EL BLOG
14/08/2018 8:02 PM CDT | Actualizado 15/08/2018 2:58 PM CDT

Los permisos que se da Manolo Caro en 'La casa de las flores'

Netflix estrenó su mejor producción nacional. Sí, aun mejor (mucho mejor) que 'Luis Miguel la serie'.

Víctor Chávez via Getty Images
Cecilia Suárez y Manolo Caro.

Ok, quizá se trata de esfuerzos, historias y talentos distintos. Ya no se diga de las audiencias. Hablo más bien de producción. Lo que ha conseguido Manolo Caro con la primera temporada de su primera serie para televisión no lo ha conseguido nadie antes en producciones nacionales durante los últimos años. La casa de las flores es el resultado de un Manolo confiado en lo que hace y en lo que cuenta. Yo digo que se da permisos, que hace lo que se le da la gana, pero en realidad esto más bien parece poder resumirse en la consolidación de su propio estilo.

Empezando por invitar a Verónica Castro, el personaje más importante de la historia de las telenovelas mexicanas, a regresar a la pantalla chica para protagonizar una historia llena de humor blanco e insensateces, pero a la vez, de humor negro, verdades y críticas sociales de fondo. Una producción que lejos está de ser una tradicional telenovela (aunque todo el mundo lo esté diciendo), sino que por el contrario presenta actualidad, libertad de expresión e inteligencia emocional. ¿Que no recuerdan qué tontas eran las mujeres en esos papeles de buenas e ingenuas? María del Mar, María del Barrio, Los parientes pobres, Quinceañera... En cambio, miren a Paulina de la Mora (Cecilia Suárez), personajazo. Lista, feminista, echada para delante, perra si es necesario... Aquí el mundo no está dividido en buenas, ingenuas y vírgenes y malas, audaces y zorras. O qué decir de Virginia de la Mora (Verónica Castro) sacando la casta, defendiendo a la familia del qué dirán (cuando dicen) y al que ella tanto teme. Un mujerón, que sabe confrontar, que sabe levantarse. Empoderadora escena cuando Virginia canta un tema de Cristian Castro. Y a esto se le suman las inteligencias emocionales. Ambas terminan diciendo, en momentos clave, cosas muy acertadas desde el corazón. Estos personajes tienden a conectar y a trascender mucho más que una bonitilla ingenua que solo vende la ilusión del amor y su físico.

Las audiencias no solo se merecen estos contenidos y estas historias, los exigen. Por eso la televisión abierta está donde está. La época de buenas telenovelas (porque las hubo) quedó ya atrás.

Por otro lado, Manolo Caro no tiene ni media preocupación ya en desorbitar, en exponer temas tabú, en ridiculizar a la clase alta ni en ser políticamente incorrecto. Manolo se da el permiso de ser él mismo en cada detalle. De plantar su sello visual y sus gustos musicales más personales. Su gusto por la moda. Se da el permiso de hacer notar sus influencias cinematográficas, de hacer guiños como homenajes y de presentar en pequeños papeles a su gente más cercana en la vida real. La casa de las flores es una serie de autor. Y hasta hoy, no he visto otra ni parecida.

La noche de la fiesta. @vrocastroficial

Una publicación compartida por Manolo Caro (@manolocaro) el