EL BLOG
20/04/2018 10:00 AM CDT | Actualizado 20/04/2018 12:56 PM CDT

Libertad condicional

Cuando era adolescente soñaba con haber vivido mi juventud en los sesenta, tiempos de marihuana, Beatles, Janis Joplin, Woodstock, Tlatelolco, pacifismo. Tenía alma de hippy y, gracias al mercado de artesanías de Coyoacán, también la vestimenta. Hair era mi película favorita. Tenía el LP con las canciones y bailoteaba y canturreaba con él. Leí mucho sobre el movimiento del 68 y lamentaba no haber podido estar en esas manifestaciones estudiantiles del año en que nací. En mi buró había un libro, Tres mujeres de los años sesenta, de Sara Davidson, que me hacía imaginar cómo sería tener un vocho para hacer largos viajes por carretera con una o dos amigas.

Mi primer día de preparatoria descubrí a lo lejos a Natalia, que luego se convirtió en una gran amiga para toda la vida. Todavía me maravillo del poder de mi intuición. La detecté en medio de una multitud de desconocidos congregados en gradas alrededor del patio y enseguida me dije: "A ella la quiero conocer". No sé qué percibió mi inconsciente, pero lo que mi consciente pensó fue "¡Se parece a Janis Joplin!". El azar jugó a mi favor: nos tocó en el mismo grupo. Nos hicimos plática; descubrimos afinidades musicales. Tampoco a ella le gustaba nada Menudo, le encantaba Genesis como a mí y además conocía a las Insólitas Imágenes de Aurora. Por casualidades no parábamos: en la primera semana de clases nos encontramos en un concierto de los futuros Caifanes en el foro de la librería Ágora. Fue un caso claro de amistad a primera vista. Natalia tenía un vocho rojo y con ella probé la marihuana. Luego sí hicimos largos viajes juntas, aunque no por carretera sino en tren.

Ahora su hija mayor tiene la edad que nosotras en aquel entonces. ¿Y si ella sueña con haber vivido su juventud en los ochenta? He notado que las canciones de aquellos "mis tiempos" se han vuelto a poner de moda. Las adolescentes me inspiran cariño y también un poco de tristeza. Es una etapa nada fácil, pero hay épocas en las que atravesar esos años de cambios ha de ser más pesado aún. Claro, también he visto a otras hijas de amigas emerger sanas y salvas del torbellino, con un equipaje emocional e intelectual que les servirá de protección, pero no para todo. Les tocará sufrir, les tocará errar y les tocará aprender de los errores, como a todas. Pero del riesgo de violencia ¿quién las salva?

Mientras ellas leen consejos en revistas femeninas, los circuitos neuronales de sus novios se van configurando en las imágenes cada vez más violentas de la pornografía.

Una amiga que heredé de mi madre tiene un grado de separación con tres jovencitas que fueron asesinadas por sus novios: amiga de su nieta una de ellas. La violencia en el noviazgo no es novedad pero las escalofriantes cifras de ahora sí son algo nunca antes visto. Literalmente ninguna joven está a salvo, en ningún país pero mucho menos en el imperio del narcotráfico. Viajar por carretera en un vocho tres mujeres jóvenes es algo del todo impensable. Esa parte de la libertad que solo se puede vivir saliendo al mundo la tienen muy restringida. Es una libertad condicional, como la de los presos bien portados: sal y diviértete con tus amigas, pero si te matan es tu culpa y conste que te avisé. Vístete como quieras, enorgullécete de tu cuerpo y si quieres exhíbelo, pero si te violan tomarán tus imágenes y tu vestimenta como pruebas de que te lo buscaste y serás responsable de cuanta desgracia recaiga sobre ti.

Malcolm Lubliner/Michael Ochs Archives/Getty Images
Janis Joplin en el Golden Gate Park de San Francisco, California, el 1 de enero de 1967.

Su educación en la fantasía del amor romántico las pone muy en riesgo. Es una educación que no se imparte solo en casa: también entre las amigas, en el cine, en las revistas, tanto en modalidad subterránea como en modalidad al aire libre. Mientras ellas leen consejos en revistas femeninas, los circuitos neuronales de sus novios se van configurando en las imágenes cada vez más violentas de la pornografía. Mientras ellas aprenden a amar y admirar a los hombres, a ellos se les enseñan mil y un maneras de violarlas y despreciarlas. Si antes nos agobiaban la hipocresía y la doble moral, los tiempos actuales son de una insostenible esquizofrenia.

A las chicas se les hace creer que el feminismo ya hizo gran parte de su trabajo y consiguió casi todo lo que se proponía. Es cierto que ellas ahora pueden ir a la universidad y aspirar a ser independientes, por ejemplo, y llevar una vida mucho menos atada que sus bisabuelas, pero están más expuestas que sus abuelas y madres a las expresiones más dramáticas de la misoginia.

Hemos dado algunos pasos para adelante pero también varios para atrás. Lo más problemático es que a las jóvenes de hoy se les diga que deben apoyar aquello contra lo que las feministas de décadas atrás tanto lucharon. La pornografía, el principal vehículo propagandístico de la ideología del odio a las mujeres, supuestamente es aceptable porque ya logramos la "liberación sexual" y ahora también las mujeres pueden ver pornografía... Qué peligrosa es la simpleza de razonamiento y desconocer lo que significan los conceptos. Liberación sexual no es poder tomarse selfies desnuda y enviarlas a novios o amigos: liberación sexual sería no creer que una tiene que hacer eso para ser aceptada ni pensar que su valor estriba en caerles bien o gustarles a sus compañeros.

Tucker Ranson/Pictorial Parade/Hulton Archive/Getty Images
"Ahora la década que tengo en la mira son los setenta. Fueron los mejores años de la llamada "segunda ola del feminismo"'.

Sigo siendo una inconforme con los tiempos que me tocó vivir. Ahora la década que tengo en la mira son los setenta. Fueron los mejores años de la llamada "segunda ola del feminismo", en los que se escribieron libros que hoy son clásicos fundamentales de la teoría feminista; hubo grandes movilizaciones, se armaban grupos de concienciación por doquier. Ahora son esas las manifestaciones en las que desearía haber estado.

Mientras más estudio las posturas que hoy en día pretenden pasar por feminismo (tercera ola, queer theory, libfem), más me convenzo de que tenemos que volver al tipo de trabajo que hicieron las grandes feministas radicales, muchas de ellas aún vivas. A ellas les debemos que la violencia contra las mujeres sea un delito grave, que el hostigamiento sexual tenga nombre, que la inferioridad social de las mujeres y la concomitante superioridad de los hombres no sea considerado algo determinado naturalmente por la biología, sino inventado por la cultura para mantener los privilegios de los hombres y perpetuar la desigualdad.

Sí: pensando en las niñas y jóvenes de hoy y en las de mañana, lo mejor que podría hacer el feminismo sería regresar a ese ímpetu y esas utopías de los setenta, releer y rescatar a sus principales teóricas, asumir sus aspiraciones más ambiciosas, imitar su trabajo de campo, crear grupos de conciencia y de apoyo inspirados en los de entonces, propiciar la solidaridad y la reflexión colectiva entre mujeres. Y aunque la dirección sea la década de los setenta, será en realidad un paso hacia adelante. Para esto no hace falta una máquina del tiempo: ahí están los libros, la memoria, algunas de las protagonistas. Solo se necesitan ganas de aprender de ellas, seguir su ejemplo y volver a soñar con que es posible un mundo sin violencia masculina en el que todas las mujeres sin excepción puedan ser incondicionalmente libres.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.