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12/07/2018 10:00 AM CDT | Actualizado 12/07/2018 11:31 AM CDT

Así la moda de Frida Kahlo conquistó Londres

"Todo el evento tenía el sabor de México, el verdadero, el magnánimo, el poderoso": la inauguración de la exposición 'Frida Kahlo: Making Her Self Up', en Londres.

Toby Melville / Reuters
La exposición 'Frida Kahlo:Making Herself Up', en el Victoria and Albert Museum en Londres, Reino Unido.

El tiempo vuela, al igual que los listones con los que Frida Kahlo amarraba sus trenzas, creando siempre un alto contraste entre su cabello obscuro profundo y las delgadas tiras de tela de color rosa, azul, verde limón e inclusive amarillo como el sol.

Así, los carteles y banderas perfectamente diseñados comenzaron a izarse en el V&A Museum de Londres anunciando, con la mejor expresión cinematográfica de la palabra escrita, "Próximamente, Frida Kahlo: Making Her Self Up".

Ese día, 13 de junio, mi emoción como mexicana hizo palpitar mi corazón con el verdadero orgullo que solo dan los aromas provenientes del mole y las especies del manchamanteles. Las filas de personas que deseaban ver la exposición debían llevar en su vestuario, como recomendaba la invitación ("Dress code: inspired by Frida"), la influencia de esta artista. No llovió, lo que permitió a estos personajes convertidos a imagen y semejanza de la artista caminar por la alfombra azul, color que también iluminaba la cúpula interna de la recepción de este museo y la entrada a la exhibición.

Mi emoción como mexicana hizo palpitar mi corazón con el verdadero orgullo que solo dan los aromas provenientes del mole y las especies del manchamanteles.

Todo el evento tenía el sabor de México, el verdadero, el magnánimo, el poderoso, el que ya se sazonó con el paso del tiempo y está libre de ilusiones, ya que la realidad —es decir, degustación ya probada—es exquisitez.

El tiempo de los discursos transcurrió con la característica puntualidad inglesa. El director del museo, Tristam Hunt, pronunció unas palabras amables, correctas, educadas, para dar entrada al hermoso y encantador discurso de Salma Hayek, quien caracterizó a la pintora en la película dirigida por Julie Taymor hace ya algunos años. Y en cuyo rostro y traje de tehuana de fondo negro y flores bordadas multicolores hacían malabares las joyas y el tocado. No parecía que el tiempo pasara, los listones seguían al aire. Ahí estaba Frida, la que no tenía miedo, la que fue y se inventó a sí misma.

Las curadoras de la exhibición, Claire Wilcox y Circe Henestrosa, tenían también dibujada en el rostro la dicha de un gran trabajo realizado, y la satisfacción por el esfuerzo de transportar desde la Casa Azul de Coyoacán, y después acomodar y distinguir objetos íntimos, escritos, majestuosos trajes, retratos y relatos para recrear una visión íntima de esta artista mexicana, donde el hilo conductor —es decir, el listón— es la posibilidad de observar que sus pinturas son un espejo de quien ella misma inventó con gran maestría: Frida por Frida.

@V_and_A
Salma Hayek entre Claire Wilcox y Circe Henestrosa, curadoras de la exposición 'Frida Kahlo: Making Her Self Up', en el V&A Museum, en Londres.

Martha Ortiz
La chef Martha Ortiz y Salma Hayek en la inauguración de la exposición 'Frida Kahlo: Making Her Self Up', en el Victoria and Albert Museum en Londres.

Después de los discursos se sirvió un coctel a cargo de Ella Canta, restaurante mexicano establecido en Londres, que tomó los trazos de este personaje para convertirlos en aguas frescas de sabores tradicionales, con sus distinciones modernas y colores vibrantes. También en pequeños platos como ceviches, tortitas de papa y queso, brochetas ensartadas en ramas de jamaica con chichilo y su sabor característico de tortilla quemada, así como otras maravillas culinarias adornadas con pétalos de sabores y mariposas listas para volar, tal como lo hacía nuestro maravilloso personaje.

El coctel La Casa Azul es una morada para el tequila mexicano adornado con sus joyas de azúcar.

Martha Ortiz
El coctel La Casa Azul.

En este tiempo circular como el revuelo de los listones, el acceso a la exposición era tan azul como si Frida fuera la dueña de ese color para siempre, como si el cielo y el mar le fueran propios, al igual que los atardeceres y el cosmos completo que, en su oscuridad, tiene estos matices.

Así termina este relato, del que habrá segunda parte en la que compartiré con ustedes lo que Frida me dio de comer. Dentro y fuera de México, esta mujer universal es reconocida por todos. Mujer de su tiempo y del nuestro, su arrojo fue tan importante como su gesto. Tuvo la valentía de ser distinta y no caer en la tentación y trampa de ser moralista, como su esposo-amante y sus contemporáneos. De sus pinturas, formatos, animales, botas de agujetas, aroma a tabaco y, sobre todo, flores en la cabeza, me quedo con estas últimas, con las que ella misma se coronó.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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