EL BLOG
13/12/2018 8:30 AM CST | Actualizado 13/12/2018 8:30 AM CST

Señor presidente Andrés Manuel, quiero contarte sobre la gente del INEE

Pedro, oficial de seguridad que volvió a la escuela en el #INEE.
Foto: Laura Athié
Pedro, oficial de seguridad que volvió a la escuela en el #INEE.

Querido señor presidente, antes que todo, debo contarte que yo voté por ti en tres ocasiones y que deseo que a tu gobierno, que es el mío, el nuestro, le vaya muy bien.

Hace un tiempo me pregunté qué te diría si te encontrara, y se me concedió el deseo: mi amiga Blanquita Juárez me avisó: "Laura, ahí va AMLO", y ambas salimos corriendo. Te esperé en la escalera del sitio donde solías reunirte con tu equipo antes de tomar posesión. En lugar de decirte tantas cosas que había pensado solo atiné a expresar: "Presidente, me siento feliz, en ti confío". Tú me diste la mano, te detuviste a tomar fotos y le dijiste a un bolero que había venido de lejos y a otras dos mujeres que estábamos ahí: "No les fallaré", y seguiste como yo te he seguido, sin que tú lo sepas, desde hace tiempo.

Por ejemplo, cuando estuviste en avenida Reforma, mi hija Abril, con apenas cinco años, y yo, pasamos varias veces a saludarlos. Tú y tu caravana se convirtieron en nuestros vecinos por largo tiempo.

Así que te escribo como lo que soy, presidente: una simple ciudadana que sueña que mi hija puede recibir una mejor educación, que juntas podemos salir a caminar sin tener miedo, que nuestros maestros serán aun mejores de lo que ya lo son.

Me dirijo a ti para contarte del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) que yo vi, que viví.

La primera vez que pisé el INEE me sorprendí: para entrar a trabajar ahí tenía que hacer un examen con otros siete competidores para demostrar que contratarme valía la pena.

Me aceptaron, con mi hija. Abril fue siempre muy bien recibida después de sus clases. Mientras yo editaba una publicación sobre política de evaluación educativa, ella hacía su tarea, sentada junto a mí.

Ese es el INEE que recuerdo. El de los consejeros con las puertas abiertas que se sabían tu nombre y tus enfermedades. El que confió en la calidad de mi trabajo. El INEE en el que los vigilantes de las puertas estudian y concluyen la carrera, como Pedro, el oficial de Oaxaca que ahí logró su bachillerato y va camino de la licenciatura.

Ese INEE apoyó lo que nuestras tareas buscaban, lo que siempre hemos querido: una buena escuela para México, mejores espacios de aprendizaje y experiencias para los maestros, mejores libros y materiales educativos, más y mejor comunicación.

Quiero pedirte un único favor: conversa directamente con ellos, con los cientos de compañeros del INEE a los que yo saludé a diario mientras trabajé ahí.

También en ese INEE escuché al doctor Francisco Miranda explicar cómo tendrían que ser las fotografías de los jóvenes que saldrían en la Gaceta que entonces, editábamos: "No —me dijo—, así no son los jóvenes de México. Los jóvenes mexicanos son rebeldes, son fuertes, necesitan oportunidades. Esos son los jóvenes en los que debemos pensar". Pensando en ellos trabajamos Lizbeth Torres, mi colega de muchas tardes y muchas noches, y Arcelia Martínez Bordón, mi jefa, quien, además de brindarme su amistad y confianza, me enseñó que el trabajo se defiende con pasión y con amor y con fuerza aunque una sea pequeñita de estatura. Por eso sé que ella y muchos de los compañeros que conocí ahí aman a este país, a su gente, a sus escuelas, a sus estudiantes.

Debes saber presidente que, como tú, nosotros tampoco deseamos más adolescentes que abandonen la escuela. También queremos más becarios en los pupitres.

Bueno, presidente: no voy a hablarte de evaluación, porque todo lo que pude haber dicho se encuentra en esta Gaceta que hicimos durante algunos años: https://www.inee.edu.mx/index.php/572-gaceta.

Por eso, precisamente por eso, quiero pedirte un único favor: conversa directamente con ellos, con los cientos de compañeros del INEE a los que yo saludé a diario mientras trabajé ahí, antes de dejar mi trabajo para volverme estudiante.

Así como has ido a los pueblos, ve a sus escritorios, observa sus rostros, deja que te hablen de la tarea que han hecho. Te prometo, porque sé muy bien cómo aman su tarea, que van a contarte, uno a uno, cuál es exactamente el valor de este Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en el que han puesto su talento. Los institutos y las instancias valen lo que vale su gente y la gente que está ahí, es la piedra angular sobre la cual se forjan esperanzas de mejora.

Como yo, muchos vienen de escuelas y de universidades públicas. Otros tantos fueron maestros en escuelas de muchos tipos y recorrieron el país hablando con los docentes, los niños y los padres y las madres de familia para encontrar maneras de hacer que la educación de México sea un derecho cumplido a cabalidad.

Porque solo así, escuchándolos, querido presidente, sabrás que ahí, justamente ahí, se ha comenzado a escribir desde hace varios años la historia de la educación con la que tú también sueñas: la búsqueda de la nueva escuela mexicana que todos queremos, el camino para que tu hijo, mi hija y todos los jóvenes de este país, construyan su realidad y su futuro.

[ Para muestra: Pedro, guardia de seguridad, nos cuenta por qué dejó la escuela cuando era un niño indígena en Oaxaca y cómo decidió volver, 40 años después, para terminar el bachillerato: "De cuando Pedro regresó al bachillerato" en: http://www.inee.edu.mx/index.php/publicaciones-micrositio/blog-de-la-gaceta-mayo-2017 ]

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de 'HuffPost' México.