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08/12/2017 8:00 AM CST | Actualizado 08/12/2017 11:15 AM CST

'120 latidos por minuto' y la épica batalla contra el SIDA

FB: 120bpmFilm

Seas gay, heterosexual, hombre mujer, adolescente, adulto, corre y ve a ver 120 latidos por minuto, la película francesa que retrata la lucha épica que llevaron a cabo activistas franceses a principios de los 90 para presionar a los laboratorios y al gobierno francés para generar más conciencia, mejores tratamientos y medicinas más efectivas para tratar lo que fue en esa época vivida como una "plaga" por la comunidad homosexual: la explosión letal del virus VIH y del SIDA.

120 latidos por minuto, dirigida por Robin Campillo, ganó el Premio del Jurado Cannes, que es algo así como el segundo lugar, aunque merecía la Palma de Oro y es la película que Francia eligió para ingresar en la competencia de Mejor Película Extranjera para los Oscares. Se estrenó la semana pasada y todavía quedará en algunos cines a partir de este viernes.

Eran tiempos oscuros... Ha habido tantos cambios desde los 80 y los 90 que para gente que no los vivió quizá sea difícil imaginar el terror que invadía a todos los segmentos de la sociedad cuando se hablaba del SIDA. Un diagnóstico de VIH era no solo una sentencia de muerte, sino algo peor aún, era un estigma que se asociaba con el "pecado" de ser homosexual (principalmente), promiscuo, drogadicto. Muchos sectores de la sociedad y la política lo veían como un merecido castigo de Dios; hasta la fecha por ejemplo, la imagen de Ronald Reagan está manchada por su inactividad ante la gravedad de la epidemia.

Los personajes no se resignan a su destino, sino que pelean contra la sociedad, se exponen, gritan, se enojan y luchan.

Así que aparte de enfrentar una muerte segura en condiciones espantosas había que enfrentar la condena social y el odio. Es en este mundo en donde nos aterriza 120 latidos por minuto. La película sigue a la filial francesa del grupo activista ACT UP, que aplicaba tácticas de choque para crear conciencia en la sociedad. Esta es una película sobre el activismo, sobre la lucha por hacer que se oiga una voz y por combatir prejuicios e injusticia ante barreras aparentemente infranqueables, y que el director Campillo basa en sus experiencias como participante del grupo en aquellos tiempos.

La película se centra especialmente en Sean, un chico intenso, festivo y enojado en una etapa avanzada de la enfermedad, y en Nathan, un joven negativo que se une al grupo, por razones que se revelarán posteriormente. Junto con un variado grupo de diferentes etnicidades y sexos, incluyendo a una madre y su hijo, que fue infectado por sangre contaminada. Las tácticas de ACT UP incluyen invadir los laboratorios farmacéuticos, aventar sangre falsa a figuras públicas e irrumpir en escuelas para repartir condones. Asimismo el filme retrata las tensiones que se dan en un grupo de este tipo sobre cómo se debe protestar y cuándo una protesta puede llegar demasiado lejos y ser contraproducente. La pregunta queda en el aire, como ocurre en la realidad.

Contrario a lo que se pensaría la película no es deprimente, es inspiradora. Los personajes no se resignan a su destino, sino que pelean contra la sociedad, se exponen, gritan, se enojan y luchan. Obvio es triste, la muerte siempre está presente, pero aquí literalmente vemos en acción el tema de disfrutar más intensamente la vida cuando se cierne la guadaña sobre ella.

Se puede apreciar lo sublime de una escena amorosa, al mismo tiempo que algunas imágenes muestran de forma poética y ominosa cómo se infectan las células en el cuerpo por el virus.

Esta sensación de vitalidad que tiene 120 latidos es conseguida por el director vía una sensualidad visual y auditiva que la eleva sobre ser un tratado realista y panfletario de un tema, y por sensual me refiero a sensorial. Así se puede apreciar lo sublime de una escena amorosa, al mismo tiempo que algunas imágenes muestran de forma poética y ominosa cómo se infectan las células en el cuerpo por el virus. De allí pasamos a los momentos hedonistas que viven los personajes en el sexo y las discos mientras bailan y se divierten, de espíritu festivo y celebratorio.

La película de Campillo obviamente no es la primera en tratar el tema, y comparte muchas similitudes con la obra teatral que en su momento fue el grito de batalla contra el SIDA, The Normal Heart, de Larry Kramer, estrenada en la cima de la crisis en 1985, y que recientemente fue adaptada por HBO como una película para la televisión. La obra de Kramer es aún más dura e incendiaria que la película de Campillo y es indispensable. Asimismo, también de HBO, la obra maestra del fallecido Mike Nichols, Angels in America, basada en la obra teatral de Tony Kushner.

Y por supuesto, la película que fue el parteaguas en su momento y que literalmente cambió percepciones alrededor del mundo fue Philadelphia (1993) en que Tom Hanks tomó el gran riesgo de interpretar a un gay con SIDA. Ahora parece normal. En esa época de prejuicios e ignorancia, pudiera haber acabado con su carrera, pero la Academia reaccionó, y contribuyó al premiarlo como Mejor actor con un grano de arena a cambiar la percepción de la enfermedad en el mundo, cuyo rostro había sido por años la imagen emaciada del lamentado Rock Hudson, cuando cayó víctima de la enfermedad.

Vale la pena ver 120 latidos por minuto, para recordar y honrar a la gente que luchó para el momento de mayor apertura que vivimos ahora en Occidente (en África, el Medio Oriente y Asia la situación sigue siendo muy distinta). Al ver estas películas hay que hincarse ante el valor de estos verdaderos santos modernos, quienes como el San Sebastián arrasado por las flechas, peleaban heridos porque ellos no se compraron la historia de que eran anormales, pecadores y víctimas merecidas de una enfermedad que era vista por sectores de la sociedad como un castigo divino por la "inmoralidad". Ellos pelearon porque sabían que tenían derecho a una vida digna como cualquier otro, lucharon para que otros sobrevivieran y para demostrar que la plaga mayor es el prejuicio y el odio. 120 latidos por minuto es un tributo a estos héroes, que merecen un lugar permanente en nuestra memoria.

*Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.