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19/02/2018 6:00 AM CST | Actualizado 19/02/2018 6:00 AM CST

(Pre)campañas en México: mucho chisme, poca substancia

YouTube: Movimiento Ciudadano

¿Cuántos se enteraron del #YoMero que José Antonio Meade le contestó a Tatiana Clouthier en Twitter? Habría que sacar las estadísticas del número de personas que leyeron los dimes y diretes entre las personas que debatían si la referencia a los "PRIetos" (expriistas) de Morena que hizo Enrique Ochoa (con toda razón criticado por sus frases discriminadoras) era tan grave como cuando AMLO llamó a sus contrincantes del PRI y PAN blancos pirruris (que no se asolean porque no salían del DF a realmente conocer el país como él). Probablemente fueron muchas más que los que han leído algunas de las propuestas de los candidatos (inclusive dentro de columnistas, twitteros famosos y opinadores en general).

Si esto es cierto, es difícil esperar que el nivel del debate en la elección presidencial se incremente, máxime cuando los ciudadanos no ponemos nada de nuestra parte. El cambio del país no vendrá desde el gobierno o alguno de los candidatos que aspiran a puestos de elección pública, sino de una sociedad más informada, más crítica y sobre todo más participativa.

La absurda legislación electoral que tiene México impide formalmente a los precandidatos hacer propuestas durante la precampaña así como durante la "intercampaña" que concluye el viernes 30 de marzo. En un país lleno de problemas que requieren soluciones debatidas, los candidatos a la presidencia están impedidos legalmente a ofrecer soluciones concretas sobre los problemas que aquejan a todos los mexicanos durante una parte del proceso. Pero más allá de la estupidez que esto representa, las propuestas de los candidatos existen y pueden ser consultadas en sus páginas oficiales de campaña por la ciudadanía.*

El cambio del país no vendrá desde el gobierno o alguno de los candidatos que aspiran a puestos de elección pública, sino de una sociedad más informada, más crítica y sobre todo más participativa.

Algunos como Meade las tienen en viñetas en una sección de su página, mientras que otros como Andrés Manuel o Ricardo Anaya las tienen como parte de sus proyectos de nación o plataformas electorales. Y sin embargo, es raro leer columnas que discutan si es sensato que el gobierno otorgue créditos a la palabra de las mujeres para fomentar el emprendedurismo como plantea Meade. O segmentos en los programas de debate en la televisión donde se discuta si es necesario establecer un precio de garantía (precios mínimos) a la venta de la leche para fomentar el mayor desarrollo del sector dentro de un marco de autosuficiencia alimentaria que plantea López Obrador. Se habla sobre los dichos, los palomazos con niños indígenas o teorías de conspiración sobre conexiones con el gobierno ruso. Mucho chisme y poca substancia.

En su más reciente libro, Fake News, Esteban Illades comenta cómo los medios de comunicación en México durante el siglo XX se acostumbraron a trabajar en un modelo donde se dedicaban a transcribir las notas que expedían las oficinas gubernamentales mientras que luchaban por mantener su rentabilidad a causa de la falta de lectores (2018). Dicha situación ha facilitado la captura por parte del gobierno, quien representa su principal fuente de ingreso vía la publicidad oficial.

El mexicano no debe esperar que le expliquen por qué un candidato sería bueno o malo para el puesto por el cual compite, debe tomar el toro por los cuernos y buscar informarse.

Esto no es exclusivo de México, en todo el mundo los medios de comunicación enfrentan la dificultad de sobrevivir con pocos lectores dispuestos a pagar por su contenido (Illades, 2018; Oliver, 2016) mientras malabarean la calidad informativa versus los intereses de los políticos (Stromberg, 2015) o de los anunciantes (Djankov et al., 2003; Dyck, Moss y Zingales, 2013; Oliver, 2017). Por eso no es sorpresa que los medios se hayan vuelto tan clickbait y se haga mucho revuelo por la canción de 'movimiento naranja' o el chisme político en turno en vez del análisis de las propuestas. Muchos medios –y sus opinadores– están en el negocio del contenido y no de la información.

Ante este panorama, el mexicano no debe esperar que le expliquen por qué un candidato sería bueno o malo para el puesto por el cual compite, debe tomar el toro por los cuernos y buscar informarse. Esta tarea no es sencilla puesto que no solo tienen que enfrentar el dilema de los 'mercados políticos delgados' -término utilizado para describir que existen temas tan complejos que solo a los especialistas les importan como para empujar legislación en la materia (Ramanna, 2015)– sino además romper la inercia de la falta de rendición de cuentas de las autoridades.

En México la ausencia de mecanismos electorales vinculantes entre los políticos y los ciudadanos dificulta la rendición de cuentas. Los gobernantes no tienen la necesidad de explicar a la gente lo que pasa porque la supervivencia de su carrera política no está anclada a la información del ciudadano, sino al beneplácito del líder del partido cuando no hay reelección (Campos, 1996; Dworak, 2013; Hill y Dworak, 1998).

De manera que la próxima vez que haya un nuevo chisme de los candidatos, ríanse, indígnense tal vez, pero busquen si sus rivales tienen propuestas concretas para atender esos problemas. Los políticos no les van a explicar, los medios tampoco les van a informar, tendrá que ser responsabilidad del ciudadano. El voto requiere menos chisme y más substancia.

*Las páginas donde pueden leer las propuestas de los tres candidatos de partidos son las siguientes:

Ricardo Anaya

Andrés Manuel López Obrador

José Antonio Meade

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.