EL BLOG
23/04/2018 3:00 PM CDT | Actualizado 23/04/2018 4:10 PM CDT

Las reveladoras estrategias en el primer debate presidencial

AMLO: REUTERS/Henry Romero // ANAYA: Alejandro Cegarra/Bloomberg via Getty Images
El debate fortalece o debilita percepciones, posibilita que alguna de las candidaturas marque agenda y nutrirá la discusión pública sobre las campañas.

Aunque es ocioso responder quién ganó el debate, este ejercicio dinamizará el proceso electoral y en los próximos días se podrá observar el efecto en las preferencias electorales. No porque el debate en sí mismo influya –por lo general solo reafirma preferencias–, sino porque de este surgen noticias a favor o en contra de alguna candidatura, fortalece o debilita percepciones, posibilita que alguna de las candidaturas marque agenda y nutrirá la discusión pública sobre las campañas. En un contexto donde Internet es una extensión del espacio público y el meme político circula de manera aceitada entre los grupos de WhatsApp. No obstante, mientras el agua se tranquilice y salgan las mediciones del postdebate analizaré de forma general las estrategias de cada candidatura.

La de Andrés Manuel fue la más conservadora. En todo el debate evitó contestar de forma directa a los ataques de sus contrincantes para no engancharse y meterse en aguas pantanosas. Tampoco atacó, ya que al hacerlo podía abrir espacios y debilitar su defensiva. Posiblemente quienes esperaban un candidato ofensivo o más dinámico terminaron decepcionados y tienen razón. Sin embargo, pensemos que la fortaleza del tabasqueño no se construyó en los debates. Además, hubiera sido un grave error enojarse o mostrarse colérico después de tantos años de revertir la idea del "peligro para México".

Por otra parte, considero que el formato del debate –aplausos– propició que la estrategia conservadora de López Obrador no fuera tan estática al contestar las preguntas de quienes moderaron. Asimismo, el cierre fue lo mejor que mostró. Sin titubeos articuló un mensaje con la fuerza de quien se sabe ganador, desde el lugar que no le han podido arrebatar: la oposición.

Sin titubeos, López Obrador articuló un mensaje con la fuerza de quien se sabe ganador, desde el lugar que no le han podido arrebatar: la oposición.

Ricardo Anaya no solo es el candidato más joven, también es el mejor contendiente en los debates y en espacios cerrados. Aunque se apoya –casi en exceso– con gráficas o fotografías, estas le ayudan a hilar sus argumentos. Además, es claro que busca al votante más joven y a quienes no les convence ni el PRI ni Andrés Manuel. Sin embargo, al intentar posicionarse como una alternativa su estrategia se debilita porque existen muchas dudas sobre la procedencia de su patrimonio. Sin olvidar que su partido apoyó las reformas estructurales del gobierno peor evaluado en la historia del país y, aunque parezca el candidato más intrépido, no propone nada innovador o que marque agenda.

Es posible que en los próximos días suba en las preferencias, ya que juega en la posición más cómoda. Es decir, al estar en segundo lugar los ataques se enfocan en el primero y su posición ofensiva le permite crecer, pero no ha logrado afianzarse y su respaldo es volátil. Tan solo de febrero a abril pasó de 32 a 26 por ciento, según la última encuesta de Reforma.

Si bien no fue de manera contundente, por primera vez se observó a José Antonio Meade distanciarse del gobierno de Peña Nieto. Sin embargo, un par de declaraciones no le quitará la pesada loza que carga llamada PRI, ni las acusaciones hacia uno de los gobiernos con más escándalos de corrupción. Entre las candidaturas, la suya ocupa la posición más difícil. Tiene que hacer alquimia al tratar de rescatar aquellos elementos que impulsen la continuidad del actual sexenio mientras se deslinda de éste. Además, si no eran sus contrincantes, quienes moderaron se hicieron cargo de vincularlo con el actual gobierno federal. Es posible que en las preferencias baje y en el mejor de los casos mantenga el consenso que lo ubica en tercer lugar. En todo caso, su estrategia tendrá que enfocarse en sumar estructuras –como lo hizo con Silvano Aureoles– y movilizar recursos, ya que de otra forma difícilmente podrá atraer al electorado.

Ricardo Anaya no solo es el candidato más joven, también es el mejor contendiente en los debates y en espacios cerrados.

Margarita Zavala no logra conectar. Aunque se enfocó en el voto de las mujeres su discurso no se observa auténtico. Además, la contundencia pierde fuerza si utiliza un acartonado estilo para debatir. En ocasiones parecía que estaba participando en los concursos de debate de las juventudes priistas. No ha definido una estrategia propia, pues la que impulsa tiene el sello de Felipe Calderón. A veces pareciera que su objetivo no es ganar, sino hacer que Ricardo Anaya pierda. Sin embargo, después de este debate es posible que el electorado panista que no tenía muy claro por quién votar se decante por el candidato del Frente. Si tuviera que señalar quién perdió el debate -aunque sea ocioso- no dudaría en señalarla. Es lamentable que el único espacio que ocupa una mujer en la contienda, poco responda a la agenda feminista.

La estrategia de Jaime Rodríguez Calderón El Bronco era la que más incertidumbre generaba antes del debate. Aunque había señalado que su objetivo era Andrés Manuel, no se sabía cómo lo confrontaría. Al final, sus ataques de debilitaron al provenir de un personaje sin proyecto político ni propuestas, ya que se enfocó en señalar ocurrencias. Su estrategia es la misma que ha utilizado el Partido Verde Ecologista, impulsar un par de ideas radicales, de alto impacto que sin mucha reflexión le hagan sentido a más de una persona. En todo caso, en este primer debate buscó capitalizarse y ubicar al tipo de elector que está cautivando, posteriormente reforzará la estrategia para venderla al mejor postor –parece que este será Meade–.

Finalmente, no se verán cambios sustanciales en las preferencias electorales y este debate quedará en un buen entrenamiento para los siguientes. Aunque el resultado de este debate modificará en mayor o menor medida las estrategias de cada candidatura, es posible que se mantenga el orden de las preferencias. Además, a diferencia de anteriores debates y procesos electorales, el crecimiento en el acceso a Internet promueve que la interacción del electorado en el espacio virtual contrarreste, neutralice o refuerce las estrategias de cada candidatura. En este proceso el electorado no solo participa el día de la elección.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.