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20/03/2018 5:00 AM CST | Actualizado 20/03/2018 5:00 AM CST

¿Qué tan corrupto eres tú?

Instituto Nacional Electoral

El pasado viernes 16 de marzo el Instituto Nacional Electoral informó que únicamente Margarita Zavala había superado el umbral de 866 mil firmas necesarias para competir en la elección presidencial como candidata independiente. Pese a que Jaime Rodríguez El Bronco y Armando Ríos Piter habían originalmente documentado un número mayor de firmas al requerido, el INE encontró que un gran número eran falsas o no válidas (el 59% y el 86% respectivamente) dejándolos por debajo del umbral. De hecho, Margarita Zavala también tenía muchas firmas no válidas ya que el 45% de las que presentó no cumplían la autenticidad que pide la ley.

Esto desató una ola de rabiosos twitteros que se desgarraban las vestiduras clamando que no solo no deberían competir ninguno de los tres, sino que habría que procesarlos, porque, seguramente, detrás de esas fotocopias o las firmas simuladas habría el uso de padrones de programas sociales corruptamente obtenidos (entre otros delitos). Al leer muchos de esos tweets queda la interrogante de si la indignación era genuina. ¿Esos mismos twitteros se sentirán así cuando los candidatos oficiales de partido cometan los típicos delitos electorales (i.e. rebasar el tope de campaña, introducir dinero privado a las mismas, compra de voto, etc.) y tras el 1° de julio no se reponga la elección (máxime si su candidato preferido la ganó)? ¿Qué tanto las quejas de quienes parecen paladines de la justicia desaparecerán cuando se trate de los actos de corrupción de los partidos/candidatos con quienes se identifican?

Tabla 1. Registros de partido en función de su validez

Instituto Nacional Electoral

Fuente: Instituto Nacional Electoral

Hay todo tipo de sesgos –conscientes e inconscientes– que afectan la toma de decisiones de las personas. El entorno en el que fuiste criado (los valores y costumbres de tu familia, lugar y personas de tu trabajo o religión) o lo que se observa en medios de comunicación, entre otros. El fenómeno de los sesgos humanos ha sido ampliamente estudiado por los psicólogos, pero un ejemplo muy revelador es la Prueba de Asociación Implícita (IAT) desarrollada por los académicos Anthony Greenwald y Mahzarin Banaji.

Esta prueba que consiste en relacionar ideas -como el bien y el mal, o el éxito o el fracaso– con personas, revela los profundos sesgos asociados con etnias, sexos o hasta ideologías que están detrás de muchas decisiones. Por ejemplo, ¿contratas en el trabajo solo a los de tu misma escuela o asignas responsabilidades con base en roles de género?; ¿tienes más miedo de ser asaltado por una persona de tez más oscura que de alguien blanco?; ¿crees que son más corruptos los de un partido específico?

En el año 2006 los académicos Drew Westen, Stephan Hamman y Clint Kilts realizaron un experimento con estadounidenses claramente identificados como republicanos o demócratas para ver cómo piensan los cerebros políticos (Westen, 2008). Ellos les mostraban vídeos de políticos de dichos partidos (i.e. George W. Bush o John Kerry) además de otras celebridades neutrales (i.e. Tom Hanks) donde se contradecían de un video al otro. Todos los participantes eran capaces de identificar dichas contradicciones en los políticos del partido rival al suyo y entre las figuras neutrales, pero vacilaban y justificaban estas incongruencias en los de su partido (Westen, 2008). Esta 'racionalización' de las incongruencias es solo una más de las expresiones de los sesgos que tienen todas las personas que se identifican con algo, sea esto una religión, un equipo de fútbol o un partido político.

El sesgo de confirmación es una de las maneras en que la gente distorsiona la información que recibe para confirmar sus creencias preestablecidas (Kahneman, 2011). Esta situación hace más factible que lleguen intempestivamente a conclusiones positivas o negativas a partir de encuadres específicos (framing effects). De tal manera los simpatizantes de un partido creen que su candidato es honesto mientras que los otros no y viceversa para quienes lo rechazan, cuando en realidad el 77.2% de los mexicanos consideran que más de la mitad de los políticos mexicanos son corruptos (AmericasBarometer, 2017). Ese porcentaje tan alto no es casualidad, ya que el fenómeno de la corrupción es bidireccional: una clase política corrupta es producto de una sociedad corrupta (o al menos displicente).

De acuerdo a la encuesta del Latinobarómetro 2017, únicamente el 13% de la población considera que la corrupción es el problema más relevante de México (ocupa el tercer lugar por detrás de la inseguridad y la economía), mientras que el 33% considera tener bastantes o muchas probabilidades de sobornar un juez, el 47% a un policía y el 51% a un funcionario del ministerio público. Adicionalmente, un 22% de los mexicanos cree que es válido pagar una mordida para resolver un problema (AmericasBarometer, 2017).

La indignación en redes sociales por diversos temas es común, pero rara vez hay un análisis concienzudo de qué causa o permite dichas situaciones. Puede parecer escandaloso el fraude electoral de los rivales, pero no el propio; es fácil señalar a los políticos sin reconocer las mordidas para pasar la verificación, las construcciones sin permisos o la evasión y elusión fiscal. Durante el próximo escándalo de corrupción valdría la pena preguntarse cuánto de eso sucede por la complicidad de una ciudadanía desinformada de los temas o las personas corruptas por las cuales vota, o si quiera de quiénes son sus representantes actuales con los cuales quejarse del tema (diputados, alcaldes, senadores, etc.). Valdría la pena reflexionar con sinceridad ¿qué tan corrupto eres tú?

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.