EL BLOG
06/03/2018 8:14 AM CST | Actualizado 06/03/2018 8:14 AM CST

Aquello que recibí cuando compartí una parte muy importante de mí

Leslie Lemus

No cuento el vuelto

siempre es de más da, da...

dar es dar

Es solamente

una manera de andar

Dar es dar

lo que recibes

es también libertad

Fito Páez – Dar es dar

Hacía casi tres años que no cortaba mi cabello. Mis amigos y amigas bromeaban diciendo que mi larga melena debía medir un metro. No era tanto, pero alcanzó para los 30 centímetros que medían las dos trenzas que doné el 1 de marzo en el Trenzatón organizado por estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Servirá para fabricar pelucas para niños y niñas con cáncer a cargo de la Asociación Civil México Sonríe.

Quienes organizaron este evento nos contaron que las pelucas son muy costosas y se necesita más de una decena de trenzas de cabello natural para producir una sola. En esta ocasión, quienes se beneficien no tendrán que pagar un centavo, gracias a lo que todas aquellas personas involucradas estamos aportando. Nos han contado que se colectaron más de tres mil trenzas. Valga decir que, en un mundo tan hostil, noticias de acciones tan nobles como esta merecen amplia difusión.

Desde algunos meses atrás estuve coqueteando con la idea de cambiar de look, pero pensaba que todo ese cabello, que tan cuidadosamente había logrado creciera, no podía desperdiciarse. Así es que cuando vi la convocatoria del evento tomé la decisión. Llegué con el sol de mediodía sobre mi cabeza. La jornada se inauguró al ritmo de ¡Viva la vida! (Coldplay) y mi corazón empezó a brincar de alegría. En ese instante cobré conciencia de lo que estaba a punto de hacer, tanto que tuve que escribirle a una amiga a modo de confesión o confidencia. Ocurre que siempre he conjurado los cambios en mi vida a partir del cabello, cortándolo, tiñéndolo o dejándolo crecer, es mi manera de afirmarlos y confirmarlos. Ese día no fue la excepción.

Leslie Lemus

Cuando inició la danza capilar, con la ondulación de las trenzas y el sonido de las tijeras, a mi mente vinieron muchas imágenes de seres amados que tuvieron que enfrentarse al cáncer, como los niños y niñas que ahora recibirán mi cabello y el de todas las personas que acudieron al llamado. Recordé a mi entrañable tía Elbia, con sus labios rojos y risa sonora, ella era estilista como quien en ese momento cortaba mi melena. Evoqué la sonrisa y mirada traviesa de Darwin, un hermoso niño que partió de este mundo antes de cumplir dieciocho años. Quise, desde mi corazón, convertir ese momento y el acto en un homenaje a sus vidas.

Al salir de allí, tuve tiempo suficiente para asimilar el cambio estético. Recordé que el tiempo transcurre, las heridas sanan, EL CABELLO CRECE y la vida sigue. Pero esa tarde había ocurrido algo especial. Yo fui para dar mi cabello por una causa, como me dijo una amiga, a entregar un pedacito de mi energía vital (¡vaya que estaban vivas mis trenzas!). Presté mi presencia para que otras aplicaran y practicaran sus conocimientos, las estilistas en formación. Ellas dieron su tiempo, energía y creatividad. Al final recibí el bello regalo de mis recuerdos y de simbolizar con mi aspecto los cambios vitales que experimento. Me quedé con una maravillosa sensación de haber acudido a un intercambio de dones. Al fin de cuentas, como dijo el poeta, dar es amar y eso nunca está demás.

Leslie Lemus

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.