para afectar el cambio? Buscamos a los culpables en los niveles abstractos de los estados y el sistema internacional, pero tendemos a separar sus acciones de nuestras decisiones y elecciones. Convenientemente, separamos nuestras huellas de la degradación de la naturaleza.

Mientras esperamos que se negocie un acuerdo internacional innovador, ¿reflexionamos sobre cómo podemos contribuir personalmente al cambio? ¿Hemos considerado cambiar nuestro comportamiento y hábitos? ¿Hemos considerado, por ejemplo, cambiar nuestras dietas para que al menos se reduzca el daño, si no se revierte totalmente? ¿Podemos usar más el transporte público, las bicicletas? ¿Cuánto tiempo nos duchamos, separamos la basura y reciclamos? ¿Es realmente necesario usar tantos plásticos de un solo uso cuando compramos en el supermercado? ¿Podemos reducir nuestra producción de basura? ¿Evitar, si es posible, vuelos de larga distancia para vacacionar, tal vez? ¿Reducir las compras excesivas del Buen Fin o Navidad?

Estas preguntas introspectivas son absolutamente necesarias como punto de partida para todos, pues aumentan nuestra conciencia sobre los impactos inmediatos y a largo plazo de nuestras decisiones sobre el clima y la naturaleza. Las respuestas deben influir en la manera que pensamos sobre nuestra sociedad y nuestras políticas, y a la vez modificar nuestras decisiones de forma informada.

¿Deberíamos esperar a que los políticos solo mitiguen los efectos de la crisis una vez que ocurra y sean éstos mucho peores que los que enfrentamos hoy, o debemos tomar una posición firme sobre el hecho de que el cambio climático nos afecta a todos y que toda decisión importante debe estar acompañada, desde este momento, de una evaluación del impacto ambiental?

Porque solo entonces los partidos políticos y sus líderes incorporarán y abogarán por agendas verdes y se interesarán en proteger la naturaleza.

La urgencia de los asuntos relacionados con el cambio climático exige un cambio radical en la forma en que los estados actúan y se organizan, pero no podemos esperar que el cambio sea sostenible si está impulsado exclusivamente de arriba hacia abajo. Los ciudadanos son esenciales agentes de cambio, quizá los más fuertes.

Siendo así, mientras esperamos los resultados de la COP24, tenemos que prepararnos para participar en esfuerzos personales y colectivos más amplios y francos para crear conciencia sobre el cambio climático, y actuar. Debemos presionar a nuestros líderes para que integren políticas e ideas proverdes en sus agendas y en la creación y aplicación de leyes, y respaldar solo a aquellos que están listos para brindar soluciones rigurosas y amigables con la naturaleza.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.