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19/02/2018 3:00 PM CST | Actualizado 19/02/2018 4:02 PM CST

Raúl Castro y el historiador Eusebio Leal, un vocero inminente

ADALBERTO ROQUE/AFP/Getty Images
El historiador Eusebio Leal (izquierda) junto a Miguel Díaz-Canel, Primer Vicepresidente de Cuba (y mencionado como sucesor de Raúl Castro al frente del gobierno de la isla), el 1 de febrero de 2018 en la inauguración de la Feria del libro de La Habana.

El historiador oficial de la Ciudad de la Habana, Eusebio Leal, evidenció que las elecciones de marzo y abril ya están cantadas. Desde el Partido Comunista y las fuerzas armadas, Raúl Castro seguirá rigiendo los destinos de Cuba hasta 2021 y, sobrepasados los 90 años, si la salud y las circunstancias permiten, más tiempo aún.

Leal despejó enérgicamente las incertidumbres, que a algunos quedaban, sobre el futuro del presidente, a quien profesa una inmensa devoción: "Raúl es el hombre que tiene sobre su espalda el principio de autoridad y que se dispone ahora a hacer como dice Martí, de Céspedes (el Padre de la Patria), lo que pocos hacen: cumplirá su palabra y declinará la responsabilidad de presidente en breve. Pero el líder de la revolución hoy se llama Raúl Castro Ruz. No porque se lo dijo ni porque se lo mandaron ni porque lo heredó. En este caso el sentimiento de cuna, de madre y padre, es puramente accidental. Esta condición fue de la sangre y de las ideas y está ahí porque lo hizo, porque lo ha hecho y porque lo hará", en la presentación del libro Raúl Castro y Nuestra América, de Abel Enrique González Santamaría, el 7 de febrero (cita tomada del Noticiero de televisión).

En esa ocasión se destacó también la asistencia de Fidel Castro Smirnov, a pocos días del suicidio de su padre Fidel Castro Díaz-Balart, sentado al lado de su primo Alejandro Castro Espín. El joven profesor de la Universidad de Informática habanera se sobrepuso a la conmoción emocional también al día siguiente, al presentar el libro Ahí viene Fidel, con crónicas y fotos del cortejo fúnebre de su abuelo, realizado por los periodistas Yunet López y Wilmer Rodríguez. Allí reiteró: "Yo soy Fidel. Mi padre es Fidel. Mi abuelo es y será siempre el eterno e invicto Fidel. Mi nombre es Fidel, y mi vida se llama Fidel. Mis pensamientos, mis sueños, mis anhelos, se llaman también Fidel".

Alexandre Meneghini / Reuters
Fidel Antonio Castro Smirnov, nieto de Fidel Castro Ruz, el 4 de diciembre de 2017 en la provincia de Santiago de Cuba.

Opiniones similares había expresado en las palabras de homenaje a Fidel Castro Ruz al año de su fallecimiento, en la Cátedra Honorífica para el Estudio del Pensamiento y la Obra de Fidel de la Universidad de Oriente (Santiago de Cuba), que concluía con: "A un año del día escogido por él para volver a embarcarse a nuevas batallas, ¡Mi tiempo sigue siendo el tiempo de Fidel!"

Ambas comparecencias sugieren el propósito de no ceder el lugar que le corresponde por ser tres veces Fidel, disipar los comentarios dudosos sobre el suicidio de su padre y demostrar unidad en la familia.

La XXVII Feria del Libro, de 1-11 de febrero en La Habana y por provincias hasta el 13 de mayo en Santiago de Cuba, se ha dedicado a homenajear al historiador Eusebio Leal, quien parece rebasó una grave enfermedad, y a China. Sin embargo, la presencia de Fidel Castro y la continuación del general desbordan por doquier, junto a la gran carga de libros político-ideológicos y de autores muy vinculados al gobierno, sus instituciones y premios.

Una ocasión turística a la cubana cada año, con inmensa afluencia de público a la Fortaleza de La Cabaña, del lado opuesto de la bahía con una hermosa vista de la capital, es exhibida internacionalmente como muestra de avidez por la buena lectura. En realidad determina el excepcional buen transporte, las amplias ofertas de alimentos, los aparatos de diversión para los niños, los juguetes artesanales a precios razonables, y actividades culturales y libros infantiles, difíciles de encontrar en las librerías el resto del año. Personas entrevistadas por el noticiero de televisión el 11 de febrero dijeron que la mayoría asistía en busca de un momento agradable con la familia y los libros pasan a segundo plano, pues los publicados usualmente no son atractivos. Una escapada de las restricciones y escaseces cotidianas siempre crecientes, sin que se vea el final del túnel.

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