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01/03/2018 6:00 AM CST | Actualizado 01/03/2018 6:00 AM CST

Las tres lecciones del caso Pegasus

MOISÉS PABLO /CUARTOSCURO.COM
Presentación en el Senado del informe #GobiernoEspía, aquí los mensajes recibidos por Santiago Aguirre, subdirector del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez. 28 de junio de 2017.

El grave caso de espionaje gubernamental realizado en contra de activistas, periodistas y académicos mediante el malware Pegasus exhibe a nuestro sistema político, el estado del binomio corrupción-impunidad y de las instituciones de procuración de justicia en el país. Estos tres aspectos o enfoques dejan igual número de lecciones:

1.- Tenemos un sistema político cuyo principio fundamental es la búsqueda o mantenimiento del poder por el poder mismo. Eso a costa de lo que sea, incluso usando instituciones y recursos públicos, desviando las leyes o violándolas de plano. El sofisticado software Pegasus adquirido en condiciones bastante sospechosas por PGR para perseguir investigar presuntos integrantes del crimen organizado y terroristas fue usado para tratar de introducirse en los dispositivos electrónicos de "personas incómodas" al gobierno actual.

Algunas de esas personas incómodas, convertidas en verdaderas enemigas del Estado, investigan desde el ámbito periodístico actos de corrupción gubernamental, representan a víctimas de violaciones graves a derechos humanos, propugnan por los derechos de consumidores e impulsan la creación de instituciones anticorrupción.

El spyware Pegasus desarrollado y vendido por la empresa israelí NSO Group fue adquirido por la PGR a través de corporaciones nacionales cuyos accionistas eran funcionarios... de la PGR.

Cuando alguien observa los perfiles de los objetivos del gobierno mediante el uso indebido de Pegasus, solamente confirma el verdadero talante del régimen actual, movido bajo la lógica de la violencia extrema y la rapiña. ¿Son personas peligrosas para el país quienes desde las organizaciones de la sociedad civil buscan justicia para 43 estudiantes normalistas desaparecidos y sus familias en un país que cuenta ya más de 33 mil personas desaparecidas? ¿Convierte a las y los periodistas en sujetos de interés para ley por publicar casos de corrupción como "La Casa Blanca", los cometidos por el ex director de la Comisión Nacional del Agua o el ex gobernador de Veracruz Javier Duarte; así como ejecuciones arbitrarias perpetradas en Tanhuato, Michoacán? ¿Quién puede concluir que los promotores del impuesto al refresco en un país con una epidemia de diabetes son equiparables a terroristas? ¿Alguien puede concebir que los promotores de un sistema anticorrupción en un país asolado por este mal son enemigos públicos?

Pues sí, sí hay quienes lo piensan, conciben y concluyen y son quienes gobiernan México hoy en día. Una casta gobernante que es presa del pragmatismo más extremo, recalcitrante y esquivo frente a cualquier fundamento democrático. Un sistema que visita de nueva cuenta sus prácticas más autoritarias –nunca abandonadas aún con la transición a una democracia electoral- a través del uso político del aparato de inteligencia.

Cuando la institución investigadora se investiga a sí misma poco hay que esperar. La serpiente no se muerde la cola, así de fácil.

2. El binomio corrupción–impunidad como arreglo y sostén del propio sistema político se refrenda mediante el uso de tecnología de espionaje contra periodistas y activistas. La evidencia arroja, a partir de una investigación de la organización Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, que el spyware Pegasus desarrollado y vendido por la empresa israelí NSO Group fue adquirido por la PGR a través de corporaciones nacionales cuyos accionistas eran funcionarios... de la PGR.

Nada sorprendente en un país donde miles de millones de pesos son desviados por Secretarías de Estado federales y gobernadores para campañas o patrimonios personales. A los múltiples escándalos de empresas fantasma, triangulaciones de recursos, lavado de dinero, prestanombres, se suma la erogación de 32 millones de dólares del erario público para comprar un programa de espionaje a empresas conformadas por funcionarios de la misma dependencia que lo adquirió.

Como complemento, la denuncia presentada por 11 de las personas cuyos derechos a la privacidad e intimidad fueron vulnerados a través de Pegasus va a ningún lado. El programa de espionaje adquirido de manera irregular, usado de manera irregular, tiene como consecuencia inmediata una investigación irregular conducida por la Fiscalía Especial para la Atención de los Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) adscrita a la PGR. De esta manera se cierra el ciclo de impunidad.

Poco importa que la Agencia de Investigación Criminal (también perteneciente a la PGR) haya aceptado que utiliza Pegasus en un documento oficial integrado a la carpeta de investigación en agosto de 2017. Seis meses después, dicha revelación no ha decantado en líneas lógicas de investigación que se confirmen o se descarten mediante visitas de inspección a las instalaciones de la mencionada agencia, entrevistas a los funcionarios que operan Pegasus y prácticas forenses en los servidores de la institución que alojan dicho programa de espionaje.

El ministerio público, institución que tiene el monopolio de la acción penal, requiere cirugía mayor, una reestructuración institucional profunda, estratégica, propia de un sistema de justicia democrático

De hecho, la aceptación por escrito contiene respuestas inverosímiles como la falta de registros de sobre quiénes al interior de la AIC lo usan, cómo lo usan y contra quiénes lo usan. No es casual que, tal como reveló en la semana el diario The New York Times, altos funcionarios del FBI hayan expresado que dicha institución no cooperaría con la PGR por ser su investigación una simulación.

3.- La procuración de justicia es utilizada como "brazo ejecutor" del régimen. En México es bien sabido que la procuración de justicia está al servicio del poder político, no de la ciudadanía. La persecución de disidentes y opositores políticos es la especialidad de una institución que mantiene incólume su ser autoritario. Lejos estamos de una institución democrática, que garantice verdad, justicia y reparación a las víctimas de los delitos más graves. Antes bien, las procuradurías y fiscalías de este país son una fuente más de violencia estatal, revictimización, negligencia y hasta complicidad con perpetradores y criminales. De hecho, solamente así resulta razonable una explicación sobre la impunidad: es funcional para el statu quo.

La PGR no destina sus recursos para perseguir a los más peligrosos criminales y los delitos más graves. La eficacia mostrada con los "enemigos" del régimen no es tal cuando se trata de perseguir y acusar a gobernadores y funcionarios corruptos; o actores estatales y privados involucrados en las más deleznables atrocidades contra la población.

Pero cuando la institución investigadora se investiga a sí misma poco hay que esperar. La serpiente no se muerde la cola, así de fácil. El uso político de una herramienta de espionaje por parte de la PGR no decantará en la imputación de quienes –fuera y dentro de la institución- avalaron dicho uso ilegal, ilegítimo y violatorio de derechos humanos.

Por eso el ministerio público, institución que tiene el monopolio de la acción penal, requiere cirugía mayor, una reestructuración institucional profunda, estratégica, propia de un sistema de justicia democrático. El caso Pegasus confirma la urgencia de transitar hacia una fiscalía autónoma, ajena al control del Poder Ejecutivo, conformada por los y las funcionarias más honestos y capaces, y encabezada por una persona independiente de intereses partidistas.

Mientras eso pasa, toma sentido la exigencia de un panel de expertos independientes (internacionales y nacionales) para esclarecer el caso de espionaje más grave de los últimos tiempos. De otra manera la colapsada PGR seguirá causando –paradójicamente- más estragos para la justicia en México y minando cualquier posibilidad de caminar a un verdadero Estado democrático de Derecho.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.