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23/03/2018 12:00 PM CST | Actualizado 23/03/2018 1:35 PM CST

Pirañas, escorpiones y el cine del "destape mexicano"

A fines de la década de los 60 y principios de los 70 hubo un destape del cine mexicano. Y no me refiero a las películas de ficheras, aunque esas también comienzan en esos años. El destape es también el destape de temáticas "prohibidas" hasta el momento, principalmente relacionadas con la sexualidad y que por primera vez comienzan a ser abordadas con seriedad por los cineastas mexicanos, una seriedad a veces ridícula y esperpéntica, pero seriedad al fin.

Es el cine mexicano "tabú" que aborda (algunos dirían "explota") la liberación sexual de la época, aunque muy a manera de nota roja escandalosa, con cierto dejo de horror o tremendismo. Y así en estas películas, después de que se engulle la fruta prohibida no está muy lejos el rayo del castigo, como para hacer dudar seriamente a los espectadores del tan famoso "lo bailado nadie te lo quita".

De cualquier forma, es un cine lleno de películas interesantes, una respuesta a la avalancha de filmes internacionales que ya se había permitido entrar a esos terrenos y que había empezado años atrás en el cine mundial con las adaptaciones al cine de obras de Tennessee Williams como De repente en el verano o La gata sobre el tejado caliente, con Viridiana y Bella de noche, de Buñuel, y con películas fuertes como Midnight Cowboy, El coleccionista y El sirviente, por mencionar solo algunas.

Y así el destape llega a México. El director más relacionado con este cine "psicosexual" controversial y polémico es el director Francisco del Villar.

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'Las pirañas aman en Cuaresma', de 1969.

Del Villar logra dos de sus mejores películas con el destacado dramaturgo Hugo Argüelles como guionista y con la actriz Isela Vega. Se trata de Las pirañas aman en Cuaresma (1969) y de La primavera de los escorpiones (1971). Ya de entrada el barroquismo de los títulos es irresistible, Argüelles era abiertamente homosexual, lo que era poco común en esa época, e Isela Vega se estaba creando una fama de actriz provocadora y que no le temía a los desnudos. Ambos ya habían colaborado en El tejedor de milagros, una de las mejores películas mexicanas de los 60, pero con estas colaboraciones dieron lugar a unas películas bastante insólitas en el cine mexicano, aún hoy en día.

Isela Vega fue actriz fetiche tanto de Argüelles como de del Villar, y ambas películas están construidas alrededor de su personalidad de mujer no solo liberada, sino agresiva y avasalladora. Se trata de una mujer que puede ser tan agresiva y feroz como cualquier hombre, y estas películas constituyen retratos de un tipo de feminidad poco visto en el cine mexicano (y quizá mundial) hasta ese momento.

En Las pirañas aman en Cuaresma, Isela y Ofelia Medina encarnan a una madre e hija en una comunidad de pescadores. Estas mujeres viven aisladas de la comunidad y se valen por sí mismas desde la muerte misteriosa del esposo de Eulalia, lo que hace que sean vistas con una mezcla de desconfianza, lujuria y temor por el pueblo.

Estas películas nos dan una ventana única a cómo se vivió en nuestro país en esa década de profundos cambios en todos los sentidos que fueron los años 70.

A este mundo hermético de madre e hija entra un incauto fotógrafo (Julio Alemán) a romper la armonía y literalmente convertirse en la manzana de la discordia. La cosa no termina bien para él, y el título de la película (inigualable) lo dice todo. No hay enfrentamientos melodramáticos, simplemente una violencia y un pragmatismo propios de las condiciones inhóspitas en que viven estas mujeres. Estas no son mujeres sufridas, ni abnegadas, ni sentimentales, y en especial el personaje de Vega es como una fuerza de la naturaleza, feroz e implacable. La película plantea un vínculo inquebrantable femenino ante la agresión machista.

La primavera de los escorpiones ocurre en un ambiente más sofisticado. Isela Vega es una famosa fotógrafa que vacaciona con su hijo casi adolescente en Valle de Bravo, y allí entran en contacto con una pareja de atractivos jóvenes homosexuales, que viven de forma relativamente abierta (Enrique Álvarez Félix y Milton Rodríguez). Isela quiere demostrar su "mujerío" convirtiéndolos en heterosexuales y desata un juego que termina en el desastre.

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'La primavera de los escorpiones', de 1971.

