EL BLOG
29/01/2018 8:00 AM CST | Actualizado 29/01/2018 10:19 AM CST

La violencia nos devuelve al México del siglo XIX

Como muchas cosas en esta época, todo comenzó con un video en redes sociales.

Un par de horas más tarde el alcalde de Nuevo Laredo, lugar donde sucedió el incidente el pasado 24 de enero, publicó un video en Facebook tratando de minimizar la gravedad de la situación.

Unos días más tarde apareció una noticia en el diario Reforma:

En apariencia nada que no sepamos: una violencia de tal magnitud que impide a los agentes del Estado poner pies en un territorio. Sin embargo, un columna de opinión publicada hace unas semanas por The New York Times en español sobre las autodefensas de Tancítaro, Michoacán, pone las cosas en un contexto más amplio.

México no es un Estado fallido ni está cerca de serlo; no obstante, en algunos núcleos del país sus instituciones se han desmoronado lo suficiente para que imperen condiciones que asemejan las de un Estado fallido.Max Fisher y Amand Taub, 'The New York Times'

Lo que se asoma en el horizonte es un país donde el Estado ha perdido (quizá de manera decisiva) la capacidad para imponer su monopolio de la violencia. Un alcalde ahuyentado a balazos de un evento, un presidente que ya no puede viajar a una localidad del país por el riesgo que representa a su seguridad y una comunidad donde los pobladores crean un cuerpo de seguridad para contener amenazas criminales. Para millones de personas en todo el país, la vida diaria ya no está amparada por instituciones de gobierno sino por los caprichos de un señor del crimen organizado o un grupo de personas con recursos para crear su versión de orden y seguridad.

Curiosamente, el retiro del Estado mexicano de territorio nacional no es nuevo. En la década de 1990, tras el levantamiento armado zapatista en Chiapas, una parte del control territorial de la entidad quedó en manos de los llamados Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas, que ejercen desde entonces la gestión diaria de las comunidades. Lo que parecía una concesión política en Chiapas se ha tornado en derrota policíaca y militar para Michoacán, Tamaulipas y muchos lugares más. El Estado mexicano no asegura la integridad de los ciudadanos y el vacío se llena por quien tenga la capacidad (usualmente armada) para controlar un territorio.

Si miramos hacia atrás, durante buena parte de la historia de México ocurrieron hechos similares. Un extenso país con una población dispersa en forma irregular fue por siglos testigo de incursiones apaches en el norte de México, ataques de piratas en el Golfo de México y asaltantes en los caminos del país como los descritos por Manuel Payno en Los bandidos de Río Frío. Esta situación propició que en el siglo XIX emergieran personajes como Manuel Lozada en Nayarit y Santiago Vidaurri en Nuevo León, quienes con un pie en las armas y otro en la seducción personal, establecieron el control de amplios territorios al margen del entonces débil gobierno central.

En un año de elecciones para los tres niveles de gobierno y en los poderes Ejecutivo y Legislativo; ante una situación de violencia cada vez más extendida, sin explicaciones sobre la naturaleza de la situación más allá de la gastada estrategia de culpar al crimen organizado y sin imaginación para combatir el problema con soluciones distintas que inyectar armas y balas al problema; en una situación así, escenas con las que inició el año serán cada vez más frecuentes y más partes del país comenzarán a funcionar en una suerte de autarquías al margen del impotente Estado mexicano y por ende veremos la emergencia de nuevos Vidaurris y Lozadas, quienes tomarán la estafeta que el gobierno mexicano deja caer en medio de la ineficacia y la corrupción.

Es curioso. En el año 2018 avanzamos sin prisa pero sin pausa hacia el siglo XIX.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.