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10/01/2019 6:00 AM CST | Actualizado 10/01/2019 6:00 AM CST

"¡Qué chingón que soy mamá, que soy tu mamá!"

Lucero Calderón
André, fuiste un guerrero desde bebé. Foto: Lucero Calderón

Para mi pequeño André.

Recuerdo cómo los médicos y enfermeras se reían conmigo (o de mí) por los múltiples "ay wey", "ay cabrón" o "puta madre" que decía mientras me aferraba a los barandales de la cama para tratar de aguantar el dolor. Por primera vez experimentaba algo que nadie sabe explicar exactamente con palabras, ese dolor tan extraño y a la vez tan único, del que solo eres consciente estando ahí, tendida, aferrada a los barandales fríos de una cama.

De un fuerte dolor pasaba a un "ay cabrón", al "ay diosito" , al "puta madre" o al "en qué chingados me metí".

El dolor era insoportable para mí y pensaba que no lo iba a lograr. Tenía miedo de no lograrlo... Me sentía sola, vulnerable, con miedo y al mismo tiempo sabía que debía ser fuerte por ti, por mí, por los dos. Los doctores me revisaban, hablaban en términos que trataba de entender al recordar mis clases de biología y anatomía y mientras trataba de comprender lo que sucedía en mí y a mi alrededor, no podía dejar de decir: "en qué chingados me metí".

En ese trance, me di tiempo de preguntar la hora, pues quería saber si llegarías a este mundo los últimos minutos del 7 o durante las primeras horas del 8 de enero (yo sabía, por alguna curiosa razón, que habías decidido llegar el 8).

Me pidieron que pujara lo más que pudiera y así lo hice hasta que mi cuerpo no podía más.

Una doctora se acercó a mí para preguntarme si me lo echaba de "a valiente" o me ponía la epidural. "Epidural, con epidural", gritaba mientras me aferraba a la mano de un médico practicante al que le dejé marcadas las uñas (seguramente días después seguía acordándose de mí al ver las marcas de guerra). Después de dos piquetes (uno fallido porque me moví debido a una contracción) sentí alivio. Me sentía drogada, emocionada, extasiada, relajada y con ganas de dormir. El efecto no duró tanto (según mi percepción del tiempo) y solo escuchaba que decían que ya estaba con nueve de dilatación.

Alguien gritó que ya estabas a punto de llegar. Una doctora le pidió a otra que me rompiera la membrana y de nuevo experimenté algo completamente nuevo, algo que no sabes que existe en tu cuerpo hasta que lo escuchas reventar.

Me pidieron que pujara lo más que pudiera y así lo hice hasta que mi cuerpo no podía más. Me llevaron a sala de expulsión, donde varios médicos hablaban entre ellos y me veían, me pedían que pujara y yo sentía que ya no podía más. Lloraba por no saber qué hacer y de pronto escuché que decían que ya estabas casi fuera.

Aunque suene a lugar común, es verdad que cuando me sonríes a lo lejos con esa sonrisa de pillo que tienes o cuando me dices "mamá", me desarmas.

Llegaste a las 2:22 de la mañana. Por un momento me paralicé al no escucharte llorar. Pensé todo, tuve miedo, volteé a verte pero estaba fatigada. Los segundos en que no respiraste se me hicieron minutos, los médicos hablaban entre sí y temí lo peor. Quise llorar pero sabía que lo mejor era observar lo que te hacían. De pronto escuché tu llanto y sentí un alivio mezclado con tristeza y confusión. Me pidieron que me despidiera de ti porque te iban a llevar a una revisión especial y me sentí aturdida, triste, vacía, sin ti.

Gracias a Dios todo salió bien, fuiste un guerrero desde bebé (y yo diría que desde antes de nacer, pues soportaste muchas cosas muy difíciles y tristes y sí, te aferraste a la vida) y saliste en mis brazos del hospital.

De eso hace un año, un año en el que he llorado, en el que me has hecho crecer, en el que me has provocado el amor y la ternura más grandes de mi corazón y en el que a veces, cuando no logro entenderte o me desesperas, también me llego a decir "en qué fregados me metí". Aunque sí, aunque suene a lugar común, es verdad que cuando me sonríes a lo lejos con esa sonrisa de pillo que tienes o cuando me dices "mamá", me desarmas y me digo: "¡Qué chingón que soy mamá, que soy tu mamá!".

Por siempre mi corazón late en ti. Te amo mi pequeño André. Feliz primer cumpleaños.

Lucero Calderón
Lucero y André. Foto: Lucero Calderón

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.

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