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13/10/2018 10:11 AM CDT | Actualizado 13/10/2018 11:13 AM CDT

Si queremos salvar el planeta tenemos que confiar en la energía nuclear

VCG via Getty Images
Un nuevo reactor nuclear que se está construyendo en Fangcheng, China.

Esta semana tuvimos buenas y malas noticias de los expertos mundiales en cambio climático. Las buenas noticias: nos pueden decir con lujo de detalle por qué el mundo debe realmente -realmente- intentar no sobrepasar el incremento de temperatura en 1.5 grados centígrados. Las malas noticias: los 132 autores del reporte de 700 páginas ofrecen muchas ideas, pero no un cómo lograr esto. Como el co-director del Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC) dijo: "Una cosa que el reporte nunca aspiró a responder fue si se podía lograr".

El Acuerdo de París de 2015 estableció una meta global de mantenernos dos grados centígrados debajo del calentamiento global. Sin embargo, la combinación de metas de cada país no hará posible que la meta se logre, además de que ningún país está en el rumbo de cumplir sus objetivos. La meta de 1.5 grados es aún más ambiciosa y alejada de la realidad con los sistemas energéticos del mundo actual.

En la primera parte del siglo XXI, la fuente de energía de mayor crecimiento era el carbón. Y el uso de energía está creciendo rápidamente porque los países pobres quieren ser más ricos ―y tienen todo el derecho. Las metas y la realidad no están convergiendo.

Tanto Suecia como Francia han impulsado economías en crecimiento durante décadas con energía nuclear barata.

Los principales escenarios de mitigación en el nuevo informe del IPCC dependen en gran medida de la energía eólica y solar. Estas son partes importantes de una solución, pero son cada vez más difíciles de implementar, ya que constituyen más de la red eléctrica. Esto se debe a que los resultados de la energía eólica y solar varían, entre el día y la noche, entre el invierno y el verano, y con frecuencia de forma impredecible.

Las tecnologías que se necesitan desesperadamente para almacenar de manera asequible tales energías renovables aún se están desarrollando. Además, las energías renovables son difusas, ya que utilizan grandes cantidades de tierra, acero y concreto por unidad de electricidad generada, lo que dificulta su expansión a la escala y el ritmo que exige el cronograma del IPCC.

Otros pasos también nos pueden mover en la dirección correcta sin acercarnos a la meta. Podemos dejar de comer carne y comenzar a usar más el transporte público. Los aires acondicionados pueden ser más eficientes. Los agricultores pueden cambiar las prácticas de fertilizantes. Pero todos estos elementos juntos no son suficientes, y el tiempo se está acabando.

electricitymap.org
Este mapa muestra las naciones de Europa clasificadas por la intensidad de la contaminación de carbono por su consumo de electricidad. El verde oscuro representa la intensidad de carbono más baja, el café oscuro es el más alto.

Propongo una idea diferente: echemos un vistazo a los países o regiones que han logrado reducir las emisiones de carbono. Para el importante sector de la electricidad, el sitio web electricitymap.org muestra cuántos gramos de contaminación de carbono crea una región por cada kilovatio-hora de electricidad que genera. Para el mundo, el promedio ahora es de 500. Para evitar un desastre, debe caer por debajo de 50 en un par de décadas.

En este esfuerzo, el mundo se puede dividir en tres niveles generales: lugares que utilizan principalmente carbón, incluidos Polonia, India, China y Australia (producen alrededor de 700 a 800 gramos de CO2/kWh); lugares que en su mayoría han reemplazado el carbón con gas natural y algunas fuentes renovables, como Estados Unidos y Alemania (alrededor de 500 gramos; California ha alcanzado los 200-300 gramos con gran esfuerzo); y lugares que milagrosamente han descarbonizado sus redes a menos de 50 gramos.

Es verdad, algunos lugares han logrado llegar a su meta.

Solo dos métodos de generación de electricidad explican esto. Algunos países como Noruega y Uruguay tienen la suerte de tener una gran capacidad hidroeléctrica. La mayoría de las naciones no la tienen, además de que la construcción de plantas hidroeléctricas tiene un costo enorme para los ecosistemas.

