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25/06/2018 12:00 PM CDT | Actualizado 25/06/2018 1:13 PM CDT

Estados Unidos debería concederle asilo a todas las familias que separamos

Loren Elliott / Reuters

He preparado más de 100 casos de asilo. Mis clientes han huido de regímenes represivos y de violencia mortal en países como Irak, Irán, Pakistán, Ruanda, Honduras, Yemen y China. En 15 años de práctica de asilo, nunca oí hablar de una persecución gubernamental tan grave como quitarle el hijo a alguien, enjuiciar a un padre por un delito político, torturarlo y poner fin a la relación padre-hijo. Pero esto es precisamente lo que en los últimos meses Estados Unidos le ha hecho a los inmigrantes y solicitantes de asilo provenientes de Centroamérica.

Si estos padres y los aproximadamente 2 mil 300 niños que les quitaron hubieran huido a Estados Unidos procedentes de cualquier otra cantidad de otras naciones, los suyos serían casos claros de asilo. En cambio, somos nosotros quienes les infligimos violencia estatal. A todos se les debe otorgar el estatus de asilo aquí en EU.

Para calificar para asilo, una persona debe demostrar que un gobierno la está persiguiendo a causa de su raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo específico. La persecución es un término acuñado, que generalmente significa infligir daño físico. Los ejemplos más extremos que he visto en mi práctica incluyen arrestos por delitos menores, detención extrajudicial, golpizas y violación. Algunos de mis clientes han recibido disparos, uno de ellos en la cabeza. Varios han quedado paralizados o resultado con discapacidades. Otros han sido sometidos a esterilizaciones involuntarias infligidas por el gobierno y abortos forzados. Nunca he tenido un cliente que aguante el dolor de que el gobierno le quite a su hijo de forma permanente y forzosa.

Algunos de mis clientes han recibido disparos, uno de ellos en la cabeza. Nunca he tenido un cliente que aguante el dolor de que el gobierno le quite a su hijo de forma permanente y forzosa.

Permítanme subrayar la brutalidad de esa acción. En muchos países, cuando los matones toman el poder, provocan daños a otros. Entonces, cada persona tiene que elegir: unirse a los matones o negarse a dañar a los demás. La elección moralmente correcta es la más difícil. Los valientes que se niegan a ser cómplices -como mis clientes de Nepal, El Salvador, Haití y Camerún a quienes se les pidió que tomaran esta decisión- se encontraron con las más terribles consecuencias. Si escapan, abandonan todo lo que conocen con la esperanza de que estarán más seguros en lugares desconocidos.

Aferrándose a la audaz esperanza de que la vida de sus hijos sea mejor, las familias huyen a los Estados Unidos, la nación cuyo símbolo es una Estatua de la Libertad y cuyas leyes han acogido a millones de personas que piden refugio. En el más sucio truco, el presidente Donald Trump, ayudado por su fiscal general y el secretario de seguridad interior, se llevó a esos niños, quitándoles a sus padres la razón por la cual arriesgaron tanto.

Dicen que el dolor más implacable que una persona puede experimentar es enterrar a su hijo. Nuestro país ha infligido este tipo de dolor a padres desesperados. Lo menos que podemos hacer es otorgarles el derecho de quedarse aquí.

Loren Elliott / Reuters

Los niños separados también están en peligro. Incluso para aquellos que están bien cuidados, los expertos esperan que los niños (el más pequeño tiene 5 meses) que son separados por la fuerza de sus padres tengan problemas de salud mental duraderos. Y muchos ni siquiera están en lugares seguros. A algunos pequeños detenidos se les niega el ejercicio y el contacto humano, y en algunas instalaciones supuestamente se ha atado y esposado a niños y medicado a niños de manera inadecuada y en contra de su voluntad.

Los motivos de Trump para esta y otras políticas antiinmigrantes no son ningún secreto: ha calificado a los solicitantes de asilo como una "plaga" de delincuentes, violadores y mentirosos. Él y sus funcionarios insisten, sin pruebas, en que los solicitantes de asilo se están "presentando" como familias para calificar para el asilo.

Estas son las clases de palabras y acciones que los gobiernos totalitarios y grupos extremistas usan contra sus enemigos. Irán menosprecia a sus cristianos. China encarcela a tibetanos con cargos falsos. Boko Haram secuestra a niños con fines políticos. Y ahora Estados Unidos también lo hace.

Boko Haram secuestra a niños con fines políticos. Y ahora Estados Unidos también lo hace.

Algunos argumentarán que los solicitantes de asilo perdieron sus derechos porque son "delincuentes". Primero, no lo son. El asilo es un derecho legal, otorgado a todos, "independientemente" de cómo ingresaron al país. En segundo lugar, por muy mal que nuestro gobierno trate a los delincuentes condenados, no encarcela ni traumatiza a sus hijos en lugares desconocidos. Las prisiones cuidan y le devuelven al prisionero la ropa que llevaba puesta cuando llegaron por primera vez. A los padres inmigrantes encarcelados no se les permite recuperar a sus hijos cuando se les libera o deporta.

Las familias separadas son prisioneras políticas, juzgadas en juicios grupales, una escena más parecida a tribunales irregulares que a nuestro derecho constitucional a un jurado. Están siendo juzgados por infringir una "ley" que recientemente se dirige a un solo grupo. Las condenas penales son una farsa de súplicas forzadas, una práctica que los exfiscales generales han denunciado como un "abandono radical" de cualquier práctica anterior.

La solución para las acciones ilegales e inmorales de la administración Trump no es simplemente detener las separaciones familiares, y ciertamente no es la de encerrar a familias enteras indefinidamente. Lo correcto es que el Congreso otorgue asilo a todas las personas que han sido enjuiciadas injustamente y a todos los miembros de una familia que el gobierno de EU haya destruido deliberadamente. Según el propio Fiscal General Jeff Sessions, 88% de los solicitantes de asilo en la frontera pasan la primera investigación que muestra que han sido perjudicados por su propio gobierno. Ahora sabemos que el 100% de ellos ha sido lastimado por el nuestro.

Todos ellos deberían ser liberados y reunidos. El deportado devuelto injustamente, regresado. Y a todos ellos se les debería otorgar un estatus legal con la opción de quedarse. ¿Por qué se quedarían? Porque no tienen a dónde ir, exiliados de sus hogares por la persecución. ¿Y por qué debemos dejarlos? Porque reparar nuestros errores es la mejor y verdadera demostración de una democracia fuerte, la "unión más perfecta" que alguna vez nos convirtió en el faro de la esperanza del mundo. Darle amnistía a las familias separadas es el primer paso para nuestra propia redención.

Kari Hong es profesora asistente en el Boston College. Por 15 años ha representado a solicitantes de asilo.

Este artículo fue publicado originalmente en 'HuffPost' Estados Unidos y posteriormente fue traducido.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.