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29/06/2018 3:15 PM CDT | Actualizado 29/06/2018 8:58 PM CDT

Luis Rey para presidente

Instagram: luismiguellaserie
Luis Rey es un villano para este momento.

Probablemente desde los tiempos de la legendaria villana Catalina Creel de la telenovela Cuna de Lobos, no había un villano que hubiera capturado la imaginación del público mexicano como es el caso de Luis Rey. Más fascinante aún porque a diferencia de la señora del parche, Luis Rey fue un hombre de carne y hueso, que existió, y cuyas intrigas y maldades (de acuerdo a la serie de Netflix) sí ocurrieron en aquel mítico México de los 80 y los 90.

Por aquellas épocas incluso había gente que en broma proponía a Catalina Creel para presidenta. Quizá sería la brutal pero eficiente forma que tenía la viuda Creel para resolver sus problemas. No nos sorprendamos de que empiece ahora una campaña de "Luis Rey para presidente"

Y es que la realidad es que el siniestro padre de Luis Miguel es tan (o más) protagonista de la serie, que el propio cantante. ¿Qué es un héroe sin un villano? Desde el primer capítulo el actor Óscar Jaenada ha fascinado con su astucia, su cinismo y su deseo incontenible y obsesivo de hacer a su hijo triunfar. Y luego de (¿comprensiblemente?) tratar de cobrar ese triunfo a perpetuidad.

Un villano, por lo menos en la televisión, siempre se presta más al lucimiento actoral que el protagonista al que le suceden las maldades

Si bien Luis Miguel es el héroe melancólico y torturado de la historia, lo es todo el tiempo frente a la figura casi demoniaca del padre. En este sentido, Luis Miguel la serie es fascinante por el planteamiento que hace a 9 capítulos: sí, Luis Rey es un monstruo, pero es un monstruo sin el que Luis Miguel, el Sol, probablemente no hubiera existido o no hubiera existido como lo conocemos ahora.

Intriga saber si hacia el final de la serie el protagonista se plantearía si hubiera preferido que su padre no hubiera existido y haber podido vivir de otra manera.

¿Por qué fascina Luis Rey? Los villanos siempre son cautivadores, y un villano, por lo menos en la televisión, siempre se presta más al lucimiento actoral que el protagonista al que le suceden las maldades. En las telenovelas, los villanos seducen porque son más inteligentes y hábiles que los sufridos y sufridas protagonistas. Al final están dispuestos a todos por conseguir el dinero, el amor, el éxito, son psicópatas. Su conducta divierte porque al final quizá cumplen deseos oscuros de nosotros como audiencias, son poderosos y no los limita la moral ni la ética ni nada. Divierten, pero también nos reaseguran cuando son derrotados que es mejor no ser tan ojetes. Los villanos son usualmente castigados con muerte, cárcel, enfermedad, locura, pobreza o todas las anteriores.

Esto tampoco es nada nuevo, los monstruos humanos siempre han fascinados, allí tenemos lo estragos causados por Macbeth y Ricardo III como los retrató Shakespeare, y los caprichos, adulterios y asesinatos de los dioses griegos, entre muchos otros ejemplos literarios. Y sí, aquí la figura de Luis Rey es shakespeareana, un hombre de apetitos desatados como Ricardo III, de ambición ilimitada como Macbeth, cegado ante su inminente caída.

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Es irónico y trágico que al final Luis Rey tenga tanto protagonismo como Luis Miguel.

En este caso nos encontramos con un hombre que actuó así en la vida real: explotó el talento de su hijo vorazmente, ofreció a su esposa como mercancía para avanzar la carrera de ese niño, robó y engañó a diestra y siniestra, drogó a su hijo para que aguantara el ritmo y el trajín de cantar... Era un hombre obsesionado por su hijo y por su carrera, como se lo dice en algún momento el personaje de Andrés García en la serie. Y los hombres y las mujeres obsesionados siempre son interesantes, porque pueden convertirse en monstruos.

Una parte morbosa de nosotros como audiencia se conecta con eso y estamos como hipnotizados pensando: ¿Hasta dónde llegará? ¿Qué más es capaz de hacer? Una parte más morbosa aún se pregunta, si esto es lo qué se pudo contar en la serie ¿qué será todo lo que no se puede ver?

De alguna forma Luis Miguel sigue viviendo la vida de gran ídolo que su padre creó para él.

Luis Rey es un villano para este momento. Si bien sus horrores ocurrieron en los 90, es una historia demasiado perturbadora para esas décadas de inocencia de Siempre en Domingo, la revista ERES y la visión idealizada de los artistas que veíamos en Alcanzar una Estrella. Era la época del vivimos felices para siempre y en que se soñaba que la democracia inalcanzada era la respuesta a todos los problemas de México.

Pero en estas épocas en que ya el horror y la corrupción son cosas de todos los días, Luis Rey parece atemporal y hasta visionario, porque en su momento supo jugar con las reglas del sistema y utilizarlas a su favor para crear al Sol. Es el México (aunque Luis Rey no fuera mexicano) que siempre ha estado allí tras bambalinas, un México esperpéntico y grotesco, corrupto y sin límites. La serie nos muestra el papel siniestro de Durazo en la carrera del ídolo, ¿pero nos lleva a preguntarnos cuántos más como él? ¿y cuántos más que sabían lo que pasaba y se hicieron de la vista gorda?

No nos sorprendamos entonces de volver a oír de pronto por las calles "Luis Rey para presidente".

Más allá de escepticismos e ironías de por qué se produjo, la serie parece ser un exorcismo para el cantante, una confesión, una denuncia. Y es irónico y trágico que al final Luis Rey tenga tanto protagonismo como Luis Miguel. Luis Rey lo creó y de alguna forma Luis Miguel sigue viviendo la vida de gran ídolo que su padre creó para él.

* Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.