Las otras redes eléctricas libres de carbono se pueden encontrar en lugares que dependen de la energía nuclear, como Francia, Suecia y Ontario, Canadá. La energía nuclear está libre de contaminación por carbono; tiene una alta concentración, lo que minimiza los impactos ambientales como los de la minería y los residuos; y funciona 24/7 sin necesidad de baterías. Lo más importante es que puede ampliarse rápidamente, exactamente lo que se necesita para que los objetivos del IPCC salgan de las tierras de la fantasía. Con base en el análisis de las experiencias de muchos países, lo que podría tardar un siglo en hacer con las energías renovables se podría hacer solo en 20 años con la energía nuclear.

¿No es lo nuclear demasiado peligroso, demasiado caro, demasiado espeluznante? Bueno, no. Es miles de veces más seguro que el carbón, que mata a cientos de miles de personas cada año. En realidad, la energía nuclear es la forma más segura de energía jamás utilizada, en términos de muertes por unidad de energía.

La energía nuclear también genera mucho menos desperdicio que otras fuentes de energía, incluidas las energías renovables. El combustible utilizado para generar energía durante la vida de un estadounidense promedio a través de energía nuclear cabría en una lata de refresco. Algún día lo enterraremos, pero por ahora los desechos se pueden dejar a salvo en barriles especiales, certificados por cien años, mientras atendemos asuntos más importantes como salvar el planeta.

Lo que podría tomar un siglo para lograr con energías renovables se puede hacer en solo 20 años con energía nuclear.

Pero ¿que no la energía nuclear contribuye a la proliferación de armas nucleares? No. Los programas de armas no dependen de la energía nuclear civil, que operan bajo estrictas normas internacionales. Los países más problemáticos con armas nucleares, como Corea del Norte, ni siquiera tienen energía nuclear civil. De hecho, la electricidad nuclear ha permitido el desarme, ya que casi 10% de la electricidad de los Estados Unidos en las últimas dos décadas provino de las ojivas desmanteladas de Rusia.

La energía nuclear tampoco tiene por qué ser demasiado cara. Las plantas nucleares que hay en los Estados Unidos generan una quinta parte de la electricidad del país y producen energía menos costosa que el carbón o el gas. En Corea del Sur, la electricidad de la energía nuclear cuesta menos de 4 centavos/kWh, más barata que la de cualquier otra fuente.

La clave para replicar los bajos costos de Corea del Sur es concentrarse en la construcción repetida de un diseño estandarizado, que reduce los costos a 2 mil millones de dólares por gigavatio. Eso es aproximadamente el doble del costo de una planta de energía de gas natural en EU, la mitad de una planta de carbón de Estados Unidos y menos de la mitad de las instalaciones de energía eólica y solar con una producción equivalente.

La energía nuclear tampoco tiene por qué ser demasiado cara.

El problema en América del Norte y Europa es que las plantas nucleares viejas cuestan mucho menos que las nuevas, aunque hoy tengamos mejores tecnologías. Los últimos intentos de EU de expandir su energía nuclear aumentaron a 12 mil millones de dólares por gigavatio. Pero a diferencia de Corea del Sur, Estados Unidos ha pasado décadas sin poner nada de esto en práctica.

Tanto Suecia como Francia han impulsado economías en crecimiento durante décadas con energía nuclear barata. Ambos hicieron la transición de la electricidad fósil en menos de 20 años. No hay razón para que el mundo no pueda hacer lo mismo ahora.

El IPCC nos ha dicho con qué urgencia el mundo necesita dejar de producir carbono para evitar una catástrofe climática. Necesitamos un plan realista. Incluirá enormes incrementos en la energía renovable, mayor eficiencia energética y cambios en la agricultura. También debe incluir la construcción de 100 a 200 nuevos reactores nucleares en todo el mundo cada año durante las próximas décadas. En lugar de simplemente tomar los pasos en la dirección correcta que no servirán al final, el mundo necesita avanzar por este camino comprobado y viable para salvar nuestro planeta.

Joshua S. Goldstein, profesor de relaciones internacionales, y Staffan A. Qvist, ingeniero de energía limpia, son los autores del próximo libro Un futuro brillante: Cómo algunos países han resuelto el cambio climático y los demás pueden seguirlos.

Este texto fue publicado originalmente en 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido y editado.

Este contenido representa la opinión del autor y no necesariamente la de HuffPost México.