Suena sensacionalista, pero la película es bastante sobria e incluso subversiva. Una película muy muy avanzada a su época que aún hoy en día pudiera ser controversial. Tiene algunas fallas como la mala actuación de Milton Rodríguez o el doblaje de la voz del hijo de Isela, pero vale la pena verla, aunque hoy en día no se consigue por ningún lado ni la pasan en la tele (probablemente por que el tema sigue siendo muy "polémico").

Otra película fascinante de Del Villar es Los perros de Dios (1974), esta vez con guión de la legendaria novelista mexicana Josefina Vicens. La premisa es tremendamente ambiciosa: una muchacha de familia rica, convencida de que Dios lo perdona todo, decide emprender el camino del pecado y comienza una odisea delirante entre un mundo real e imaginario en el que vemos a Helena Rojo viajar por universos y aventuras que van desde encuentros sexuales con Jaime Moreno hasta visitas a casa de una extraña anciana encarnada por Anita Blanch en compañía de la inigualable Meche Carreño. Claramente influenciada por Buñuel, pero erguida sobre el sólido guion de Vicens, la autora de una novela mítica mexicana, El libro vacío. El estilo onírico, casi surrealista, no es el fuerte del director, pero es de destacarse el llevar al cine una historia tan ambiciosa y única.

Del Villar continúa con los nombres de animales en otras películas como El monasterio de los buitres (1973), sobre desmanes entre sacerdotes; y otras dos películas con Isela, El festín de la loba (1972) y El llanto de la tortuga (1975), que relata un juego de parejas swingers en una espectacular casa de Acapulco, con Jorge Rivero, Hugo Stiglitz y Gregorio Casals mostrando músculo. Del Villar fallece joven en 1978 y su carrera nunca ha sido propiamente revalorada.

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'El llanto de la tortuga', de 1975.

Pero había iniciado una tendencia, y los 70 están llenos de estas películas "fuertes", a las que también le entran los directores veteranos de la época de oro del cine nacional. Abel Salazar dirige Tres mujeres en la hoguera (1975), sobre una historia de Luis Alcoriza, en la que una pareja de swingers encarnada por Rogelio Guerra y Pilar Pellicer se disputan el amor de una joven Maritza Olivares con una atormentada Maricruz Olivier.

En Las vírgenes locas, el director Rogelio A. González (El inocente) hace un Whatever Happened to Baby Jane mexicano con un galán, Enrique Lizalde, asediado por unas perturbadas hermanas solteronas interpretadas a tope por Ofelia Guilmain, Carmen Montejo y Rosario Granados. El gran Roberto Gavaldón le entra al mexican kink con El hombre de los hongos (1975), sobre hongos y sexo en el México colonial con Isela Vega, Fernando Allende y Ofelia Medina. Y después, en 1979, aborda la corrupción de la burguesía mexicana en Cuando tejen las arañas (de ominoso título y guión de Vicente Leñero) en que una ingenua heredera interpretada por Alma Muriel enfrenta el libertinaje sexual y la hipocresía, mientras Carlos Piñar, Jaime Moreno y Angélica Chaín se disputan su alma y, sobre todo, su cuerpo.

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'Las vírgenes locas', de 1972.

Todas estas películas están usualmente respaldadas en guiones de importantes autores mexicanos, y Elena Garro también entra al ruedo con Las puertas del paraíso, una delirante road movie dirigida por Salomón Laiter, que asemeja un viaje ácido en la que Jacqueline Andere huye por México con Jorge Luke y Milton Rodríguez. El trío escapa tanto de un peligroso gánster como de la tortuosa bisexualidad de la pareja de Luke y Milton, que atormenta a Jacqueline. Ganó el Ariel a la Mejor Película en 1971.

Esta influencia fuerte se hace ver en otros filmes de la época, que si bien no giran en torno exclusivamente a relaciones sexuales tortuosas, denotan la nueva liberación, como es el caso de La choca del Indio Fernéndez, o la exótica y única Ángeles y querubines de Rafael Corkidi. Asimismo también tenemos películas como El castillo de la pureza, de Arturo Ripstein, o La pasión Según Berenice, de Jaime Humberto Hermosillo, esfuerzos más sobrios de cineastas cuya obra ya ha sido analizada exhaustivamente en México.

Vale la pena ver todas estas películas. Me parece que a pesar de algunas deficiencias, Las pirañas, La primavera de los escorpiones, Los perros de Dios y Las puertas del paraíso son de las mejores películas mexicanas de los 70, y en cuanto a las demás la mayoría son interesantes y están bien contadas y, sobre todo, bien actuadas. Además de que nos dan una ventana única a cómo se vivió en nuestro país en esa década de profundos cambios en todos los sentidos que fueron los años 70.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.