EL BLOG
09/03/2018 12:00 PM CST | Actualizado 09/03/2018 1:07 PM CST

Paren el mundo que queremos cambiarlo

El feminismo no está cansado. Este 8 de marzo de 2018 en España me dejó un par de cosas que quiero subrayar: el feminismo no es una moda, algo exclusivo de las mujeres o una locura salida del coño.

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El Día de la Mujer no es una celebración, es una conmemoración y un pacto: un pacto para protestar aquello que simplemente es injusto y que aunque sea la norma, no es normal. Por lo tanto, en este día las mujeres en España no trabajamos, estudiamos, ni consumimos, sino que salimos a demandar nuestras exigencias. Sí, no todas se pudieron permitir la huelga ("paro", como le dicen en España), y sí, no todas estuvieron de acuerdo en protestar activamente o siquiera protestar... Pero según cálculos gubernamentales, más de un millón de personas salieron a la calle en distintas ciudades con una pancarta, una exigencia, una esperanza.

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Feminicidio, brecha salarial (equidad en el sueldo), techo de cristal (no tener puestos directivos), la violencia machista (feminicidios), cosificación, acoso sexual y laboral, corresponsabilidad (no solo la mujer debe realizar labores domésticas), visibilización, mansplaining, condescendencia y exigencia de ver la nuestra perspectiva reflejada en el gobierno y medios. Todo eso se protestó, todo eso paró (total o parcialmente) en España a más de 6 millones de mujeres profesionistas, estudiantes y amas de casa este 8 de marzo, quienes secundaron la protesta. Se sintió bien. No porque "no fuéramos a trabajar", sino porque a lo largo del día, hombro con hombro se definió el término sororidad. Porque nos sentimos menos "locas" de sentir todo lo que sentimos cuando nos ocurren esas cosas, que repito, son la norma pero no son normales.

La poetisa afroamericana Maya Angelou una vez dijo: "La gente olvidará lo que dijiste, olvidará lo que sentiste, pero jamás olvidará lo que le hiciste sentir".

Me planteó cómo explicar la marcha multitudinaria en Madrid, y solo diré que he cubierto muchas manifestaciones y he participado en unas cuántas. Pero ayer sentí algo que siempre supe: no estoy sola.

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Muchas personas –hombres y mujeres– me han hecho sentir que mis exigencias no tienen validez. Que el mundo simplemente funciona así y que no debo desentonar. Que mi privilegio me priva del derecho a protestar que no se me pague lo mismo que a un hombre, o que algunos sientan que pueden acosarme "mientras no me violen". Que a las mujeres se les mata, pero a los hombres también. Que no la tengo "tan difícil como mi madre o mi abuela". Que me calle. Que deje de sentir que es injusto...

El 18 de marzo en Madrid mi corazón y cabeza hicieron click en aceptar que no estoy loca. Somos muchos los que sabemos y sentimos que las injusticias y crímenes hacia las mujeres no son normales.

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En la Fuente de la Cibeles, pintada de luz violeta y rodeada de 200 mil personas, dijimos "basta". Hay mucho por hacer, pero el primer paso es aceptar que hay que hacerlo. El feminismo está despierto y no vamos a detenernos.

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* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.