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19/04/2018 6:00 AM CDT | Actualizado 19/04/2018 4:01 PM CDT

Las contradicciones de López Obrador le dan la ventaja

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Dice el teórico literario Lauro Zavala: "Para que un personaje suene real debe ser en cierto modo contradictorio y un tanto paradójico".

Poco se habla de la personalidad del tabasqueño y su cercanía con el electorado para señalar que estos elementos, así como su proyecto político, también influyen en su crecimiento y permanencia como favorito en las encuestas.

En gran medida la cercanía de Andrés Manuel se ha desarrollado gracias a su presencia mediática en los últimos 18 años, pero no se reduce solo a eso. Es decir, ¿por qué la mayoría de los políticos de amplia trayectoria –contando a los expresidentes– llevan años exponiéndose y su relación con el electorado es distante?

Me parece que las variables que fortalecen la cercanía entre el político y el elector son el carisma, la personalidad y sobre todo la autenticidad. Dice el teórico literario Lauro Zavala: "Para que un personaje suene real debe ser en cierto modo contradictorio y un tanto paradójico". Características que definen al candidato de Morena.

Es un personaje familiar: contradictorio y paradójico como cualquier persona.

Por ejemplo, pocas personas desconocen que Andrés Manuel ha recorrido el país un par de veces, que le apasiona la historia política de México, que admira a Hidalgo, Juárez, Madero y Cárdenas, que a la menor provocación repetirá "soy Peje pero no lagarto" o "el avión presidencial de Peña no lo tiene ni Obama", que de un plumazo descalificará la crítica situándola como parte de la mafia del poder mientras hace alianzas con impresentables, que le ofende si lo llaman conservador aunque las demandas de las minorías sexuales las encomiende a la voz del pueblo, que es un político aferrado a sus principios, que responde con generalidades cuando trata de explicar cómo resolver muchos de los problemas del país y que es evidente el profundo interés por combatir la corrupción y la pobreza.

Es decir, su cercanía con el electorado no se debe a que este se identifique con Andrés Manuel respecto a su forma de pensar o vivir, sino porque es un personaje familiar: contradictorio y paradójico como cualquier persona.

Frente a eso, ¿quiénes son Ricardo Anaya, José Antonio Meade, Margarita Zavala o Jaime Rodríguez Calderón El Bronco?, ¿o alguien sabe qué les motiva, apasiona, enoja o cuál de sus principios es irrenunciable? Al parecer nada de esto sabemos. Como la mayoría de los políticos, cada uno ha creado al personaje público que no se equivoca ni tiene sobresaltos, nada que no pueda ocultar la mercadotecnia política y un estricto apego al guion. Dando como resultado la construcción de candidaturas monolíticas.

Es comprensible que para sus simpatizantes no haya muchas opciones.

En ese contexto, donde la imagen se valora más que lo auténtico –es decir, lo contradictorio–, la personalidad de Andrés Manuel pareciera ser un arma de doble filo o como se suele repetir: el peor enemigo de AMLO es él mismo. Idea que ha llegado hasta sus principales asesores y simpatizantes más cercanos cuando hacen burdos o sofisticados malabares para decir lo que el tabasqueño no dijo, o matizar lo que sí dijo, llevándolo al lugar que ocupan las personas que no se equivocan.

Es comprensible que para sus simpatizantes no haya muchas opciones. Frente al embate hay que defender al candidato y cubrir aquellos puntos donde sea vulnerable, aunque en ese ejercicio se conviertan en un ejército acrítico contendiendo contra otros ejércitos acríticos. ¿No sería mejor señalar lo evidente? Que Andrés Manuel también se equivoca. No es ni tendría que ser especialista en todos los temas y, como todos los presidentes de todos los países, gobernará con un gabinete de asesores y expertos.

Esto no quiere decir que por ser contradictorio se le justifique todas sus ideas o acciones. Como candidato a la presidencia debe estar bajo escrutinio y argumentar cada una de sus propuestas. Sin embargo, de poco ayuda ponerse una máscara de perfección que lo único que provoca es inmovilidad. Ya tuvimos bastante con Peña Nieto.

Finalmente, el próximo domingo 22 de abril se transmitirá el primer debate presidencial de este proceso. Hay que comenzar a sacudir el termómetro. Será un escaparate para observar a las personas que buscan gobernar el país y conocer las reacciones de sus simpatizantes. En ese marco se verá si se busca detallar un candidato perfecto o mostrar un candidato contradictorio y con errores, rodeado de un equipo capacitado.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.