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12/03/2018 11:23 AM CST | Actualizado 12/03/2018 12:41 PM CST

La curiosa lección de igualdad social que revela Teotihuacán

Russell Boyce / Reuters
Teotihuacán tiene varias particularidades, además de su gran tamaño.

Todos los años, millones de turistas que visitan la zona arqueológica de Teotihuacán. Suben a las pirámides, caminan por la Calzada de los Muertos y conocen los fascinantes artefactos recuperados en la antigua ciudad de Mesoamérica. Al recorrer esta imponente zona arqueológica, muchos asumen que solo un rey o un líder despótico podría haber dirigido la construcción de una ciudad tan cuidadosamente planificada. De hecho, muchos arqueólogos sostuvieron esta teoría durante un tiempo. Sin embargo, si los turistas hicieran el esfuerzo de visitar las zonas residenciales que están en la periferia de la zona arqueológica principal, podrían empezar a entender por qué están cambiando nuestros supuestos sobre la sociedad teotihuacana. Después de todo, estas estructuras periféricas son la clave para alterar nuestra perspectiva al respecto.

Empecé mi carrera como arqueólogo en la década de los 70. En ese momento era estudiante universitario y analizaba artefactos en Teotihuacán. En mi primer viaje a México me enamoré de las pirámides, de la cultura y del país en general. Desde entonces, he dedicado mi carrera a excavar en sitios arqueológicos aztecas, en las diferentes zonas donde alcanzó a llegar este imperio. Debo admitir que, después de varios años de trabajo, mi opinión sobre Teotihuacán ha cambiado mucho.

En comparación con los sitios aztecas que he estudiado, Teotihuacán tiene varias particularidades, además de su gran tamaño (vivían 100 mil personas en un área de 20 kilómetros cuadrados). Por ejemplo, es la única ciudad mexicana premoderna que fue planificada en cuadrícula; sus habitantes vivían en una suerte de complejos de departamentos multifamiliares con porches, pisos blancos de enlucido de cal y techos ornamentados, que eran notablemente amplios y lujosos para la época; y, además, muy pronto descubrí que la sociedad de Teotihuacán era mucho más igualitaria que cualquier otra sociedad mesoamericana.

Los científicos que están estudiando el sitio arqueológico han logrado plantear algunas teorías muy interesantes. Por ejemplo, no hemos encontrado evidencia de que haya existido un rey. En los enormes murales de la ciudad no se puede ver ninguna imagen de la realeza y, hasta la fecha, no se han encontrado señales de entierros reales bajo las pirámides de la ciudad. Los arqueólogos David Carballo, de Boston University, y Linda Manzanilla, de la Universidad Nacional Autónoma de México, suponen que esto se debe a que el gobierno en Teotihuacán era más parecido a una democracia que a una dictadura: probablemente, el poder se compartía y el pueblo tenía más influencia en las decisiones que en la mayoría de las otras sociedades antiguas.

Dejando de lado la cuestión de los reyes, hay más evidencia que refuerza la idea de que la sociedad de Teotihuacán era excepcionalmente igualitaria.

Por otro lado, algunos investigadores como Saburo Sugiyama, de la Arizona State University, creen que la cuidadosa planificación de la ciudad es una señal de que, en algún momento, hubo algún tirano en el poder que todavía no descubrimos. Sin embargo, algunos estudios comparativos demuestran que la planificación de la ciudad en cuadrículas no se limita a sociedades autocráticas. Por ejemplo, en la antigua y democrática Grecia había ciudades cuadriculadas.

Dejando de lado la cuestión de los reyes, hay más evidencia que refuerza la idea de que la sociedad de Teotihuacán era excepcionalmente igualitaria. En los años 50, cuando la arqueóloga mexicana Laurette Séjourné descubrió una de las primeras "zonas residenciales" de Teotihuacán, se refirió a ese lugar como un "palacio en la ciudad de los dioses". El edificio que descubrió, conocido como Zacuala, tenía habitaciones espaciosas con paredes cubiertas de murales pintorescos. Al parecer, estas zonas lujosas no estaban reservadas para las clases altas, sino que estaban disponibles para miles de personas. Casi todos los habitantes de Teotihuacán vivían en un "palacio". Esto contradice el estereotipo común de que las personas de esa época eran muy pobres y no tenían poder alguno.

Decidí comprobar esta idea y, para eso, tuve que cuantificar el nivel de desigualdad de riqueza en Teotihuacán. El método que utilicé fue creado por un grupo de arqueólogos con los que trabajo, y se basa en el tamaño de la casa para determinar la riqueza de la familia. Después, empleamos el coeficiente de Gini, una medida de concentración de las riquezas en determinada población, para calcular el nivel de desigualdad y compararlo con el de otras ciudades y asentamientos.

Sus habitantes vivían en una suerte de complejos de departamentos multifamiliares.

En el coeficiente de Gini, el valor 1 indica que un solo hogar controla toda la riqueza, mientras que el valor 0 indica que la riqueza está distribuida por igual entre todos los hogares. Hoy en día, parece muy común que muchos países vivan en la desigualdad: el coeficiente de Gini de México es de 0.75; el de Estados Unidos, 0.80. Por eso, cuando una de mis estudiantes calculó que el coeficiente de Gini de Teotihuacán era 0.12, asumí que se había equivocado. Sin embargo, aunque el valor era muy bajo, estaba correcto.

Haber descubierto evidencia que revela el nivel de igualitarismo en Teotihuacán nos obliga a replantearnos por completo la vida y la sociedad de esa ciudad. Todavía es muy pronto para afirmar que estos descubrimientos refuerzan las teorías de Manzanilla o Carballo, que creen que el gobierno de la ciudad era más colectivo que autocrático. Sin embargo, lo que estos descubrimientos sí nos permiten pensar es que resulta posible crear ciudades prósperas y grandes —en este caso, una ciudad que floreció durante más de cinco siglos— sin la necesidad de tener clases marginadas, pobres y desfavorecidas.

Podemos hacernos otras preguntas. ¿Cómo lograron esto los teotihuacanos? ¿Podemos aprender algo de ellos y aplicarlo en nuestras ciudades modernas? Creo que las futuras investigaciones nos revelarán nuevas perspectivas sobre la vida urbana, que trascenderán la división entre ciudades antiguas y modernas. Espero que esto nos permita, tanto a los millones de turistas que visitan Teotihuacán todos los años como al resto de nosotros, replantearnos cómo podría haber sido la vida en la ciudad.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.