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19/07/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 19/07/2018 6:00 AM CDT

AMLO y Trump: lo que se viene

HuffPost México
AMLO y Trump son el reflejo de un cambio político del que se esperan resultados en sus países.

En México y Estados Unidos se gobierna bajo un sistema presidencialista, siendo el máximo símbolo del poder político la silla presidencial. De ahí la necesidad de los mandatarios electos democráticamente por legitimar su gestión, lo que convierte hoy a Andrés Manuel López Obrador (virtual presidente electo de México) y Donald Trump (Presidente de Estados Unidos) en vecinos distantes. No solo por la ambivalencia de sus objetivos políticos, sino por la incompatibilidad de sus agendas domésticas.

Ambos son el reflejo de un cambio político del que se esperan resultados en sus países para atender los principales reclamos sociales en torno a la economía, la seguridad y la migración; sin embargo, son políticos con personalidad dominante, retadora y variable, por lo que ya es posible advertir una relación complicada.

Si bien es cierto que el gobierno del presidente de México, Enrique Peña Nieto, se encuentra en su recta final, el virtual presidente electo se encuentra prácticamente en funciones, mostrando su músculo político y capacidad de ejercerlo durante la sucesión presidencial, recibiendo en su casa de transición de la Colonia Roma a la comisión de alto nivel que envió el presidente Trump para iniciar con su equipo los procesos de diálogo, integrada por Mike Pompeo, secretario de Estado; Steven Mnuchin, secretario del Tesoro; Jared Kushner, asesor presidencial, y Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Nacional, entre otros.

El diálogo fue de altura, amistoso, respetuoso y cordial, haciendo a un lado el asunto del muro; sin embargo, este será hacia finales de año un punto de inflexión.

Este primer encuentro evidencia un vacío de poder en nuestro país; por un lado, el gobierno actual va perdiendo el liderazgo sobre los asuntos de la agenda binacional con Estados Unidos; y por otro, el virtual presidente electo, no puede ejercerlo plenamente, sino hasta el 1 de diciembre, cuando tome protesta del cargo. Por lo cual, la relación con Estados Unidos se encontrará hasta entonces en una especie de limbo político, en tanto tengamos en México dos presidentes en activo.

El diálogo fue de altura, amistoso, respetuoso y cordial, haciendo a un lado el asunto del muro; sin embargo, este será hacia finales de año un punto de inflexión en las relaciones entre ambos países, aunado a los temas en los que tendrán que lograrse acuerdos en el corto plazo: el comercio, la seguridad, la cooperación y la migración.

Del gobierno de Trump, podemos esperar que los temas políticos y los económicos se mezclen en esta nueva agenda binacional, como es su estilo de tomar decisiones; del lado mexicano, será fundamental que el presidente electo conduzca la política exterior con moderación y entendimiento, pensando en las consecuencias de sus decisiones, sin dejar de ser enfático en la defensa de la dignidad nacional y sus prioridades. Escenario complejo, sobre todo, en materia de migración, ya que Estados Unidos espera cooperación del gobierno mexicano para reforzar la seguridad en nuestra frontera sur, y, sobre todo, para convertirse en la segunda opción para los migrantes centroamericanos.

Cuando choquen las agendas de gobierno y los perfiles de los mandatarios, el clima de cordialidad y buena voluntad se tensará por la necesidad de cumplir cada uno con sus respectivos objetivos políticos; no ahora.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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