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03/08/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 03/08/2018 6:00 AM CDT

Qué sigue para la sociedad civil con el gobierno de López Obrador

Cortesía RSVP/Excélsior
"Toca una profunda reflexión sobre lo que tenemos por delante": María Elena Morera.

Los resultados de la pasada contienda electoral son contundentes: la mayoría de los votantes se pronunció por un cambio de rumbo. El arrollador triunfo de Andrés Manuel López Obrador es reflejo de la exigencia de nuevos paradigmas para hacer política y para ser gobierno. ¿Qué sigue entonces para México?

En lo inmediato, toca una profunda reflexión sobre lo que tenemos por delante. Los antes llamados grandes partidos, PRI, PAN y PRD, recibieron un claro mensaje de rechazo por su mal desempeño en el gobierno, a la corrupción a su indiferencia a los reclamos locales y ahora deberán asimilar el costo de distanciarse de sus bases sociales, que les hizo perder lo más preciado para un instituto político: el poder de gobernar o legislar.

Los empresarios, por su parte, están obligados a ensayar nuevas formas de diálogo con el que será el próximo gobierno y entender que los espacios, formas y contenidos de la conversación cambiaron; los señores del dinero tendrán que adaptarse a los tiempos de transformación.

Necesitamos remontar el ambiente polarizado que dejaron las campañas y evitar cualquier acción que tenga rasgos de venganza.

En la sociedad civil organizada tenemos, por supuesto, retos importantes. Durante las últimas décadas hemos sido factor de cambio y debemos seguir siéndolo. Para ello, el principal desafío que enfrentamos se relaciona con la naturaleza del también llamado "Tercer Sector" que, lejos de constituir un bloque monolítico con una voz representativa única, como ocurre con los sindicatos, los partidos políticos o los grupos empresariales, nos caracterizamos por la diversidad de orígenes, formas de participación y temáticas.

Somos un coro de miles de voces y perspectivas; demandas, modelos de acción y propuestas. No obstante que oficialmente existen en nuestro país más de 39,600 organizaciones sociales formalmente constituidas, hay muchas otras que trabajan sin registro como colectivos que surgen en coyunturas específicas y luego desaparecen.

En este enorme crisol social, una primera dificultad consiste en ponernos de acuerdo, hacer escuchar nuestras cada vez más sólidas denuncias, demandas y propuestas a los tomadores de las decisiones públicas.

Para avanzar hacia la consolidación democrática, el gobierno entrante y la sociedad organizada debemos ser capaces de establecer amplias zonas de convergencia en torno a los asuntos de interés público.

En el tema de la seguridad, -que es el que conozco puntualmente desde 2002 cuando empecé atendiendo víctimas de secuestro- ha habido una clara evolución de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) tanto en cantidad, como en su forma de vinculación y acción. Primero en México Unido contra la Delincuencia y luego en Causa en Común, hemos desarrollado distintas formas de interlocución: marchas, convocatorias a foros, espacios de trabajo con autoridades del gobierno y del Congreso que derivaron en la suscripción de compromisos y pactos para atender algunos de nuestros reclamos, sin dejar de atender a las víctimas del delito.

Muchas, además de apoyar a las víctimas, comenzamos a especializarnos, a recabar información, a sistematizarla para detectar desvíos, incompetencias o incumplimientos en la aplicación de la ley, y proceder a la denuncia.

En Causa en Común, centramos nuestra atención en las policías porque consideramos que, sin ser los únicos elementos, son para la seguridad pública, lo mismo que los maestros para el sistema educativo: actores centrales. Comenzamos a hacer estudios fondeados por donantes particulares e instancias internacionales para evaluar a las instituciones responsables de la seguridad pública y sus operadores porque pensamos que es el único camino real para recobrar la paz y la seguridad perdidas.

En estos tiempos en los que se piensa global y se actúa desde lo local, ninguna auténtica democracia del mundo puede dejar de lado la participación social.

Hoy, vemos con optimismo que López Obrador y quienes lo acompañarán en sus responsabilidades gubernamentales muestren signos de apertura a la participación y convoquen a los foros para trazar una ruta de pacificación y reconciliación. Sin embargo, nos preocupa el ánimo enardecido de algunos de sus seguidores, que han abierto un falso debate sobre la legitimidad de la sociedad civil organizada ante el próximo gobierno.

En estos tiempos en los que se piensa global y se actúa desde lo local, ninguna auténtica democracia del mundo puede dejar de lado la participación social. Chile, con una población de alrededor de 18 millones, tiene 234 mil organizaciones sociales; en Colombia, con menos de la mitad de la población de México, existen más de 300 mil. En México necesitamos más sociedad civil organizada, más variada en sus ámbitos de atención, más innovadora en sus formas de acción; no menos.

Por eso creo que, para avanzar hacia la consolidación democrática, el gobierno entrante y la sociedad organizada debemos ser capaces de establecer amplias zonas de convergencia en torno a los asuntos de interés público dejando claro, en todo caso, que los asuntos del poder son competencia de los partidos políticos, no de la sociedad civil.

Necesitamos remontar el ambiente polarizado que dejaron las campañas y evitar cualquier acción que tenga rasgos de venganza. Entender que, pasadas las elecciones, el compromiso debe ser establecer un gobierno para todos, basado en la confianza y el pleno respeto a la diferencia. Todos queremos trabajar por México y todos debemos participar porque sin ello, ningún proyecto de cambio para la nación será posible.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.

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